Pasamos de las procelosas aguas azules del océano pacifico a las "tranquilas" colinas verde esmeralda de la pintoresca aldea de Glennkill en Irlanda. Y nuestras protagonistas son ni más ni menos que un rebaño de ovejas que se enfrascan en la tarea de encontrar al asesino de su pastor. Cada una de el
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Pasamos de las procelosas aguas azules del océano pacifico a las "tranquilas" colinas verde esmeralda de la pintoresca aldea de Glennkill en Irlanda. Y nuestras protagonistas son ni más ni menos que un rebaño de ovejas que se enfrascan en la tarea de encontrar al asesino de su pastor. Cada una de ellas con un personal temperamento que las individualiza y nos permite dudar sobre todo aquello que los humanos damos por sentado en nuestra realidad cotidiana.Es un ejercicio complicado percibir la realidad a través de la mente soñolienta de una oveja. Lo que nos cuenta está trufado de ironía (su concepto de Dios por ejemplo).
Los humanos somos seres inexplicables, a veces temibles (el carnicero) y que exhiben sus debilidades en sus olores.
Nos damos cuenta de que las realidades inconexas que las ovejas nos relatan y que a veces son para nosotros tan crípticas como lo son para ellas mismas, van encajando en un rompecabezas al que sin embargo aún no vemos sentido.
Nuestras ovejas van poco a poco desplegando su particular carácter, individualizádose y demostrándonos que tienen cada una su propia historia.Poco a poco se va desvelando la ajetreada historia de Othello, algo así como el hombre elefante en oveja. Y hay que decir que nos provoca una intensa ternura. Sus recuerdos le hacen reflexivo y su conversación muy Paulo Coelho con la corneja y el gran macho gris y el mantra "piensa en la baba del caracol en la hierba" conforman un pasaje impactante.
Entra en escena Gabriel, el pastor adorado ingenuamente por las ovejas, con su rebaño de ovejas "distintas". La autora es capaz de separar perfectamente la subjetividad con la que las ovejas lo describen de la percepción de que hay en él algo turbio.
Es también fascinante la utilización descriptiva que realiza de los olores que las ovejas perciben, como un elemento psicológico más en los retratos de los personajes. Así Beth tiene un olor "acre y dulzón, a hambre atrasado, a muerte temprana". Sin la descripción de los aromas estamos tan ciegos como las ovejas para percibir los pensamientos de los personajes humanos.
En otros momentos vivimos situaciones hilarantes como la imagen de las tres cabezas de oveja tras los geranios mirando a través de una ventana. Es curioso como estos rumiantes, con su mutismo y su sobriedad tienen un fuerte componente cómico, ya descubierto por F´Murr en su serie de comics Le Génie des Alpages.
Esas veces en que nos sentimos sólos. Sea porque estamos en una ciudad extraña, porque nuestra vida ha dado un vuelco y hemos abandonado nuestras amables costumbres o porque hemos perdido a alguien a quien queríamos.
Esa sensación de soledad, de no estar en el sitio adecuado, de que la vida poco a
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Esas veces en que nos sentimos sólos. Sea porque estamos en una ciudad extraña, porque nuestra vida ha dado un vuelco y hemos abandonado nuestras amables costumbres o porque hemos perdido a alguien a quien queríamos.
Esa sensación de soledad, de no estar en el sitio adecuado, de que la vida poco a poco nos va llevando lejos del lugar al que queremos ir, es el corazón de este libro.
Por sus páginas deambulan personajes entrañables pero que rozan lo marginal. Cuando se encuentran y conviven se complementan de una manera difícil de prever.
Y de repente la vida comienza a tener sentido y el puzzle se va armando. Y sale lo mejor de cada cual. Como en una fábula, todo el mundo tiene derecho a ser feliz.
Que bonitos son los libros con un final optimista. Para variar.
Cuando sea mayor quiero ser como Saramago. Bueno, lo de ser premio Nobel lo veo dificil, pero sí me gustaría tener ese fino sentido del humor, un tanto amargo pero que cala en la condición humana, que atrapa su esencia y es capaz de plasmarla con ternura y comprensión.
Cuando sea mayor quiero ser como Saramago. Bueno, lo de ser premio Nobel lo veo dificil, pero sí me gustaría tener ese fino sentido del humor, un tanto amargo pero que cala en la condición humana, que atrapa su esencia y es capaz de plasmarla con ternura y comprensión.
La novela acompaña al elefante Salomón/Soliman en su peregrinación desde Portugal a Viena como regalo del rey portugués Juan III al archiduque Maximiliano de Austria. Y es un viaje un tanto iniciático porque todo cambia según pasan paisajes y gentes.
El elefante produce milagros y confusiones, obliga a planear protocolos absurdos pero avanza con paso firme, kilómetro a kilómetro por esa Europa del siglo XVI que curiosamente tampoco es tan distinta a la que estamos viviendo en estos dias de convulsión económica.
La autora demuestra un conocimiento minucioso del Protectorado español de Marruecos durante el final de la guerra española, sus locales de moda, sus calles y plazas y nos hace pasear por ellos y después por el Madrid de posguerra con una prosa elegante y diibujando una historia, mezcla de novela de
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La autora demuestra un conocimiento minucioso del Protectorado español de Marruecos durante el final de la guerra española, sus locales de moda, sus calles y plazas y nos hace pasear por ellos y después por el Madrid de posguerra con una prosa elegante y diibujando una historia, mezcla de novela de espionaje y de novela histórica de argumento político.
Pero con el añadido de que nos pasea por los salones de los grandes hoteles de la época y nos describe los modelos entonces de moda entre tafetanes, sedas y organzas.
Y todo ello en una novela que literalmente se devora porque tiene el ritmo apropiado.
Perdonamos por tanto una cierta ingenuidad en el diseño de los personales, entre los que la autora entrevera con habilidad, personales reales de la época y todo en favor de ese ambiente costumbrista que abandona el color sepia para recuperar en este libro todo su colorido.
Aquí estamos, accidentalmente embarcados en una goleta rumbo a Japón para la caza de focas. Nuestro protagonista, un frágil rentista de San Francisco, se encuentra involuntariamente en un mundo salvaje y donde la única regla valida es la fuerza bruta. Y aquí esta el mezquino cocinero Mugridge, los c
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Aquí estamos, accidentalmente embarcados en una goleta rumbo a Japón para la caza de focas. Nuestro protagonista, un frágil rentista de San Francisco, se encuentra involuntariamente en un mundo salvaje y donde la única regla valida es la fuerza bruta. Y aquí esta el mezquino cocinero Mugridge, los cazadores, los marineros y la naturaleza desatada. Y sobre todos ellos, la figura del capitán, Lobo Larsen, un hombre despiadado pero al mismo tiempo indudablemente atractivo.Poco a poco asistimos al cambio de carácter de nuestro protagonista. La brutalidad del entorno le obliga a reaccionar (su imagen gruñendo como una rata atrapada en una trampa deja poco margen a la imaginación) y asciende lentamente en el escalafón de la dominación del barco después de un duro enfrentamiento con el cocinero a la manera de los perros, guñendo y enseñando los dientes. La moraleja hace pensar que somos afortunados en que la sociedad actual nos permita ser educados. En plena cacería de focas el océano despliega todo su poder. El capitán Larson se yergue también como un gigante, poderoso y amoral. Sus juegos con la vida humana nos hacen reprimir la respiración y los episodios de violencia quedan en nuestra memoria como fotogramas. Y en estas estamos cuando entra en escena una mujer, tan ajena al escenario y presentimos problemas. ¿no decían entonces que una mujer en alta mar trae mala suerte? En esta última parte del libro he de confesar me hubiera gustado saber más de navegación. Sólo así habría podido disfrutar plenamente de las maniobras del Fantasma en plena tormenta, de su huida hacia la niebla perseguido por el Macedonia. Palabras como petifoque, candalizas, arrugadura, motones, garruchas, trasluchar o escálamos me han obligado a recurrir al diccionario una y otra vez. Esta claro que Jack London escribe desde la experiencia.
Y después, la huida. En un bote en mitad del mar de Japón, compartimos con los protagonistas la angustia, el frío y el azote de las olas. Una isla perdida, solitaria, el ruido de pájaros y focas y la necesidad de partir de cero olvidando las rutinas de la civilización para sobrevivir.
Las ovejas de Glennkill
Pasamos de las procelosas aguas azules del océano pacifico a las "tranquilas" colinas verde esmeralda de la pintoresca aldea de Glennkill en Irlanda. Y nuestras protagonistas son ni más ni menos que un rebaño de ovejas que se enfrascan en la tarea de encontrar al asesino de su pastor. Cada una de el ... (continue)
Pasamos de las procelosas aguas azules del océano pacifico a las "tranquilas" colinas verde esmeralda de la pintoresca aldea de Glennkill en Irlanda. Y nuestras protagonistas son ni más ni menos que un rebaño de ovejas que se enfrascan en la tarea de encontrar al asesino de su pastor. Cada una de ellas con un personal temperamento que las individualiza y nos permite dudar sobre todo aquello que los humanos damos por sentado en nuestra realidad cotidiana.Es un ejercicio complicado percibir la realidad a través de la mente soñolienta de una oveja. Lo que nos cuenta está trufado de ironía (su concepto de Dios por ejemplo).
Los humanos somos seres inexplicables, a veces temibles (el carnicero) y que exhiben sus debilidades en sus olores.
Nos damos cuenta de que las realidades inconexas que las ovejas nos relatan y que a veces son para nosotros tan crípticas como lo son para ellas mismas, van encajando en un rompecabezas al que sin embargo aún no vemos sentido.
Nuestras ovejas van poco a poco desplegando su particular carácter, individualizádose y demostrándonos que tienen cada una su propia historia.Poco a poco se va desvelando la ajetreada historia de Othello, algo así como el hombre elefante en oveja. Y hay que decir que nos provoca una intensa ternura. Sus recuerdos le hacen reflexivo y su conversación muy Paulo Coelho con la corneja y el gran macho gris y el mantra "piensa en la baba del caracol en la hierba" conforman un pasaje impactante.
Entra en escena Gabriel, el pastor adorado ingenuamente por las ovejas, con su rebaño de ovejas "distintas". La autora es capaz de separar perfectamente la subjetividad con la que las ovejas lo describen de la percepción de que hay en él algo turbio.
Es también fascinante la utilización descriptiva que realiza de los olores que las ovejas perciben, como un elemento psicológico más en los retratos de los personajes. Así Beth tiene un olor "acre y dulzón, a hambre atrasado, a muerte temprana". Sin la descripción de los aromas estamos tan ciegos como las ovejas para percibir los pensamientos de los personajes humanos.
En otros momentos vivimos situaciones hilarantes como la imagen de las tres cabezas de oveja tras los geranios mirando a través de una ventana. Es curioso como estos rumiantes, con su mutismo y su sobriedad tienen un fuerte componente cómico, ya descubierto por F´Murr en su serie de comics Le Génie des Alpages.
Juntos, nada más
Esas veces en que nos sentimos sólos. Sea porque estamos en una ciudad extraña, porque nuestra vida ha dado un vuelco y hemos abandonado nuestras amables costumbres o porque hemos perdido a alguien a quien queríamos.
Esa sensación de soledad, de no estar en el sitio adecuado, de que la vida poco a ... (continue)
Esas veces en que nos sentimos sólos. Sea porque estamos en una ciudad extraña, porque nuestra vida ha dado un vuelco y hemos abandonado nuestras amables costumbres o porque hemos perdido a alguien a quien queríamos.
Esa sensación de soledad, de no estar en el sitio adecuado, de que la vida poco a poco nos va llevando lejos del lugar al que queremos ir, es el corazón de este libro.
Por sus páginas deambulan personajes entrañables pero que rozan lo marginal. Cuando se encuentran y conviven se complementan de una manera difícil de prever.
Y de repente la vida comienza a tener sentido y el puzzle se va armando. Y sale lo mejor de cada cual. Como en una fábula, todo el mundo tiene derecho a ser feliz.
Que bonitos son los libros con un final optimista. Para variar.
El viaje del elefante
Cuando sea mayor quiero ser como Saramago. Bueno, lo de ser premio Nobel lo veo dificil, pero sí me gustaría tener ese fino sentido del humor, un tanto amargo pero que cala en la condición humana, que atrapa su esencia y es capaz de plasmarla con ternura y comprensión.
La novela acompaña al elefan ... (continue)
Cuando sea mayor quiero ser como Saramago. Bueno, lo de ser premio Nobel lo veo dificil, pero sí me gustaría tener ese fino sentido del humor, un tanto amargo pero que cala en la condición humana, que atrapa su esencia y es capaz de plasmarla con ternura y comprensión.
La novela acompaña al elefante Salomón/Soliman en su peregrinación desde Portugal a Viena como regalo del rey portugués Juan III al archiduque Maximiliano de Austria. Y es un viaje un tanto iniciático porque todo cambia según pasan paisajes y gentes.
El elefante produce milagros y confusiones, obliga a planear protocolos absurdos pero avanza con paso firme, kilómetro a kilómetro por esa Europa del siglo XVI que curiosamente tampoco es tan distinta a la que estamos viviendo en estos dias de convulsión económica.
El tiempo entre costuras
La autora demuestra un conocimiento minucioso del Protectorado español de Marruecos durante el final de la guerra española, sus locales de moda, sus calles y plazas y nos hace pasear por ellos y después por el Madrid de posguerra con una prosa elegante y diibujando una historia, mezcla de novela de ... (continue)
La autora demuestra un conocimiento minucioso del Protectorado español de Marruecos durante el final de la guerra española, sus locales de moda, sus calles y plazas y nos hace pasear por ellos y después por el Madrid de posguerra con una prosa elegante y diibujando una historia, mezcla de novela de espionaje y de novela histórica de argumento político.
Pero con el añadido de que nos pasea por los salones de los grandes hoteles de la época y nos describe los modelos entonces de moda entre tafetanes, sedas y organzas.
Y todo ello en una novela que literalmente se devora porque tiene el ritmo apropiado.
Perdonamos por tanto una cierta ingenuidad en el diseño de los personales, entre los que la autora entrevera con habilidad, personales reales de la época y todo en favor de ese ambiente costumbrista que abandona el color sepia para recuperar en este libro todo su colorido.
El lobo de mar
Aquí estamos, accidentalmente embarcados en una goleta rumbo a Japón para la caza de focas. Nuestro protagonista, un frágil rentista de San Francisco, se encuentra involuntariamente en un mundo salvaje y donde la única regla valida es la fuerza bruta. Y aquí esta el mezquino cocinero Mugridge, los c ... (continue)
Aquí estamos, accidentalmente embarcados en una goleta rumbo a Japón para la caza de focas. Nuestro protagonista, un frágil rentista de San Francisco, se encuentra involuntariamente en un mundo salvaje y donde la única regla valida es la fuerza bruta. Y aquí esta el mezquino cocinero Mugridge, los cazadores, los marineros y la naturaleza desatada. Y sobre todos ellos, la figura del capitán, Lobo Larsen, un hombre despiadado pero al mismo tiempo indudablemente atractivo.Poco a poco asistimos al cambio de carácter de nuestro protagonista. La brutalidad del entorno le obliga a reaccionar (su imagen gruñendo como una rata atrapada en una trampa deja poco margen a la imaginación) y asciende lentamente en el escalafón de la dominación del barco después de un duro enfrentamiento con el cocinero a la manera de los perros, guñendo y enseñando los dientes. La moraleja hace pensar que somos afortunados en que la sociedad actual nos permita ser educados. En plena cacería de focas el océano despliega todo su poder. El capitán Larson se yergue también como un gigante, poderoso y amoral. Sus juegos con la vida humana nos hacen reprimir la respiración y los episodios de violencia quedan en nuestra memoria como fotogramas. Y en estas estamos cuando entra en escena una mujer, tan ajena al escenario y presentimos problemas. ¿no decían entonces que una mujer en alta mar trae mala suerte? En esta última parte del libro he de confesar me hubiera gustado saber más de navegación. Sólo así habría podido disfrutar plenamente de las maniobras del Fantasma en plena tormenta, de su huida hacia la niebla perseguido por el Macedonia. Palabras como petifoque, candalizas, arrugadura, motones, garruchas, trasluchar o escálamos me han obligado a recurrir al diccionario una y otra vez. Esta claro que Jack London escribe desde la experiencia.
Y después, la huida. En un bote en mitad del mar de Japón, compartimos con los protagonistas la angustia, el frío y el azote de las olas. Una isla perdida, solitaria, el ruido de pájaros y focas y la necesidad de partir de cero olvidando las rutinas de la civilización para sobrevivir.