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Ham on rye

A novel

By

Publisher: Rebel inc.

4.3
(262)

Language:English | Number of Pages: 336 | Format: Paperback | In other languages: (other languages) Spanish , Russian

Isbn-10: 1841951633 | Isbn-13: 9781841951638 | Publish date:  | Edition New Ed

Also available as: Hardcover , eBook , Others

Category: Biography , Family, Sex & Relationships , Fiction & Literature

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Book Description
Legendary barfly Charles Bukowski's fourth novel, first published in 1982, is probably the most autobiographical and moving of all his books, dealing in particular with his difficult relationship with his father and his early childhood in LA. "Ham on Rye" follows the path of Bukowski's alter-ego Henry Chinaski through the high school years of acne and rejection and into the beginning of a long and successful career in alcoholism. The novel begins against the backdrop of an America devastated by the Depression and takes the Chinaski legend up to the bombing of Pearl Harbour. Arguably Bukowski's finest novel.
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  • 5

    "Me gustaba estar en la cama durante horas, incluso de día, con las sábanas subidas hasta la barbilla. Allí se estaba bien, nunca ocurría nada, no había gente, nada."

    said on 

  • 5

    Retrato zafio, fiero, crudo y descarnado, de la noqueada América de la Gran Depresión y comienzos de la Guerra.
    Chinaski -o mejor dicho, Bukowski- rememora sus penosos años de infancia, adolescencia y juventud, con esta ácida y corrosiva novela.
    La tierra prometida es un hediondo saco de mierda p ...continue

    Retrato zafio, fiero, crudo y descarnado, de la noqueada América de la Gran Depresión y comienzos de la Guerra. Chinaski -o mejor dicho, Bukowski- rememora sus penosos años de infancia, adolescencia y juventud, con esta ácida y corrosiva novela. La tierra prometida es un hediondo saco de mierda por el que pululan padres brutales, madres pasivas, matoncetes de barrio, débiles lameculos, y sufridos supervivientes sin recursos que no creen absolutamente en nada. La parada del bus sólo conduce a la oficina del paro, a una universidad precaria, al aislamiento individual, y a la botella como fatal compañera de infortunios y problemas. Francamente extraordinaria, y sumamente adictiva.

    said on 

  • 4

    Ham On Rye explores the brutal, brooding and sexual life of low income post depression teenage existence. Charles Bukowski has a unique but Hemingway-like writing style that is short, direct and insightful. All in all a great and intense read.

    said on 

  • 4

    Mi segunda novela de uno de los escritores más gamberros y desvergonzados que existe, que en mi opinión cuenta mucho más a su favor a la hora de narrar. No ha llegado a decepcionarme aún, ya que tiene un punto muy muy a su favor: que no tiene pelos en la lengua y es natural y espontáneo como la v ...continue

    Mi segunda novela de uno de los escritores más gamberros y desvergonzados que existe, que en mi opinión cuenta mucho más a su favor a la hora de narrar. No ha llegado a decepcionarme aún, ya que tiene un punto muy muy a su favor: que no tiene pelos en la lengua y es natural y espontáneo como la vida misma.

    said on 

  • 4

    Miserias, Conformismo y Realidad

    Tremendo libro, semi autobiográfico, donde Bukowski nos describe su terrible infancia y adolescencia.
    El estilo de Bukowski es directo y descarnado tanto en su estilo como en su contenido, no pierde el tiempo con figuras retóricas y muestra situaciones de gran crudeza sin ocultar nada.
    Quizá por ...continue

    Tremendo libro, semi autobiográfico, donde Bukowski nos describe su terrible infancia y adolescencia. El estilo de Bukowski es directo y descarnado tanto en su estilo como en su contenido, no pierde el tiempo con figuras retóricas y muestra situaciones de gran crudeza sin ocultar nada. Quizá por eso se le considera uno de los últimos autores malditos de la literatura norteamericana, su falta de reparos a la hora de mostrar un mundo de seres miserables y su propia biografía llena de episodios truculentos hacen de él uno de esos autores de culto que atraen y repelen con la misma fuerza. La sombra del perdedor es una novela que impresiona por la falta de moralidad de sus personajes, que hay que ver más desde la amoralidad que desde la inmoralidad, la falta de ilusiones y la total pasividad ante su situación, empezando por el protagonista, Henry Chinaski, alter ego del autor, que se hunde y regodea en su papel de perdedor, de maldito, y solo encuentra refugio en el alcohol y la violencia en un retrato de conformismo absoluto. Pero siendo la novela un auténtico paseo por el infierno, la narración aséptica de los hechos resulta muy atractiva por el mero hecho de no juzgarlos, de mostrarlos como la realidad miserable que le toca vivir a mucha gente y de la que hacen poco por salir. En resumen, lectura no apta para espíritus sensibles, pero imprescindible para el que quiera conocer el lado más oscuro del sueño americano, así como los efectos de crecer en un entorno desprovisto del más mínimo atisbo de cariño o atención.

    said on 

  • 3

    Forse mi aspettavo qualcosa di più profondo, forse ormai sono lontana dallo spirito di ribellione adolescenziale.. Questo libro da solo una cruda e realistica biografia in cui niente viene tralasciato, anche particolari che francamente avrei preferito non sapere =)

    said on 

  • 3

    Al principio me pareció interesante y la primera mitad me la leí del tirón, pero según iba avanzando fui perdiendo el interés y ya las últimas páginas sólo las leí por encima.

    said on 

  • 4

    Las novelas de Bukowski me recuerdan a un combate de boxeo, una pelea donde lo importante es mantenerse en pie, demostrar dureza, superar el miedo en los primeros golpes y sentir cómo ese miedo desaparece cuando los ojos vuelven a fijar el mundo alrededor. En las palabras de Bukowski hay sangre, ...continue

    Las novelas de Bukowski me recuerdan a un combate de boxeo, una pelea donde lo importante es mantenerse en pie, demostrar dureza, superar el miedo en los primeros golpes y sentir cómo ese miedo desaparece cuando los ojos vuelven a fijar el mundo alrededor. En las palabras de Bukowski hay sangre, heridas abiertas y dolor, hay abismos, sexo e indolencia, hay perdedores, buscavidas y supervivientes que intentan desmarcarse de una vida preestablecida y una sociedad anodina.

    En “La senda del perdedor” no hay redención o un momento donde todo encaje y adquiera sentido, tampoco una visión romántica del amor o la camaradería, ni un instante de descanso o esperanza. Es lo que me gusta de Bukowski, retrata un mundo de supervivientes, de seres que se hacen a un lado de la sociedad, que se mantienen en posición de lucha aún sabiendo que la victoria y la derrota están separadas por una linea muy fina. Bukowski muestra las sombras en vez de las luces, una vida subterránea e invisible, habitaciones sórdidas, bares en penumbra, barrios pobres, colas de parados, combates de boxeo en los patios de colegio.

    Bukowski retrata los primeros años de su anti héroe Henry Chinaski en “La senda del perdedor”, y lo hace con su habitual intensidad, frases cortas que te golpean con un ritmo implacable, una narración vertiginosa, una mirada al otro lado del sueño americano, una sociedad resquebrajada tras la depresión que ha dejado un país de gente pobre, desilusionada y sin fuerza. Es en esos barrios pobres y desempleados que aparentan tener un trabajo donde crece Chinaski, la ausencia de ilusiones y porvenir, la vida como un combate, la amistad como algo frágil y difícil y el sexo inalcanzable. Bukowski se detiene en los desarraigados y los perdedores.

    Cada parcela de la vida de Chinaski parece un combate de boxeo, el padre y sus palizas inesperadas, una manera de calibrar la fuerza y la disminución del miedo en Chinaski hasta que cambian las tornas en su adolescencia; la lejanía de la madre y la falta de refugio, un combate perdido; las marcas y cicatrices de un acné salvaje que retraerá aún más al joven Chinaski y que le permiten ver todo a una distancia justa; los amigos que aparecen y desaparecen sin dejar un rastro palpable; el sexo como el gran combate a descubrir, faldas que dejan al descubierto la blancura de unas piernas y el vértigo de Chinaski ante algo desconocido; los primeros trabajos que le hacen ver cómo se reproducen los prejuicios clasistas de la sociedad en los grandes almacenes; la soledad como forma de mantenerse en pie en ese continuo combate. Y tal vez sea eso, seguir de pie sin importar el resultado final ni las cicatrices.

    Hay dos momentos de especial intensidad. Chinaski descubre la literatura, y en cada libro, otros combates y una vía de escape. "Me leí todos los libros de D. H. y esos me condujeron a otros. A H. D., la poetisa. Y Huxley, el más joven de los Huxley y amigo de Lawrence. Todo me vino de golpe. Un libro me llevaba al siguiente. Así descubrí a Dos Passos. No era demasiado bueno, realmente, pero sí lo bastante. Su trilogía sobre los Estados Unidos me costó leerla más de un día. Dreiser no me gustaba. Sherwood Anderson sí. Y entonces vino Hemingway. ¡Qué subyugante! Sabía cómo escribir una línea. Era puro gozo. Las palabras no eran abstrusas sino cosas que hacían vibrar tu mente. Si las leías y permitías que su hechizo te embargara, podías vivir sin dolor, con esperanza, sin importarte lo que pudiera sucederte. ( … ) Turgueniev era un tipo muy serio, pero podía hacerme reír porque el encontrar una verdad por vez primera puede ser muy divertido. Cuando la verdad de alguien es la misma que la tuya y parece que la está contando sólo para ti... eso es fantástico. Leía libros por la noche, de ese modo, bajo las mantas y con la sobrecalentada lamparilla. Leer todos esos buenos párrafos mientras te sofocabas... era hechizante".

    Y este fragmento, como un pequeño relato corto dentro de La senda del perdedor, resume la mirada de Bukowski, uno de mis favoritos dentro de su obra: Un día yo estaba por ahí, esperando como de costumbre, sin mantener relaciones de amistad con la pandilla y sin querer volver a tenerlas, cuando Gene se acercó corriendo. —¡Eh, Henry, ven! —¡VEN! Gene empezó a correr y yo corrí detrás suyo. Bajamos hasta el jardín trasero de los Gibson. Los Gibson tenían un gran muro de ladrillos que rodeaba el jardín. —¡MIRA! ¡TIENE ARRINCONADO AL GATO! ¡LO VA A MATAR! Había un gatito blanco arrinconado en una esquina del muro. No podía subir ni podía huir en ninguna dirección. Estaba encorvado con el pelo erizado y bufaba, con las uñas sacadas. Pero era muy pequeño y Barney, el bulldog de Chuck, gruñía y se acercaba cada vez más. Tuve la sensación de que los chicos habían puesto ahí al gato y luego habían traído al bulldog. Me parecía casi seguro por la forma en que Chuck, Eddie y Gene miraban la escena: tenían un aspecto culpable. —Lo habéis puesto ahí vosotros —dije. —No —dijo Chuck—, es culpa del gato. Se ha metido ahí. Que luche para escapar. —Sois odiosos, so bestias. —Barney va a matar al gato —dijo Gene. —Barney lo va a hacer pedazos —dijo Eddie—. Le dan miedo las garras, pero cuando ataque, se acabó. Barney era un gran bulldog marrón con unas fauces flaccidas y babeantes. Era gordo y estúpido, con ojos inexpresivos. Su gruñido era constante y cada vez se acercaba más, con los pelos del cuello y el lomo erizados. Tuve ganas de darle una patada en su estúpido culo, pero supuse que me arrancaría la pierna de un mordisco. Estaba totalmente decidido a consumar el asesinato. El gato blanco todavía no había crecido del todo. Bufaba y aguardaba, apretado contra la pared, era una hermosa criatura, tan limpio. El perro se movía lentamente hacia delante. ¿Para qué necesitaban esto los chicos? No era algo donde tuviese cabida el valor, era sólo juego sucio. ¿Dónde estaba la gente mayor? ¿Dónde estaban las autoridades? Siempre estaban en todas partes acusándome. ¿Y ahora, dónde estaban? Pensé en acercarme corriendo, coger el gato y salir volando de allí, pero no tuve valor. Tenía miedo de que el bulldog me atacara. El saber que no tenía el valor de hacer lo que era necesario me hacía sentir horriblemente. Empecé a sentirme físicamente enfermo. Me sentía débil. No quería que ocurriese hasta que pensase en algo para impedirlo. —Chuck —dije—, deja al gato que se vaya, por favor. Llama a tu perro. Chuck no contestó. Sólo siguió mirando. Entonces dijo: —¡Barney, ve a por él! ¡Coge a ese gato! Barney se fue hacia delante y, de repente, el gato pegó un salto. Era una furiosa mancha blanca, toda bufidos, uñas y dientes. Barney retrocedió y el gato volvió a pegarse a la pared. —Ve a por él, Barney —dijo de nuevo Chuck. —¡Maldita sea, cállate! —le dije yo. —No me hables de ese modo —dijo Chuck. Barney empezó a moverse de nuevo. —¡Parad ya con esto! —dije. Oí un ligero sonido detrás nuestro y me volví a mirar. Vi al viejo señor Gibson mirando desde detrás de la ventana de su dormitorio. También quería que mataran al gato, igual que los chicos. ¿Por qué? El señor Gibson era nuestro cartero. Llevaba dientes postizos. Tenía una mujer que se pasaba todo el día dentro de casa. La señora Gibson siempre llevaba una red en el pelo e iba vestida con un camisón, bata y zapatillas. Entonces apareció la señora Gibson, vestida como siempre, y se puso al lado de su marido, esperando a que se cometiese el crimen. El viejo Gibson era uno de los pocos hombres del vecindario que tenían trabajo, pero aún así necesitaba ver cómo mataban al gato. Gibson era simplemente igual que Chuck, Eddie y Gene. Eran demasiados. El bulldog se acercó más. Yo no podía presenciar el asesinato. Me avergonzaba enormemente abandonar al gato así. Siempre había una posibilidad de que el gato escapara, pero sabía que no lo permitirían. El gato no estaba enfrentado solamente al bulldog, estaba enfrentándose a la humanidad entera. Me di la vuelta y me alejé, saliendo del jardín hasta la acera. Subí por la acera hasta mi casa y allí, esperando de pie en el jardín, estaba mi padre. —¿Dónde has estado? —me preguntó. Yo no contesté. —¡Entra —dijo—, y deja de poner esa cara de desgraciado o te daré algo que te hará sentir de verdad desgraciado! Charles Bukowski La senda del perdedor (traducción de Jorge G. Berlanga y Ernesto Giménez-Caballero Alba. Anagrama)

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  • 5

    Una gran novela que refleja cómo la sociedad puede destrozar la vida de alguien y, en particular, de un niño. Cómo todos pagan con él sus propias desgracias y cómo esto acaba moldeando una personalidad violenta e impasible.

    said on 

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