Cirkus Columbia

Di

Editore: Zandonai

3.9
(60)

Lingua: Italiano | Numero di pagine: 128 | Formato: Paperback | In altre lingue: (altre lingue) Spagnolo

Isbn-10: 8895538196 | Isbn-13: 9788895538198 | Data di pubblicazione:  | Edizione 1

Traduttore: Silvio Ferrari

Disponibile anche come: eBook

Genere: Narrativa & Letteratura

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Descrizione del libro
Un lunatico e rancoroso emigrante fa ritorno al luogo natio, una cittadina dell'Erzegovina, dove smarrisce subito il gatto nero a cui è morbosamente legato. L'intera cittadinanza, allettata dalla promessa di una lauta ricompensa, è coinvolta nella folle ricerca del felino, emanazione infernale di bulgakoviana memoria, attorno alla quale si scatena una ridda di episodi esilaranti e tragici al tempo stesso. Ma a sovvertire il precario equilibrio della piccola comunità, già dilaniata da acredini e invidie intestine, non concorrono soltanto il gatto Bonny e i venti di una guerra fratricida, con le sue esecuzioni sommarie, le deportazioni, le fughe precipitose, i vaneggiamenti nazionalistici e il venire alla ribalta di nuova generazione di "patrioti". Sarà un innocuo, disperato trastullo - una giostra che gira senza interruzione sulla piazza - a segnare l'irruzione dell'assurdo, ovvero la clamorosa assenza di significato della Storia, nel suo stesso ripetersi all'infinito. Epopea grottesca e satira corrosiva della "rinascita croata" degli anni novanta, questo racconto a più voci esprime tutta la potenza simbolica di un estro narrativo che, in accordo con la migliore tradizione letteraria balcanica, preferisce il rovescio del mondo al suo diritto, svelando quanto siano labili i confini di una rassicurante identità privata o collettiva.
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  • 3

    “Parlino gli altri della loro vergogna, io parlo della mia”, scrive Bertolt Brecht in epigrafe a Germania. Ivica Djikić l’ha preso in parola, e con questo Cirkus Columbia racconta di come una piccola, ...continua

    “Parlino gli altri della loro vergogna, io parlo della mia”, scrive Bertolt Brecht in epigrafe a Germania. Ivica Djikić l’ha preso in parola, e con questo Cirkus Columbia racconta di come una piccola, eterogenea comunità dell’Erzegovina (Tomislavgrad, mi dice un’amica che la sa lunga) si spappoli sotto la spinta di odi etnici inconcepibili fino a poco prima. All’interno del gruppo dominante, cattolico (a cui appartiene l’autore) le persone più colte, miti, ragionevoli, finiscono per scappare, per autodistruggersi, o per morire abbandonate da tutti, mentre si scatena un delirio nazionalistico che evidentemente covava, chissà da quanto, sotto le ceneri. La scrittura di Djikić è semplice e onesta, la storia raccontata convincente, i protagonisti (tanti) tutti credibili, ciascuno con le sue ferite e le sue ossessioni.

    (Immagino che un lettore balcanico non abbia difficoltà a dedurre, dal nome dei personaggi, il loro gruppo etnico; ma non è così per il lettore italiano, che quindi certe cose le capisce tardi, o non le capisce: il curatore avrebbe potuto fare lo sforzo di aiutarlo con qualche nota).

    ha scritto il 

  • 3

    http://caminosquenollevananingunsitio.blogspot.com.es/2016/09/cirkus-columbia-ivica-djkic.html

    Una pequeña ciudad de provincias bosnia y sus diferentes voces que acogen, apuntan o destierran a sus ha ...continua

    http://caminosquenollevananingunsitio.blogspot.com.es/2016/09/cirkus-columbia-ivica-djkic.html

    Una pequeña ciudad de provincias bosnia y sus diferentes voces que acogen, apuntan o destierran a sus habitantes, que los señala como amigos o enemigos, que los convierte en solitarios y desposeídos, en desertores o patriotas, una ciudad que se mueve a través de los cantos de los borrachos en la madrugada, de las diatribas patrióticas de las tabernas, de la pérdida de la belleza de las mujeres, de los que emigraron y regresan ricos y quieren presumir del cambio en su suerte, de aquellos que quieren salir porque las voces de la ciudad los acorralan o intimidan o se sienten fuera de su mundo, la pequeña ciudad de provincias que ve acercarse la guerra a principio de los noventa y la toma de posición de cada habitante, la tensión y el asesinato, la crueldad y los gestos solidarios, las ventanas abiertas y un tiovivo que gira sin parar y lleva a un solo pasajero, un hombre que es feliz dando vueltas con los ojos cerrados, una manera de invisibilizar la ciudad, los habitantes, el odio y la locura de la guerra.

    Ivica Djikić mezcla voces y personajes para hablar de una tierra y unos habitantes que ven cómo su rutina se despedaza con el inicio de la guerra. Está el hombre que se enriquece en Alemania y regresa con su nueva mujer y un gato, está su hijo que descubre el amor en su madrastra y tiene que abandonar el pueblo, está un adolescente que capta los pequeños gestos de la ciudad, las confidencias y las charlas captadas en la oscuridad, está el antiguo alcalde que se encierra en su piso una vez empezada la guerra y el nuevo alcalde, un patriota croata que odia a la mitad de sus vecinos, está un muchacho que se transforma con la guerra y se convierte en un asesino despiadado y un antiguo jugador de fútbol convertido en alguien al margen, un solitario que se emborracha en su casa. Personajes que hablan a través de diarios y cartas, o se suceden las diferentes primeras personas, o una voz con la distancia justa que ve los acontecimientos en la ciudad y se pregunta por su destino, que describen el mundo antes de la guerra y cómo fue su llegada.

    Antes de que estallase la guerra nos dejábamos todos nuestros ahorros en el Albatros jugando a la máquina de millón y ahí encendimos nuestros primeros cigarrillos. Ese era para nosotros el lugar más importante del mundo. Y la guerra ocurrió de la forma más sencilla posible, como cuando empieza a llover en el momento propicio. Al principio todo nos resultaba interesante y nuevo, no teníamos clase, en la ciudad había muchas caras nuevas, uniformes, rifles, había toque de queda... Durante esos días descubríamos sótanos en los que se hablaba de política y acciones militares, pero sobre todo se comía en grandes cantidades. Todo el mundo vomitaba solo para poder comer más. Sin embargo, al cabo de unos días echábamos de menos nuestras almohadas, nuestras camas limpias y nuestras cintas de vídeo. En los sótanos únicamente quedó la comida sobrante, que las ratas olfateaban a toda prisa.
    Hamza y Daco eran vecinos míos de la calle Ðjuro Pucar Stari. Me llevaban tres años, pero eso no nos impedía ser los mejores amigos. Poco a poco la guerra se volvió aburrida: todo era siempre igual, solo los muertos eran nuevos. Nosotros pasábamos los días en el Albatros, intentando olvidar lo que estaba sucediendo fuera, y eso se nos daba bastante bien.
    Entonces empezó a ocurrir algo extraño, pues a nuestros vecinos musulmanes se los empezaban a llevar a las cárceles y allí les pegaban y les torturaban. Todo el mundo lo decía y yo también lo sé, porque se llevaron a mi vecino Avdo. Todos sabían lo que ocurría en esas cárceles, pero nadie decía nada y nadie se atrevía a protestar. Aquel puñado de personas que no aprobaba que se llevaran a los musulmanes a la cárcel seguramente tenía miedo de que los proclamaran unos malditos traidores y los encerraran en el edificio de la escuela o del instituto, donde durante días los apalizarían.

    Cirkus Columbia se acerca de una manera pausada, inteligente y reflexiva al conflicto de los Balcanes, sus retratos certeros sobre las diferentes culturas, la tensión entre los distintos bandos, el odio y la locura ilógicos y cómo la guerra saca a la superficie antiguas enemistades, una mezcla de personajes e historias, un retrato costumbrista que se rompe con la guerra, la ciudad que respira y se contrae y señala con el dedo a sus habitantes. Djikić habla de la estupidez de los extremismos, de las fronteras que nos separan, de la incomprensión, de no ver al otro.

    Hay una imagen que perdurará de esta lectura. La llegada de un circo con un gran tiovivo y un hombre que se pasa los días do en él, los ojos cerrados, la sensación de que sólo es feliz dando vueltas a ciegas. Sentir el mundo que gira con los ojos cerrados, el vértigo y cierta vuelta a la infancia, una pizca de cordura dentro de una ciudad que ha estallado desde dentro.

    Ivica Djikić ha sido un buen descubrimiento, una forma de acercarse a los Balcanes, de enlazar con Ivo Andrić, por ejemplo.

    De hecho, a veces me pregunto por qué me fui de la ciudad. ¿Por qué deserté? No es que fuera un pacifista convencido. Tampoco es que el miedo fuera tan insoportable. Pero de repente me daba asco: no tanto la guerra que me tocaba hacer a mí, que consistía en pasar siete días aburrido en las trincheras y cabañas y luego otros siete de permiso en casa, sino todo lo demás que formaba parte de la guerra. Una vez, en su casa, hablamos de ello. La gente —más que nunca— se ha vuelto mala, peligrosa, acaparadora y a las primeras de cambio utiliza palabras duras. Sobre todo cuando empezó lo de los musulmanes... Todo se volvió todavía más estúpido y absurdo de lo que normalmente era y la ciudad decidió disfrutar hasta el final en la estupidez y el sinsentido: la gente creía sin reservas en los rumores y los transmitía con un ardor increíble, se tragaba los complots y añadía con habilidad detalles nuevos, creía firmemente que no había más víctimas que nosotros. Cualquiera que osara alzar la voz para contradecir la estupidez reinante era insultado y humillado. Usted bien lo sabe.
    Ivica Djkić. Cirkus Columbia. Traducción de Maja Drnda. Sajalín editores.

    ha scritto il 

  • 3

    Il Fatto Quotidiano: ‘Cirkus Columbia’, l’epopea grottesca della ‘rinascita’ croata

    http://www.ilfattoquotidiano.it/2014/06/15/libri-cirkus-columbia-lepopea-grottesca-della-rinascita-croata/1022959/

    ha scritto il 

  • 5

    La primera part del llibre em va fer recordar la Mequinensa de Montcada. Després canvia el fil argumental i comencen els petits dietaris i cartes que narren la transformació del poble i la gent per la ...continua

    La primera part del llibre em va fer recordar la Mequinensa de Montcada. Després canvia el fil argumental i comencen els petits dietaris i cartes que narren la transformació del poble i la gent per la guerra fins que al final res queda com era.

    ha scritto il 

  • 4

    Muy buen libro aunque tenga la sensación de que falte un no sé qué. Algo floja la caracterización de los personajes. Mucho mejor el análisis del contexto histórico y del entorno social.

    ha scritto il 

  • 3

    ½ - La guerra è assurda, non è una novità ma non fa male ricordarlo

    Libro breve e che scorre via liscio questo “Cirkus Columbia”, oddio, liscio rispetto alla scorrevolezza della prosa e non certo per l’argomento trattato. Ivica Djikic raccontando le vicende di alcuni ...continua

    Libro breve e che scorre via liscio questo “Cirkus Columbia”, oddio, liscio rispetto alla scorrevolezza della prosa e non certo per l’argomento trattato. Ivica Djikic raccontando le vicende di alcuni abitanti di un piccolo paesino dell’Erzegovina descrive l’orrore della guerra fratricida. Da un momento all’altro i vicini di casa diventano i nemici. Gli amici, i compagni di scuola si trasformano in serbi e mussulmani, in gente che viene qui a prendersi quello che è nostro. L’autore crea dei personaggi fra lo strambo e il surreale per cercare di spiegare cosa accade nell’animo della popolazione quando la follia nazionalista si impadronisce delle coscienze della gente.

    Un uomo ritorna al paese dopo molti anni trascorsi in Germania, ritorna con una nuova moglie e con un gatto che adora. Al paese ritrova la ex moglie e il figlio che in pratica nemmeno conosce. Una notte il gatto esce da una finestra lasciata aperta dal ragazzo e scompare nel nulla. L’uomo è disperato, tanto da promettere una ricompensa di 2000 marchi a chi glielo riporterà. Parte da qui una storia dove rancori passati presenti e futuri emergeranno fortissimi, dove la violenza, l’alcol e l’eroina serviranno per sfogarsi e/o per trovare la pace. Una storia surreale, assurda come la guerra.

    Perché 3 stelle e ½? A causa della brevità del romanzo. A mio modesto parere, l’autore poteva sforzarsi un po’ di più e approfondire alcuni argomenti affrontati solo di passaggio; ne sarebbe venuto fuori un romanzo di certo più completo e avvincente.

    PS cinematografico: Terminato il libro mi sono detto: “Sai che c’è? Adesso mi guardo pure il film”. Non l’avessi mai fatto. Nel caso di “Cirkus Columbia” non siamo di fronte a un libro adattato per il cinema, bensì a un romanzo stravolto completamente; gli sceneggiatori o il regista o chi per loro hanno talmente cambiato la storia che non si capisce per quale motivo non abbiano cambiato anche il titolo.

    ha scritto il 

  • 4

    Nessuno mi aveva mai detto che qualcuno fosse musulmano o albanese o zingaro, e io lo riconoscevo solo dai nomi e più o meno sapevo che noi, cattolici, ci distinguiamo dai musulmani, dagli zingari e d ...continua

    Nessuno mi aveva mai detto che qualcuno fosse musulmano o albanese o zingaro, e io lo riconoscevo solo dai nomi e più o meno sapevo che noi, cattolici, ci distinguiamo dai musulmani, dagli zingari e dagli albanesi, oltre che dai nomi, per il fatto che loro festeggiano il Bajram e noi il Natale, che loro vanno nella moschea e noi in chiesa, che da noi si suonano le campane e da loro si ascolta la voce dell’imam, e poi per il fatto che loro si circoncidono e noi non lo facciamo – più o meno, questo è tutto quello che sapevo a proposito delle differenze fra noi e loro. Forse c’era ancora dell’altro, ma posso tranquillamente dire che eravamo in tutto e per tutto uguali: parlavamo tutti la stessa lingua, ci vestivamo alla stessa maniera, le nostre madri ci preparavano gli stessi cibi e gli stessi dolci, le stesse identiche cose, insomma.

    C'è tutto l'orrore di una guerra assurda e fratricida in questo libro, che inizia facendoti sorridere con l'immagine di un paese come tanti, con personaggi più o meno eccentrici, così come ce ne sono stati e ce ne sono ancora nelle vite di tutti noi, che vivono uno accanto all'altro sfottendosi, aiutandosi, sputtanandosi creando una comunità variegata e colorata. E
    E poi questa vita viene spazzata via dalla guerra, qui accennata nei racconti di chi ha visto i propri vicini sparire, morire, scappare lontano. Vicini che fino al giorno prima era considerati tutti uguali, ognuno con un proprio posto nella città.
    Un libro che mescola ironia e dolore per tutto l'orrore che quelle terre hanno dovuto subire. Una bella scoperta

    ha scritto il 

  • 4

    Libro difficile da spiegare, so che ci hanno fatto un film e mi piacerebbe vederlo perché, a differenza di altri che ho letto, da questo non saprei cosa possa esserne venuto fuori.

    Hanno un modo di ra ...continua

    Libro difficile da spiegare, so che ci hanno fatto un film e mi piacerebbe vederlo perché, a differenza di altri che ho letto, da questo non saprei cosa possa esserne venuto fuori.

    Hanno un modo di raccontare, questi scrittori miei coetanei della ex Jugoslavia (lui, in particolare, è croato), inconfondibile: tutto spezzato, frammentario. Ma quello che dicono… o meglio, quello che non dicono, ha una grande potenza evocativa. Non descrivono la facciata di ciò che accade, il davanti, ma il rovescio, il retro. Non c’è la pura spietata violenza di una guerra, tutto ha sempre una ragione diversa, come a voler dimostrare che l’odio, l’odio etnico ad esempio, non appartiene a coloro che l’hanno vissuto e magari sostenuto, perché una scelta, o una diserzione, o una fuga, possono avere tante cause, magari l’amore, come chiunque in un qualsiasi altro posto nel mondo.

    C’è chi passa tutta la vita sulla stessa pagina dell’atlante stradale, chi, come me, si butta ovunque, e chi da lì se ne deve andare non riconoscendosi più nella lingua, religione, potere, ma non riesce a trovare il suo posto in nessun luogo e prima o poi torna.

    Credo si debba conoscere la storia dell’Erzegovina per capire il sottinteso e l’accennato del libro, ma non la storia scritta sui manuali scolastici o scandita dagli speciali dei telegiornali, bensì quella raccontata da loro, proprio da chi ha deciso di scrivere di uomini, non di cronache generali.

    C’è un’ironia dolce e una grande amarezza di contrasto. C’è satira e dileggio. C’è la storia di un emigrante arricchito che torna in patria con la bella moglie e un gatto nero, subito smarrito. Tutta la città si mobilita per trovarlo e ottenere la lauta ricompensa, una comunità già unita e divisa come lo sarà sempre più nella guerra fratricida.

    Mi è piaciuto molto il modo in cui Djikić ha descritto l’amore: non si amano davvero le persone, ma la felicità e la spensieratezza che queste fanno vivere. Tutte le perdite si accumulano nel cuore e rimane solo un: “Ci vediamo, prima o poi”.

    Sì, alla fine credo sia venuto fuori un bel film. Intenso, perlomeno.

    Per alcuni, non per tutti.

    ha scritto il 

  • 4

    Non c’è candela che duri fino all’alba.

    Tanti i protagonisti di questo romanzo, un intero paesetto dell’Erzegovina si direbbe. Le loro storie si intrecciano, siamo li spettatori delle loro vite, drammi, invidie, amori ed amicizie, in un gro ...continua

    Tanti i protagonisti di questo romanzo, un intero paesetto dell’Erzegovina si direbbe. Le loro storie si intrecciano, siamo li spettatori delle loro vite, drammi, invidie, amori ed amicizie, in un groviglio di sentimenti, ignari che di li a poco tutto si sarebbe sovvertito, l’ordine delle cose, la confidenza con i vicini di casa, l’amore stesso, con la guerra c’è stata solo follia, paura, serbi contro croati, un odio razziale che ha sconquassato un intero paese da Sarajevo a Mostar a Zagabria frantumando ogni credo e in nome di cosa poi? Nessuno mi aveva mai detto che qualcuno fosse musulmano o albanese o zingaro, e io lo riconoscevo solo dai nomi e più o meno sapevo che noi, cattolici, ci distinguiamo dai musulmani, dagli zingari e dagli albanesi, oltre che dai nomi, per il fatto che loro festeggiano il Bajram e noi il Natale, che loro vanno nella moschea e noi in chiesa, che da noi si suonano le campane e da loro si ascolta la voce dell’imam, e poi per il fatto che loro si circoncidono e noi non lo facciamo – più o meno, questo è tutto quello che sapevo a proposito delle differenze fra noi e loro. Forse c’era ancora dell’altro, ma posso tranquillamente dire che eravamo in tutto e per tutto uguali: parlavamo tutti la stessa lingua, ci vestivamo alla stessa maniera, le nostre madri ci preparavano gli stessi cibi e gli stessi dolci, le stesse identiche cose, insomma.

    Ironico e toccante.

    ha scritto il 

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