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Giocatori

Di

Editore: Pironti

3.3
(186)

Lingua:Italiano | Numero di pagine: 207 | Formato: Paperback | In altre lingue: (altre lingue) Inglese , Tedesco , Spagnolo

Isbn-10: 8879370618 | Isbn-13: 9788879370615 | Data di pubblicazione:  | Edizione 1

Traduttore: Maria Teresa Marenco

Disponibile anche come: eBook

Genere: Fiction & Literature

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Descrizione del libro
Lyle, agente di cambio, e sua moglie Pammy sembrano una coppia in apparenza soddisfatta e felice. In realtà sono due newyorkesi annoiati dal lavoro e dalla vita coniugale. A loro non basta vivere una sola vita: Pammy parte per il Maine insieme a una coppia di omosessuali e diventa l'amante di uno dei due, mentre Lyle avvia una relazione con una misteriosa segretaria e si ritrova doppio agente tra FBI e una cellula terrorista; si sviluppano così, come dice lo stesso autore, "due trame segrete". Un libro che evoca i rischi di catastrofe annidati nella quotidianità, l'attrazione esercitata dalle organizzazioni segrete e l'incombere di dimensioni tecnologiche che spiazzano la personalità.
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  • 4

    Quando finisco un libro di DeLillo, mi si infrange sempre contro il petto un senso di distanza, come se mi venisse a mancare uno spazio su cui poter appoggiare i miei pensieri.
    Il suo modo di scrivere secco, ironico e tagliente rappresenta uno sguardo sul mondo di cui ho sempre un po' bisogno. Ec ...continua

    Quando finisco un libro di DeLillo, mi si infrange sempre contro il petto un senso di distanza, come se mi venisse a mancare uno spazio su cui poter appoggiare i miei pensieri. Il suo modo di scrivere secco, ironico e tagliente rappresenta uno sguardo sul mondo di cui ho sempre un po' bisogno. Ecco perchè, sul mio comodino, ho una torre di libri di DeLillo ad aspettarmi: perchè ormai sono emozionalmente prigioniera del suo straordinario modo di costruire immagini con le parole e di presentarti blocchi massicci di vita. In questo libro ho trovato un senso dell'erotico che racchiude in sè elementi di lotta, tenerezza, contraddizione, trasgressione e amore, un erotismo pieno di slancio umano e raccontato in tutti i suoi livelli di profondità.

    ha scritto il 

  • 3

    Publicado en http://lecturaylocura.com/jugadores-de-don-delillo/


    “Jugadores” de Don Delillo. La obsesión de Delillo por reflejar la época en la que vivimos.


    La tormenta lectora que tuve el mes anterior ha tenido sus consecuencias; una de ellas ha sido el retraso “ad infinitum” de al ...continua

    Publicado en http://lecturaylocura.com/jugadores-de-don-delillo/

    “Jugadores” de Don Delillo. La obsesión de Delillo por reflejar la época en la que vivimos.

    La tormenta lectora que tuve el mes anterior ha tenido sus consecuencias; una de ellas ha sido el retraso “ad infinitum” de algunas reseñas, en particular de este “Jugadores” de Don Delillo, alentado indudablemente por el hecho de no ser precisamente una de las obras fundamentales del autor. Aun así, no quería dejar pasar el momento de comentar alguna de las ideas más interesantes que aparecen: 1º El zapping televisivo como elemento de alienación primordial de nuestra sociedad; resaltando el carácter alucinógeno-repetitivo de lo que vemos en ella y cómo influencia nuestra manera de percibir el tiempo: “Lyle pasaba el tiempo viendo la televisión. Sentado en la penumbra a poco más de medio metro de la pantalla, cambiaba de canal cada medio minuto poco más o menos, a veces con frecuencia mucho más alta. No buscaba algo que pudiera suscitar y mantener su interés. No se trataba de eso. Simplemente disfrutaba con el destello de cada nueva imagen. Exploraba el contenido solo hasta cierto punto. El deleite entre táctil y visual que le procuraba cambiar de canales era aún mayor, y transformaba incluso los momentáneos contenidos aparecidos al azar en plácidas abstracciones territoriales. Ver televisión era para Lyle una disciplina como las matemáticas o el zen. Los anuncios, los cortes de emisión, los programas en español daban de sí mucho más, por norma, que la programación al uso. La naturaleza reiterativa de los anuncios le interesaba. Ver muchas veces idénticas secuencias era una prueba de fuego para sus recursos oculares, para su capacidad de seleccionar, de fraccionar el tiempo y subdividir cada instante. Rara vez ponía el sonido.” 2º La percepción (ya manifiesta en la década de 1970) de que nuestro ombliguismo nos aisla cada día más de un mundo construido en una continua negación: “-¿De qué me estás hablando? –dijo Lyle. -Del mundo exterior. -Ah, ¿todavía sigue ahí? Creí que lo habíamos negado con absoluta eficacia. Creí que ese era el resultado final.” 3º El sexo puede ser descrito sin abusar de los lugares comunes; Gaddis, Pynchon… y ahora Delillo, se unen a este selecto club: “Conocían las imágenes cambiantes de la similitud física. Era un vínculo tácito, parte de su conciencia compartida, el silencio minado entre personas que viven juntas. Acurrucado cada cual en las extremidades y siluetas del otro, parecían repetibles, células hijas de alguna división muy precisa. Sus lenguas derivaron sobre carne más húmeda. Este presentimiento de lo húmedo, una intuición de la naturaleza sumergida, fue lo que puso a cien uno con otro, a mordiscos, a arañazos de ansia. A él le supo a vinagre el pelo alborotado de ella. Se separaron un momento, se tocaron desde una distancia calculada, se sondearon introspectivamente, un intercambio complejo. Él se levantó de la cama para apagar el aire acondicionado y subir la ventana. La velada se había recargado de fragancias. Atronaba encima de ellos. Lo mejor del verano eran esas tormentas que llenan una habitación, casi medicinalmente, de climatología, de luz variable.” 4ª “Jugadores” es uno de los mejores ejemplos de presagio del terrorismo y, en particular, de los atentados del 11S sin habérselo propuesto; la fuerza de las metáfora del World Trade Center que usa Delillo refuerzan lo ocurrido posteriormente y su importancia: “En la planta 83 de la torre norte, Pammy se las ingenió para pasar el tiempo ideando una pregunta que formular a Ethan Segal. Si los ascensores del World Trade Center eran sitios, tal como ella creía que lo eran, y si los vestíbulos eran meros espacios, como ella también creía, ¿qué era entonces el World Trade Center en sí? ¿Una condición, un acontecimiento, un suceso físico, una circunstancia existente y dada de antemano, una presencia, un estado, un conjunto de invariables?” 5º La importancia de la tecnología, fundamentada en lo electrónico, como verdadero sostén de una realidad deshumanizada. “-Reciben amenazas. Están al tanto. Hay vigilantes a cada paso. Pero matar a alguien en el parqué… Nos vino dado. Sabíamos que algo íbamos a hacer. Rafael quería trastocar ese sistema, la idea del dinero mundial. Ese es el sistema que, según creemos, encierra su poder secreto. Es algo que flota sobre el parqué. Corrientes de vida invisible. Ese es el centro de su existencia. El sistema electrónico. Las olas, las cargas de uno u otro signo. Los números verdes en la pantalla. Eso es lo que mi hermano llama su manera de continuar, de seguir a pesar de la carne podrida, su prueba más íntima de la inmortalidad. No es por el grueso de ese dinero, tantísimo dinero, una montonera de dinero. Es el sistema en sí, la corriente.” 6º La realidad fragmentada es la que nos da estabilidad; esta descomposición en partes con sentido da sentido a una realidad caótica: “Le resumió lo ocurrido en frases cortas, meros enunciados. Pareció servir de ayuda el descomponer la historia en segmentos coherentes. Suavizó el tormento surreal, la sensación de aberración. Oír la secuencia reafirmada de manera inteligible le supo en ese momento a algo más que a mero consuelo. Le aportó un punto focal, un punto diferenciado y nítido, en el que las cosas concebiblemente pudieran desvanecerse al cabo de un rato, caos y divergencias, enemigos de Dios.” 7º La poca fiabilidad del lenguaje como transmisor de ideas: “Caminó bajo una marquesina de un albergue para vagabundos. Decía: TRANSITORIOS. Algo en esa palabra la confundió. Adquiría una tonalidad abstracta, como sucedía con las palabras en su experiencia (aunque no a menudo), si subsistían en su mente en calidad de unidades de lenguaje que misteriosamente se habían evadido de toda responsabilidad. Trans-isterias. Lo que transmitía no podía traducirse en palabras. El valor funcional se había deslizado fuera de la corteza, se había volatilizado.” Me han salido más cosas de las que me esperaba… Quizá no estaba tan mal el libro. Los textos vienen de la traducción del inglés de Miguel Martínez Lage de “Jugadores” de Don Delillo en Seix Barral.

    ha scritto il 

  • 3

    Inizio lento, la routine della vita coniugale non proprio argomento di appeal, poi emerge l'alienazione dei protagonisti. La trama si fa interessante si filosofeggia su terrorismo, "tradimenti", forza del denaro. Si arriva ad un finale per me incomprensibile.

    ha scritto il 

  • 0

    Non è una recensione

    Oggi, spulciando lo scaffale delle occasioni di una libreria del centro, mi sono imbattuto in un paio di volumi usati che hanno reclamato la mia attenzione. Si tratta di "Giocatori" di Don DeLillo, e di "Pulp" di Charles Bukowski. Be' non potevo non portarli a casa a metà prezzo. Ieri sera sono r ...continua

    Oggi, spulciando lo scaffale delle occasioni di una libreria del centro, mi sono imbattuto in un paio di volumi usati che hanno reclamato la mia attenzione. Si tratta di "Giocatori" di Don DeLillo, e di "Pulp" di Charles Bukowski. Be' non potevo non portarli a casa a metà prezzo. Ieri sera sono rimasto stregato dalla visione del bellissimo "Midnight in Paris", ennesimo capolavoro e omaggio alla seria leggerezza della vita e di Parigi di Woody Allen. E così stamattina, mi sono incamminato nel centro di Bergamo segnando sulla mia bacheca Facebook questo messaggio: "Passeggiata in centro fingendo che sia Parigi e immaginando di prendere il caffè con Borges, Sepulveda, Saramago, Garcia Marquez, Grossman, Yeoshua, DeLillo e Bukowski. E sperando non ci sia Proust anche stavolta. Bravo ragazzo ma non arriva mai alle conclusioni."

    Be' Proust non si è visto, ma dallo scaffale delle occasioni sono usciti DeLillo e Bukowski. Più puntuali degli altri, o per lo meno più alla mano, sia pure di seconda.

    Il volume di DeLillo è un tascabile in ottime condizioni. Lo sfoglio alla ricerca di difetti significativi e invece ne trovo qualcosa che me lo rende ancora più caro. Sì, poiché qualcuno lo ha letto, e vi ha lasciato sopra in quattro pagine i segni della sua attenzione e della sua curiosità, archetti di grafite grigia, più che sottolineature, segnalazioni di passaggi che hanno colpito evidentemente la curiosità o l'emotività del precedente lettore. O forse era una lettrice, chissà... Il libro è in uno stato perfetto, se non fosse per quei segni penseresti che nessuno lo abbia mai neanche sfogliato. Mi piace questa attenzione religiosa per il volume, al limite del feticismo. E' la stessa cura che ho io. I miei amici a cui presto qualcosa (amici fidatissimi, i libri devono meritarli!) dicono che sembra che non li abbia letti. E anche io sottolineo poco, ma lascio quasi sempre qualche segno a matita, o un'orecchietta, in prossimità dei punti che più mi hanno colpito. Così ritrovare questa traccia nel libro di DeLillo mi fa impazzire. Mi fermo a vedere cosa abbia attirato la cura e l'attenzione del precedente lettore.

    A pag. 16, una croce sul margine sinistro del foglio, un po' esitante, fatta come se si volesse lasciare un segno leggero e comunque cancellabile, segnala questa frase: "Gli spot pubblicitari, i logo dei vari canali, la telenovela in spagnolo di solito avevano molto più da offrire dei programmi normali". Il fatto che sia una croce e non una linea che raggruppi tutte le righe contententi la frase, mi dà da pensare. Non è usuale mettere una croce, e mi chiedo quale ne sia il motivo, quale personale codice interpretativo sia stato applicato. Forse non è tutta la frase che ha interessato il lettore X, forse solo qualcosa, magari gli spot pubblicitari. Anche io a volte trovo che siano più interessanti di molte fiction, e spesso anche qualitativamente migliori. Oppure si riferiva alle telenovelas in spagnolo: ma chi legge DeLillo che approccio avrà con le telenovelas? forse lo divertono come divertono me, per la loro surreale esagerazione delle emozioni di base ? o per il loro modo colorato nei costumi, nelle scene, nei toni? o perché sono la via d'accesso per la cultura popolare? o perché ricordano gli anni Ottanta? X è un mio coetaneo forse.

    Sfoglio ancora velocemente il testo e due pagine dopo trovo un archetto grigio che unisce tre righe di testo: "A Pammy le torri non sembravano strutture permanenti. Nonostante la loro mole non erano più consistenti di una qualsiasi distorsione di luce". Mi chiedo d’istinto se X non sia un architetto, per la sua attenzione alle torri. O se invece l’abbia colpita la bravura di DeLillo nel far pensare a questa Pammy una profezia così inconsapevole del crollo delle due Torri Gemelle del World Trade Center. E poi divento ancora più curioso quando trovo un archetto grigio le cui estremità terminano in due frecce, come se si volesse sottolineare un rimando circolare tra le parole che esso delimita:

    - Di che parli? - Del mondo esterno? - Esiste ancora? Pensavo che avessimo di fatto cancellato. Credevo fosse il nostro obiettivo.

    Un altro arco grigio evidenzia cinque righe a pagina 58: “Non gli piaceva sentire le donne parlar bene di un altro uomo, anche se era un perfetto sconosciuto per lui, o se era sfigurato, o viveva nel bacino amazzonico, o se era morto. Lei si girò per espirare il fumo. Il cameriere uscì dalla cucina parlando.”

    E poi basta. Fino alla fine, 140 pagine dopo, neanche un segnetto, una croce, un sottolineatura esitante. Perché? Provo a ripensare a quando sottolineo io i miei libri. Non sempre lo faccio, a volte semplicemente perché non ho con me la matita, e se pure avessi una penna, sentirei di commettere un’ingiuria o peggio un sacrilegio a rigare con un colore più deciso di quello del testo stampato un concetto, una storia, un’emozione donatami da uno scrittore, soprattutto se di valore come Don DeLillo. Può essere stato questo il motivo del lettore X, o è solo un modo di sovrapporgli me stesso, per gratificarmi poi nel ritrovarmi in lui? Oppure X aveva preso confidenza col libro e dopo le prime pagine, lette con più attenzione che voracità e con più cura per i dettagli, direi più lentamente, si era fatto prendere dalla stori piuttosto che dai singoli passaggi, e allora a culo la matita e le velleità da intellettuale attento alle sfumature. Quello che conta alla fine è la storia. Oppure aveva abbandonato il libro e questo spiegherebbe perché poi esso fosse finito su uno scaffale delle occasioni dell’usato? Se questo fosse stato, X aveva trovato interessanti quelle frasi, ma non troppo e andando avanti nella lettura si era trovato deluso dalla storia, forse.

    Provo a immaginarmelo, il lettore X, così di istinto, perché gli elementi per ragionarci su sono ancora pochi e ambigui. Quindi tanto vale scatenare la mia fantasia.

    Per me X è una studentessa universitaria, studia Lettere o Scienze dell’educazione, ma ha fatto il Liceo artistico. Legge spesso in autobus, e la croce l’ha messa proprio in un autobus, in modo veloce, in un momento brevissimo in cui era ferma nel traffico. O forse era in metropolitana. Sì, decido che era in metropolitana. Torno con la fantasia ai suoi primi momenti di lettura. Il libro le piace, ogni tanto ci trova qualcosa di suo, e poi la colpisce quella strana profezia sulle torri gemelle fatte di luci… in un libro scritto nel 1977! Mentre la metro torna verso casa ha letto le prime 58 pagine. Poi il libro è finito in borsa. Quando lo ha ripreso era nel suo letto, e la matita a letto non si usa. Il testo però si è fatto vieppiù complicato e criptico e non tutte le allusioni sono diventate comprensibili, o meglio lei ha capito che si allude a qualcosa, di tanto in tanto nel testo, ma non ha capito sempre cosa, e questo le ha dato un senso di fastidio appena percettibile.

    Quella frase sulle donne che parlano bene di un altro uomo le ha attivato un ricordo non troppo piacevole e forse per quello lo ha sottolineato, perché ha qualcosa che vorrebbe dimenticare, cancellare, forse non aver mai vissuto. Ed è per questo che ha sottolineato il punto in cui l’obiettivo era di cancellare il mondo esterno. Quando lo ha fatto ha pensato che era possibile, cancellare il mondo esterno era possibile.

    Ha finito il romanzo, perché le hanno insegnato che i libri vanno finiti. Non le deve essere piaciuto molto alla fine, perché non ha più sentito il bisogno di prendere la matita per sottolinearne le verità scoperte. Poi, visto che leggere costa, lo ha venduto per comprarne altri. Non era uno di quei libri che avrebbe conservato o riletto. Il libro poi è stato messo in uno stock di libri usati, aveva viaggiato e ed era finito tra le mie mani, carico di un po’ di vita in più.

    Non potete immaginare che delusione sia stata per me non trovare neanche un segnetto sul libro di Bukowski!

    ha scritto il 

  • 0

    I Giocatori - Don Delillo

    Mi appresto a descrivere un testo complesso, introverso ed intimista. Un romanzo del grande maestro della letteratura postmoderna americana. Forse questa premessa verrà considerata scontata ed affatto retorica; nondimeno se volete leggere “Giocatori” prendetevi del tempo e preparatevi a concentra ...continua

    Mi appresto a descrivere un testo complesso, introverso ed intimista. Un romanzo del grande maestro della letteratura postmoderna americana. Forse questa premessa verrà considerata scontata ed affatto retorica; nondimeno se volete leggere “Giocatori” prendetevi del tempo e preparatevi a concentrarvi. Non è un testo facile, ne tanto meno scorrevole: sia per ciò che concerne lo stile, che la trama. In altre parole questo romanzo pretende un lettore forte, attento alle sfumature, che sappia fare una pausa tra un capoverso e l’altro, che abbia voglia di riflettere sulle minacce che si nascondono nella quotidianità di una coppia occidentale. “Un romanzo congegnato splendidamente sulla violenza e l’alienazione del nostro tempo”. Così lo ha definito il Washington Post. Parere autorevole, che però, nella sua obbligata sinteticità non riesce a comunicarvi la complessità di contenuti di questo libello. Partiamo dal primo step. Lyle è un’agente di cambio; Pammy, sua moglie, è impegata per una bizzara società conosciuta come la “Gestione Dolore” che, con triste capacità profetica (la prima edizione è del 1977)Don Delillo inserisce all’interno del Word Trade Center.

    All’inizio aveva pensato che il Word Trade Center non fosse il luogo ideale per la sede centrale di un’organizzazione del genere. Ma con il tempo aveva cambiato idea. Dove altro avresti potuto archiviare tutto questo dolore?

    La coppia vive una relazione del tutto comune. Così comune che molti di voi si immedesimeranno con grande facilità. La descrizione dei rapporti sessuali fa venire i brividi: brividi di angoscia più che di emozione. La ripetizione di gesti identici negli anni. In poche pagine la coppia cerca un diversivo a questo rincorrersi di avvenimenti clonati. Pammy partirà per il Maine, con una coppia di amici omosessuali; Lyle rimarrà al lavoro, intrattenendo, non senza imbarazzi, una relazione clandestina con una misteriosa segretaria. A questo punto il secondo step: Delillo inserisce due colpi di scena, che non esplodono per stupire il lettore, ma che si sviluppano lentamente, facendo emergere la complessità della psiche dei personaggi, sollevando ed approfondendo i temi caratteristici di questo testo: la fuga dalla monotonia, il senso di frustrazione che ne è il motore, l’insensatezza delle conseguenze. La nostra organizzatrice del dolore infatti diverrà l’amante del suo amico omesessuale; il nostro agente di cambio si tufferà in una spy story binaria: agente per l’FBI e al contempo agente di un gruppo clandestino e terrorista.

    Questo intreccio di eventi a mio parere non è stato tessuto per celare più livelli di significato. Al contrario: la trama è stata costruita coscientemente in modo complesso, affinché le riflessioni care all’autore si sviluppino di pari passo con la storia.

    Con l’inizio del testo la descrizione della quotidianità, tanto lavorativa quanto sentimentale, che genera uno stato di alienazione nei protagonisti. In seguito il desiderio di rottura. Una rottura lenta e morbida, che trova il suo sfogo in atti apparentemente innocenti, o quanto meno davvero comuni: una gita, un piccolo flirt fatto più per gioco che per convinzione. Poi l’abisso: il tuffo nelle conseguenze sciagurate di scelte prese poco sul serio, che rappresentano l’incarnazione plastica delle angosce contemporanee (alla faccia di chi dice che il postmoderno è morto). In questo abisso troviamo il tradimento e la violenza. Archetipi eloquenti del lato più oscuro dell’uomo, che però vengono rafforzati, oppure storpiati, dalla presenza del progresso e della tecnologia. Un’arma a doppio taglio, nella migliore tradizione modernista e postmodernista. Infine la riflessione intima dei personaggi ed il senso di vacuità che permane, in questa civiltà che forse non vuole più trovare il proprio filo di Arianna.

    Non stiamo parlando di immediatezza dei contenuti. All’opposto. Don Delillo traccia subito la linea di confine, non si propone a lettori impreparati a riceverlo. Questo libro non accetta compromessi: o lo si legge, o lo si abbandona.

    una recensione di Giorgio Michelangelo Fabbrucci

    ha scritto il 

  • 4

    DeLillo ha la pazzesca abilità di "rendere" narrativamente il senso di follia, disorganizzazione, disinformazione delle organizzazioni che operano segretamente, siano esse governative o terroristiche. per tutto il libro non si capisce chi sia chi ed è chiaro che neppure i diretti interessati ne s ...continua

    DeLillo ha la pazzesca abilità di "rendere" narrativamente il senso di follia, disorganizzazione, disinformazione delle organizzazioni che operano segretamente, siano esse governative o terroristiche. per tutto il libro non si capisce chi sia chi ed è chiaro che neppure i diretti interessati ne sanno più di noi. Ogni tanto mi sono perso, ma è un libro esigente che pretende di un lettore attento e collaborativo, cosa che ogni tanto non sono stato... Ve lo consiglio.

    ha scritto il