I luoghi più lontani

Di

Editore: Guanda

3.6
(48)

Lingua: Italiano | Numero di pagine: 236 | Formato: Paperback | In altre lingue: (altre lingue) Inglese , Tedesco , Francese , Spagnolo , Catalano , Danese

Isbn-10: 8860884314 | Isbn-13: 9788860884312 | Data di pubblicazione:  | Edizione 1

Traduttore: Cristina Falcinella , Lisa Raspanti

Disponibile anche come: Altri

Genere: Narrativa & Letteratura

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Descrizione del libro
Una donna ricorda la sua giovinezza nel gelo di un villaggio battuto dal vento all’estremità settentrionale della Danimarca, dove d’inverno il mare si copre di una lastra di ghiaccio e la gente di città sbarca solo per raggiungere le terme qualche chilometro più in là, e dove insieme a suo fratello Jesper sogna di partire per terre lontane, lei per la Siberia, lui per il Marocco.
Jesper è più grande di qualche anno, è bello e solare, ribelle e protettivo. Studia da rivoluzionario nella sua capanna sulla spiaggia; la ragazza lo segue, lo osserva, lo aspetta. I due fratelli sfidano l’atmosfera opprimente della famiglia, il padre, falegname indebitato, affettuoso ma chiuso e severo, la madre devota che passa le giornate a intonare inni religiosi al pianoforte e di sera racconta compiaciuta storie di morti annegati, il nonno rabbioso, alcolizzato e suicida.
Saranno la guerra e l’invasione nazista a separarli, a spingerli lontano da quel paese, lei a scoprire un’esistenza dura ma finalmente libera, lui a inseguire il suo sogno esotico in Nordafrica.
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    http://caminosquenollevananingunsitio.blogspot.com.es/2016/04/a-siberia-per-petterson.html

    Siberia como sueño por cumplir para la narradora de A Siberia, como lugar donde iniciar otra vida diferente a ...continua

    http://caminosquenollevananingunsitio.blogspot.com.es/2016/04/a-siberia-per-petterson.html

    Siberia como sueño por cumplir para la narradora de A Siberia, como lugar donde iniciar otra vida diferente a la de las granjas de los abuelos, a la carpintería y luego lechería del padre, a los salmos de la madre, a las carreras del caballo Lucifer y las piernas colgantes del abuelo suicida, a la mirada de los náufragos y fantasmas, la idea de Siberia sacada de los libros y que habla del frío, los samovares, las duras prendas de abrigo, la blancura cegadora, la idea (platónica) de sentirse y ser otro, de dejar atrás la propia vida.

    A Siberia es una novela intimista, la escritura de Petterson pausada y leve que se centra en las reflexiones y la mirada de una narradora sin nombre sobre su vida y la de quienes le rodean, una familia distanciada, los padres que parecen soportarse, los abuelos tiránicos, los vecinos del pueblo formado por marineros o borrachos, el hermano como único apoyo junto a los sueños, la hermana que anhela llegar a Siberia, el hermano que prefiere el sol y el calor de marruecos. Y es ahí, en esos sueños tan distantes, donde hermana y hermano separan sus caminos.

    Hay algo de pérdida en A Siberia. La narradora tiene a su hermano, su sueño de infancia de una tierra inhóspita, tiene viejas historias de marineros y la clandestinidad en tiempos de guerra, tiene la mano de su padre carpintero y la voz cantarina de su madre, tiene un trabajo en una cafetería y un hombre pelirrojo y tímido que se sienta junto a la ventana y espera. Pequeños momentos que va perdiendo a lo largo de vida, y en esa pérdida, el avance a algo nuevo e inesperado.

    La escritura de Petterson me recuerda, por momentos, a Kawabata, su idea de insinuar más que enseñar, la delicadeza de los trazos, la lentitud en la voz de la narradora, que se detiene en el miedo a los fantasmas, la vida tras las ventanas de las tabernas, el sonido del viento en los muelles, la llegada del ejército alemán al pequeño poblado, la sensación de ultraje y silencio al caminar entre los soldados alemanes o el paisaje que cambia fuera de la habitación. A Siberia transcurre con calma, son más esbozos que escenas detalladas.

    Hay un momento de una singular belleza. Es un invierno duro, el mar está congelado alrededor de las islas cercanas a la costa y Jesper, el hermano de la narradora, intenta llegar al faro patinando. La hermana lo espera en la orilla, pero el hermano no regresa. En la noche cerrada, el mar congelado, el sonido de unos patines que se apagan, la narradora siente lo frágil de los sueños.

    Me encanta cuando es verano y el viento cálido me sube por los muslos desnudos bajo el vestido, pero no creo que el frío me vaya a molestar. En Siberia tienen otro tipo de ropa que puedo aprender a usar y las cosas no serán como aquí, donde solo dispongo de un fino abrigo para protegerme del viento procedente del mar que separa Dinamarca y Suecia y lo traspasa todo. Ellos tienen gorros de piel de lobo, grandes chaquetas y botas con forro, y muchos de los que viven allí tienen aspecto de esquimales. Tal vez encaje, si me corto el pelo. Además, me montaré en el tren, miraré por las ventanillas y hablaré con extraños, y ellos me contarán cómo viven y cómo piensan y me preguntarán por qué he ido allí desde tan lejos, desde Dinamarca. Entonces responderé: «He leído sobre vosotros en un libro». Y beberemos té caliente del samovar y permaneceremos juntos en silencio, limitándonos a mirar.

    ***

    Llego a la cabaña, la rodeo y alcanzo la puerta de la parte trasera, que no es una puerta, sino una manta que Jesper ha colgado delante de la abertura para protegerse de la arena. Nunca está allí en invierno y el viento suele soplar desde el mar, así que de momento no le hace falta, y cuando entro de pronto está todo oscuro tras el brillo del sol de fuera. Me quedo quieta, esperando, y percibo el olor de la sal, de las algas que se secan al sol y de la brea de los troncos recalentados; todo huele a madera y calor y Jesper está tumbado sobre un colchón bajo la ventana, inspirando y espirando en medio de todo aquello. Duerme y lo veo más nítido cada vez que se le eleva el pecho. Da una impresión desnuda. Está tumbado sobre las mantas y lo veo desnudo por todas partes a la débil luz de la ventana en la que hemos colgado un mantelito que bordó mi madre. «Jesús vive», puso. Es una broma, Jesper y yo no creemos ni en Dios ni en Jesús. Me quedo inmóvil, conteniendo la respiración, porque nunca he visto así a mi hermano aunque llevamos años compartiendo cuarto, nunca lo he visto tan nítido ni tan completo. En su cabello oscuro hay partes descoloridas por el sol y tiene la piel morena, con una franja clara en torno a las caderas que resplandecen, y quiero dar media vuelta e irme, porque allí no puedo quedarme. Pero lo veo todo con claridad en la penumbra; su ropa en el suelo, la caña de pescar en un rincón y la fotografía de Lenin que ha recortado y colgado en la pared, además de una fotografía en la que salimos él y yo ante la casa de la tía Else, en Bangsbostrand. Yo con mi cara redonda y mi gran melena y él con pantalones cortos, moreno como un árabe, con una pelota bajo un brazo y el otro sobre mis hombros. Ahora me da la impresión que en esa foto somos muy pequeños, pero me acuerdo del momento en que la tomaron. Recuerdo el sol contra el que entornamos los ojos, y mi padre que no sale porque la tía Else le dijo: «Por Dios, Magnus, ¿no podrías sonreír por una vez», y él no quiso hacerlo y se apartó enfurruñado. Recuerdo el brazo de Jesper alrededor de mis hombros; todavía hoy, con solo cerrar los ojos, lo recuerdo, aunque ya he cumplido sesenta años y el lleva muerto más de la mitad de mi vida.
    Per Petterson. A Siberia. Traducción de Cristina Gómez Baggethun. Random House Mondadori.

    ha scritto il 

  • 4

    gli autori nordici sono quasi sempre molto cupi; qui sia per il gelido paesaggio sia per i personaggi. Ben a fuoco il tema centrale, un rapporto intensissimo tra fratello e sorella. Sotto la scorza du ...continua

    gli autori nordici sono quasi sempre molto cupi; qui sia per il gelido paesaggio sia per i personaggi. Ben a fuoco il tema centrale, un rapporto intensissimo tra fratello e sorella. Sotto la scorza dura, frammenti poetici e teneri.

    ha scritto il 

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    in una famiglia opprimente due fratelli sognano il futuro.
    Con un padre affettuoso ma chiuso e severo ed una madre devota e bigotta, la ragazzina sogna la Siberia e il ragazzo di diventare rivoluziona ...continua

    in una famiglia opprimente due fratelli sognano il futuro.
    Con un padre affettuoso ma chiuso e severo ed una madre devota e bigotta, la ragazzina sogna la Siberia e il ragazzo di diventare rivoluzionario in Marocco.
    Molto riassuntivo, concentratissimo queste due righe solo per ricordarmi dove collocarlo questo libro che non mi ha catturata. Primo perchè mi innervosisce leggere dopo quello che viene prima e poi ......... segue un filo che non mi ha catturata.

    ha scritto il 

  • 4

    Una ragazza senza nome in un fiordo danese molto a nord, un ambiente chiuso, prima della seconda guerra mondiale, i nazisti visti da vicino, un fratello grande complice, una madre immersa nei salmi e ...continua

    Una ragazza senza nome in un fiordo danese molto a nord, un ambiente chiuso, prima della seconda guerra mondiale, i nazisti visti da vicino, un fratello grande complice, una madre immersa nei salmi e rivolta solo a Dio, occasioni perdute, speranze, rimpianti e il sogno di andare in Siberia.

    ha scritto il 

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    Il ricordo è un vento freddo, incessante, che in estate increspa un mare colore del piombo e che di inverno spazza una distesa di ghiaccia.
    Il ricordo è un lembo di terra sigillato nel silenzio, nella ...continua

    Il ricordo è un vento freddo, incessante, che in estate increspa un mare colore del piombo e che di inverno spazza una distesa di ghiaccia.
    Il ricordo è un lembo di terra sigillato nel silenzio, nella rarefazione degli affetti, nella sensazione che la vita è tutta qui, che non ci sia una seconda chance, una possibilità di fuga.

    Però il ricordo sa essere anche sogno, intuizione di libertà, crampo di nostalgia.

    E' un libro singolare, I luoghi più lontani di Per Petterson, norvegese che ambienta questa sua storia nell'estremità più settentrionale della Danimarca. Singolare soprattutto per le emozioni che ti fa scorrere dentro. Libro ruvido come carta vetrata, accogliente come il tepore di un camino.

    Forse le stesse sensazioni che possono procurare certe terre settentrionali, dove la sottrazione delle cose e delle persone sa conquistare con ciò che è davvero essenziale.

    Una donna spinge il suo ricordo fino all'adolescenza, in questo Nord che è vero Nord, senza tanti fronzoli, gelo, alcol, inni religiosi, solitudine. Lei, una ragazzina. E lui, il fratello, di qualche anno più grande, come un fiore nel deserto, con il suo carattere solare e ribelle.

    Quanti sogni, nelle giornate dei due ragazzi, quante parole condivise e gelosamente serbate. Quanti luoghi che sono altri luoghi, mondi interi coltivati da questa lingua di terra.

    Luoghi come sogni, in effetti, o sogni come luoghi. L'altrove di altre possibilità. Lei la Siberia, lui il Marocco. I luoghi più lontani, e allo stesso più vicini, perché non è mai una questione di geografia.

    Poi la guerra, l'invasione nazista, la separazione, il cammino di una liberazione che non è solo liberazione da un nemico... e il ricordo che forse non è più quel vento freddo, che forse ora è il camino che riscalda.

    ha scritto il 

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    Una capanna sulla spiaggia nel nord della Danimarca, la fotografia di lei con suo fratello e una fotografia di Lenin. L'affetto fra fratelli ma due sogni diversi: il Marocco e la Siberia. Due strade c ...continua

    Una capanna sulla spiaggia nel nord della Danimarca, la fotografia di lei con suo fratello e una fotografia di Lenin. L'affetto fra fratelli ma due sogni diversi: il Marocco e la Siberia. Due strade che si dividono durante l'occupazione nazista. Libro dolce e malinconico.

    https://sites.google.com/site/pierfrancoravotto/8-blog/letture

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