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Donne

Di

Editore: Sugarco

3.9
(1538)

Lingua:Italiano | Numero di pagine: 304 | Formato: Tascabile economico | In altre lingue: (altre lingue) Spagnolo

Isbn-10: A000081423 | Data di pubblicazione: 

Disponibile anche come: Altri , Copertina rigida , Paperback , eBook

Genere: Biography , Family, Sex & Relationships , Fiction & Literature

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Descrizione del libro
"Le donne che ho conosciuto nella mia vita erano tutte puttane, ex-prostitute o pazze". Così ha dichiarato Bukowski. Donne è il romanzo dei suoi amori, il romanzo dei suoi rapporti con l'altro sesso, il romanzo dei suoi orgasmi. Lo stile del libro sembrerebbe derivato dal Henry Miller o da Hemingway, se lo scopo dello scrittore fosse la caratterizzazione o il reportage, ma non è così. Le brevi frasi di questa prosa ipnotica sono come staccati che colpiscono con la violenza della percussione musicale nel free jazz e si sommano fino a costruire questa " montagna della follia" dei rapporti tra uomini e donne che è la vita di Bukowski e anche la nostra, una vita dove la cosa più solida è, secondo Bukowski, "semplicemente esistere per proprio conto senza l'aiuto della politica o di dio".
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  • 2

    Il libro più brutto di Bukowski, per il semplice fatto che è molto ripetitivo. Donne, un sacco di donne, tutte strane, folli, e poi c'è lui Henri Chinaski, alter ego di Charles, poeta alcolizzato che si butta nelle relazioni più assurde. Molte di queste durano solo una notte, e si tratta di donne ...continua

    Il libro più brutto di Bukowski, per il semplice fatto che è molto ripetitivo. Donne, un sacco di donne, tutte strane, folli, e poi c'è lui Henri Chinaski, alter ego di Charles, poeta alcolizzato che si butta nelle relazioni più assurde. Molte di queste durano solo una notte, e si tratta di donne che bussano alla porta dell'autore e chiedono di poter passare una notte con lui. Abbastanza surreale. Questo libro lascia poco spazio all'immaginazione, lo schema di ogni rapporto è sempre lo stesso: Charles e la donna di turno bevono un drink, Charles bacia la donna e poi fanno sesso, e tutto finisce lì. Questa storia va avanti per tutto il volume, e arrivati alla metà diventa un pò stancante e non vediamo l'ora di arrivare alla fine. Non ci sono colpi di scena. Tutto è fin troppo prevedibile. Freddo. Molto freddo. Non c'è spazio per i sentimenti. Siamo molto lontani dal romanzo Panino al Prosciutto.

    ha scritto il 

  • *** Attenzione: di seguito anticipazioni sulla trama (SPOILER) ***

    4

    Chi è più cinico di Chinaski? Chi più inaffidabile, distratto, inquieto?
    Eppure anche un uomo come lui, alla fine si rivela in tutta la sua dolcezza e tenerezza.

    ha scritto il 

  • 3

    http://despuesdelnaufragio.blogcindario.com/2014/05/01567-mujeres-charles-bukowski.html


    Mujeres tiene una apariencia sencilla, directa y descarnada, Chinaski y sus relaciones con las mujeres, la escritura y el alcohol, el sexo rápido y, a veces, violento, las noches y el sonido de una máqu ...continua

    http://despuesdelnaufragio.blogcindario.com/2014/05/01567-mujeres-charles-bukowski.html

    Mujeres tiene una apariencia sencilla, directa y descarnada, Chinaski y sus relaciones con las mujeres, la escritura y el alcohol, el sexo rápido y, a veces, violento, las noches y el sonido de una máquina de escribir, una borrachera tras otra y el alejamiento de la sociedad que le rodea, las lecturas de poesía que parecen un combate entre Chinaski y los espectadores, las reflexiones sobre Céline o Fante, escritores bravos como Bukowski, y la literatura como un territorio de dolor y lucha, los hipódromos y aeropuertos donde apostar y esperar el próximo polvo y el sexo la salvación de la muerte.

    En el inicio de Mujeres se encadenan escenas de sexo y borrachera, cada capítulo idéntico al anterior, Chinaski en su casa, borracho o a punto de estarlo, que recibe una llamada o una carta de alguna admiradora y que espera encontrar al hombre fuerte, huraño y ermitaño de sus escritos, o alguna mujer que llama a su puerta y es el inicio de una noche de sexo, de escenas donde Chinaski habla de coños, pollas y meterla hasta el fondo, el sexo como una lucha y una huida de la muerte, el sexo como violencia y dolor, como la desnudez absoluta. Bukowski es seco, no se recrea en las escenas de sexo, le sirve un párrafo para describir el cuerpo desnudo de una mujer, su inicio en el sexo oral, clavar su polla como una victoria, los momentos donde el alcohol puede con él y acaba dormido junto a un cuerpo silencioso, sin fuerzas y con miedo.

    Las mujeres se suceden, cambian los nombres pero no la actitud de Chinaski ante ellas, su deseo de follar con una mujer de dieciocho años cuando esté en el final de su vida, cambiar una por otra como si fuesen juguetes caprichosos, descubrir lo que las diferencia y las une en la cama, su cuerpo como un lugar mítico (la última frontera antes de la muerte), sus relaciones son cortas, hay momentos de dolor, de locura, de celos extremos, mujeres que le incendian la ropa, que le limpian la casa, que le envían fotos desnudas, que buscan al escritor más que al hombre, que esperan encontrar al viejo indecente de sus escritos.

    Mujeres es una repetición constante, Bukowski pasa de un recital a una noche de sexo, de una tarde en un hipódromo a una espera en el aeropuerto, Chinaski huye de fiestas y reconocimientos, se siente fuera de la sociedad, se toma la literatura y los recitales como un combate de boxeo, dispara contra todo lo que le rodea, se sabe poco honesto con las mujeres y cada relación, cada mujer, le acerca a una verdad inesperada. Mujeres cansa en muchos momentos, pero hay algo en esta repetición de escenas que cala, la sensación de derrota, dolor y tristeza, la soledad y el miedo a la muerte.

    Me gustan los poemas de Bukowski, en ellos me encuentro cómodo, ráfagas de rabia, dolor y lucha. Sus novelas, salvo La senda del perdedor, no me llegan de la misma manera. En Mujeres está el estilo seco de Bukowski, están el ermitaño y los hipódromos, la supervivencia y la autodestrucción, están las mentiras y los abismos que bordeamos, están los días repetidos y el vacío, los gatos y los bares.

    Apagué la televisión y abrí otra cerveza. No había otra cosa que hacer en aquella isla salvo emborracharme. Me acerqué a la ventana. En la playa de abajo Dee Dee estaba sentada junto a un tío joven, hablando alegremente, sonriendo y gesticulando con las manos. El tío le sonreía a su vez. Me sentía bien no formando parte de aquello. Me alegraba de no estar enamorado, de no ser feliz con el mundo. Me gustaba estar en desacuerdo con todo. La gente enamorada a menudo se ponía cortante, peligrosa. Perdían su sentido de la perspectiva. Perdían su sentido del humor. Se ponían nerviosos, psicóticos, aburridos. Incluso se convertían en asesinos.

    ( … )

    Cuando me corría sentía como si fuera en la cara de todo lo decente, blanca esperma resbalando por las cabezas y almas de mis padres muertos. Si hubiera nacido mujer seguro que hubiera sido una prostituta. Como había nacido hombre, anhelaba constantemente mujeres, cuanto más guarras mejor. Y sin embargo las mujeres, las buenas mujeres, me daban miedo porque a veces querían tu alma, y lo poco que quedaba de la mía, quería conservarlo para mí. Básicamente deseaba prostitutas, porque eran duras, sin esperanzas, y no pedían nada personal. Nada se perdía cuando ellas se iban. Pero al mismo tiempo soñaba con una mujer buena y cariñosa, a pesar de lo que me pudiera costar. De cualquier manera estaba perdido. Un hombre fuerte pasaría de ambos tipos. Yo no era fuerte. Así que continuaba bregando con las mujeres, con la idea de las mujeres.

    ( … )

    Yo estaba sumergido en todas las cosas supuestamente malas: me gustaba beber, era un vago, no tenía dios ni conciencia política, ideas, ideales. Estaba metido en la inanidad más completa; una especie de no-ser, y lo aceptaba. Eso no podía hacerme una persona muy interesante. Yo no quería ser interesante, de todos modos, era algo muy duro. Lo único que quería realmente era un lugar blando e impreciso donde poder vivir y donde me dejaran tranquilo. Por otro lado, cuando me emborrachaba pegaba gritos, me volvía loco, perdía todo tipo de control. Un comportamiento no pegaba mucho con el otro. No me importaba. Aquella noche el sexo estuvo muy bien, pero fue la noche que la perdí. No había nada que pudiera hacer para remediarlo. Me eché a un lado y me limpié con la sábana mientras ella se iba al baño. Arriba, un helicóptero de la policía sobrevolaba Hollywood.

    ( … )

    Yo era sentimental respecto a muchas cosas: unos zapatos de mujer bajo la cama; unas horquillas olvidadas; la manera como decían «Voy a hacer pipí»...; cintas de pelo; pasear por el bulevar con ellas a la una y media de la tarde, sólo dos personas caminando juntas; las largas noches bebiendo y fumando, hablando; las discusiones; los pensamientos de suicidio; comer juntos y sentirse bien; las bromas, la risa saliendo de ninguna parte; sentir milagros en el aire; estar juntos en un coche aparcado; comparar pasados amores a las tres de la madrugada; que te dijeran que roncabas, oírlas roncar; madres, hijas, hijos, gatos, perros; algunas veces la muerte y otras el divorcio, pero siempre yendo adelante, siguiendo a través; leyendo a solas un periódico y comiendo un triste sándwich sintiendo náuseas porque ella ahora estuviese casada con un dentista tartamudo; hipódromos, parques, picnics; incluso cárceles; sus estúpidos amigos, tus estúpidos amigos; tu bebida, sus bailes; tus flirteos, sus flirteos; sus píldoras, tus polvos con otras personas y ella haciendo lo mismo; dormir juntos... No había juicios que hacer, aunque por necesidad uno tuviera que seleccionar. Más allá del bien y del mal era una cosa buena en teoría, pero para ir viviendo uno tenía que elegir: algunas eran más agradables que otras, otras simplemente estaban más interesadas en ti, y en ocasiones el exterior hermoso y el interior frío eran necesarios para polvos sangrientos y sin clemencia, como en una sangrienta y mierdosa película. Las simpáticas jodían mejor, la verdad, y después de pasar un tiempo con ellas parecían más hermosas, porque lo eran.
    Charles Bukowski
    Mujeres (traducción de Jorge Berlanga. Anagrama)

    ha scritto il 

  • 4

    Niente di nuovo sulla carta. Un libro monotono e spartano, ma allo stesso tempo un libro ricco sotto la sua scorza e mai noioso.
    Bukowski ha un modo tutto suo di descrivere le donne, volgare ma mai cattivo. Non capisco chi dice che Bukowski ha una visione maschilista, io questa visione non ...continua

    Niente di nuovo sulla carta. Un libro monotono e spartano, ma allo stesso tempo un libro ricco sotto la sua scorza e mai noioso.
    Bukowski ha un modo tutto suo di descrivere le donne, volgare ma mai cattivo. Non capisco chi dice che Bukowski ha una visione maschilista, io questa visione non l'ho proprio trovata, ho trovato solo un vecchio sporcaccione conscio che ormai non gli resta più da vivere e vuole succhiare tutto quanto può ancora dargli la vita, vuole le donne, vuole tutte le donne, non gli bastano mai, è sbagliato forse? Io non credo. Chi non avrebbe approfittato della propria fama per scoparse quante più donne sarebbe riuscito prima di morire?
    E poi, Bukowski alle donne ha dedicato 300 pagine dei suoi pensieri, molti non dedicherebbero neanche una riga alle loro scopate, e se pensate che sia troppo volgare, bhè, ma questo è solo il suo modo di essere, donne o non donne il vecchio Buk non si è mai trattenuto da spararle grosse, ed in questo libro, strano ad una lettura superficiale, si capisce quanto per l'autore le donne siano state una costante nella sua vita da quando ha cominciato a scopare, e quanto abbia bisogno di questo contatto con l'altro sesso. Chinaski non vuole solo sesso, vuole sentimento, vibrazioni, vuole di più, oltre al sesso. Il libro parla di scopate sentimentali...un controsenso? Leggetevi direttamente le

    ha scritto il 

  • 4

    Donne

    "Ecco il problema di chi beve. Se succede qualcosa di brutto si beve per dimenticare; se succede qualcosa di bello si beve per festeggiare; e se non succede niente si beve per far succedere qualcosa."

    ha scritto il 

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