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In Patagonia

(Penguin Classics)

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Publisher: Penguin Classics

3.8
(1992)

Language:English | Number of Pages: 240 | Format: Paperback | In other languages: (other languages) Chi traditional , Spanish , Italian , French , German , Dutch , Portuguese , Japanese

Isbn-10: 0142437190 | Isbn-13: 9780142437193 | Publish date: 

Also available as: Hardcover , Audio Cassette , eBook

Category: Biography , Fiction & Literature , Travel

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Book Description
In Patagonia is Bruce Chatwin's exquisite account of his journey through "the uttermost part of the earth," that stretch of land at the southern tip of South America, where bandits were once made welcome and Charles Darwin formed part of his "survival of the fittest" theory. Chatwin's evocative descriptions, notes on the odd history of the region, and enchanting anecdotes make In Patagonia an exhilarating look at a place that still retains the exotic mystery of a far-off, unseen land. An instant classic upon publication in 1977, In Patagonia remains a masterwork of literature.
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  • 4

    http://despuesdelnaufragio.blogcindario.com/2014/11/01653-en-la-patagonia-bruce-chatwin.html


    La piel de un animal prehistórico en una vitrina, un marino que naufraga en el estrecho de Magallanes y se queda a vivir en aquellas tierras, un viaje a la Patagonia donde se solapan los tiempos y, ...continue

    http://despuesdelnaufragio.blogcindario.com/2014/11/01653-en-la-patagonia-bruce-chatwin.html

    La piel de un animal prehistórico en una vitrina, un marino que naufraga en el estrecho de Magallanes y se queda a vivir en aquellas tierras, un viaje a la Patagonia donde se solapan los tiempos y, a cada paso, las historias de un puñado de personajes errantes y los vestigios de tiempos remotos, los estratos que hablan de épocas y animales desaparecidos, los extranjeros que sienten la Patagonia como su patria y su hogar, granjeros, comerciantes, vagabundos que encuentran en otra tierra aquello que anhelaban, las historias personales (las motivaciones y los recuerdos) y la historia que habla de los primeros pobladores, de los estudiosos del pasado, de cómo se conformó la Patagonia, los desiertos extraños y los habitantes aún más extraños.

    En la Patagonia es un libro de tiempos, tierra y aventura, está el viajero que parte para buscar su pasado, las huellas de un pariente lejano que había encontrado los restos de un animal prehistórico, está la mirada ante una tierra nueva y las descripciones asombradas, está todo lo que se espera de un libro de viajes pero, En la Patagonia, está, sobre todo, el tiempo más que el espacio, los estratos que hablan de otras épocas y las ruinas que traen el recuerdo de forajidos de leyenda, los personajes que encuentran arraigo en una tierra ajena y que tejen una red temporal a su alrededor.

    Chatwin se encuentra con las huellas de Butch Cassidy y Sundance Kid y animales casi mitológicos, con los primeros pobladores y los naufragios de las expediciones marinas, con una cárcel en el fin del mundo y anarquistas que lucharon hasta la sangre, con galeses, escoceses, ingleses o alemanes que replicaban su tierra lejos de ella, la mezcla de la nostalgia por la patria y las raíces hundidas en un nuevo paraje desértico donde asistir a otras vidas y costumbres, donde sentirse extranjeros y en casa, una mezcla propia, una forma de mirar y sentir el mundo. Chatwin describe aquello que ve, se sube a camionetas o anda kilómetros entre granjas y estancias, se encuentra con vagabundos que buscan minas donde trabajar y curas que reinventan el pasado y, sobre todo, con tiempos e historias cruzados, historias a través de los libros y los lugareños, algunas que se acercan a la leyenda, otras que recuerdan a Darwin, Fitzroy y los indios arrancados de sus tierras como imagen del buen salvaje en el viejo mundo, la mayoría que hablan de vidas sencillas en un paisaje único.

    Como dice Isabel Bono sobre Chatwin, Chatwin, sin duda, metió en su mochila una lata de sardinas y media botella de champán, y dijo que el libro sería un intento de dar una visión cubista de la región: describir lo que vea y oiga a su alrededor evitando escribir sobre lo que siente.

    La Patagonia empieza en el río Negro. A mediodía el autocar atravesó un puente de hierro tendido sobre el río y se detuvo frente a un bar. Una india se apeó con su hijo. Había ocupado dos asientos con su mole. Mascaba ajo y usaba unos pendientes tintineantes de oro puro y un sombrero blanco y rígido prendido sobre las trenzas. Una expresión de terror abstracto cruzó por las facciones del niño cuando ella maniobró consigo misma y con sus paquetes para bajar a la calle.
    Las casas estables del pueblo eran de ladrillo, con chimeneas negras y una madeja de cables eléctricos en lo alto. Allí donde terminaban las casas de ladrillo empezaban las chozas de los indios. Estas se hallaban compuestas por parches: cajas de embalar, láminas de plástico y arpilleras.
    Un hombre solitario marchaba calle arriba, con el sombrero de fieltro marrón encasquetado sobre el rostro. Transportaba una bolsa y se internaba entre las nubes blancas de polvo, rumbo al campo. Unos niños se refugiaron en un portal, y se pusieron a atormentar a un cordero. Desde una choza llegaba el ruido de la radio y de grasa siseante. Un brazo musculoso se asomó y arrojó un hueso a un perro. El perro lo cogió y salió disparado.
    Los indios eran trabajadores migratorios llegados del sur de Chile. Eran araucanos. Hasta hace un siglo los araucanos habían sido increíblemente feroces y bravos. Se pintaban el cuerpo de rojo, desollaban vivos a sus enemigos y succionaban los corazones de los muertos. A sus hijos varones les enseñaban a cosechar, a montar a caballo, a beber, a ser insolentes y a practicar el atletismo sexual, y durante tres siglos aterrorizaron a los españoles. En el siglo XVI, Alonso de Ercilla escribió un poema épico en su honor y lo llamó La Araucana. Voltaire lo leyó y por su intermedio los araucanos se convirtieron en candidatos al título de Buen Salvaje (versión fuerte). Los araucanos siguen siendo muy fuertes y lo serían mucho más aún si dejaran la bebida.
    Fuera del pueblo había plantaciones irrigadas de maíz y calabazas, y huertos de cerezos y albaricoqueros. A lo largo del cauce del río, los sauces eran agitados por el viento y mostraban la cara inferior plateada de sus hojas. Los indios habían estado cortando mimbres y se veían ramas blancas y frescas y se olía el aroma de la savia. El río había sido engrosado por el deshielo de los Andes, y discurría velozmente y hacía chasquear los juncos. Las golondrinas cazaban insectos. Cuando sobrevolaban la ribera, el viento las atrapaba, las tumbaba en una inversión aleteante de su vuelo y las hacía planear nuevamente a ras del agua.
    La ribera se empinaba sobre el embarcadero del trasbordador. Trepé por un sendero y desde la cima miré aguas arriba en dirección a Chile. Divisaba el río, que refulgía y se deslizaba entre pendientes blancas como huesos, con franjas de cultivos color esmeralda a ambos lados. Más allá de los taludes se extendía el desierto. Sólo se oía el viento, que zumbaba entre las espinas y silbaba entre la hierba seca, y no se veía ninguna señal de vida, exceptuando un chimango y un escarabajo negro que descansaba sobre las piedras blancas.
    El desierto patagónico no es un desierto de arena o guijarros, sino un matorral bajo de arbustos espinosos, de hojas grises, que despiden un olor amargo cuando los aplastan. A diferencia de los desiertos de Arabia no ha producido ningún desborde espiritual dramático, aunque sí ocupa un lugar en los anales de la experiencia humana. Charles Darwin juzgó irresistibles sus cualidades negativas. Al resumir El viaje del Beagle intentó explicar, sin éxito, por qué estos «eriales yermos» se habían apoderado con tanta fuerza de su mente, con mucha más fuerza, en verdad, que cualesquiera de los otros prodigios que había visto.
    En los años 1860, W. H. Hudson viajó a Río Negro en busca de las aves migratorias que pasaban el invierno cerca de su casa de La Plata. Años más tarde, evocó aquel viaje a través del filtro de su pensión de Notting Hill, y escribió un libro tan sosegado y cuerdo que, por comparación, Thoreau parece un energúmeno. Hudson consagra un capítulo íntegro de Días de ocio en la Patagonia a contestar el interrogante de Darwin, y llega a la conclusión de que quienes deambulan por el desierto descubren en sí mismos una serenidad primigenia (que también conoce el salvaje más simple), tal vez idéntica a la Paz de Dios.
    Bruce Chatwin
    En la Patagonia (traducción de Eduardo Goligorsky. Quintento. Ediciones Península)

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  • 4

    piacevolmente sorpresa

    Si discosta da quello che ci si potrebbe aspettare pensando di leggere un "classico" libro di viaggio.
    Nessuna descrizione poetica dei luoghi, nessun resoconto di emozioni, ma un susseguirsi di racconti ed episodi curiosi, spesso poco noti, della vita della Patagonia, man mano che il viaggi ...continue

    Si discosta da quello che ci si potrebbe aspettare pensando di leggere un "classico" libro di viaggio.
    Nessuna descrizione poetica dei luoghi, nessun resoconto di emozioni, ma un susseguirsi di racconti ed episodi curiosi, spesso poco noti, della vita della Patagonia, man mano che il viaggio procede da Buenos Aires alla Terra del Fuoco.
    Potrebbe inizialmente dare l'impressione di essere un libro frammentario e quasi confusionario, in effetti Chatwin non segue una cronolgia precisa nei suoi racconti, rende comunque a pieno lo spirito dei posti visitati: storie di emigranti, proprietari, terrieri, esploratori, banditi, indios, aneddoti e storie di marinai, ma anche colonizzatori.
    Sono stata inizialmente incuriosita e finalmente positivamente sorpresa da questo libro, per cui se avete l'occasione, vi suggerisco assolutamente di leggerlo.

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  • 2

    Incolore

    Avevo caricato questo libro di troppe aspettative.
    Resoconto di viaggio frammentato, in cui Chatwin mescola la propria esperienza on the road in Patagonia e la storia di questa terra, decisamente affascinante, ma bisogna dire che l'errante Chatwin rende poco e male questo fascino. Speriamo ...continue

    Avevo caricato questo libro di troppe aspettative.
    Resoconto di viaggio frammentato, in cui Chatwin mescola la propria esperienza on the road in Patagonia e la storia di questa terra, decisamente affascinante, ma bisogna dire che l'errante Chatwin rende poco e male questo fascino. Speriamo che i suoi prossimi libri siano migliori.

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  • 5

    “La Patagonia!.. è un'amante difficile. Lancia il suo incantesimo. Un'ammaliatrice! Ti stringe nelle sue braccia e non ti lascia più”.
    Leggere un grande libro, per quanto mitico possa essere e per quanto se ne possa aver sentito parlare, non può non riservare grandi sorprese.
    “In Pata ...continue

    “La Patagonia!.. è un'amante difficile. Lancia il suo incantesimo. Un'ammaliatrice! Ti stringe nelle sue braccia e non ti lascia più”.
    Leggere un grande libro, per quanto mitico possa essere e per quanto se ne possa aver sentito parlare, non può non riservare grandi sorprese.
    “In Patagonia” non sarà forse “il libro simbolo di tutti i viaggi”, come afferma l’editore nella quarta di copertina calcando un po’ troppo l’entusiasmo. È però sicuramente l’archetipo del diario di viaggio contemporaneo, ma anche molto di più.
    Per Chatwin il viaggio è un pretesto per raccontare storie e per indagare su un passato misterioso. Questa è la sorpresa più grande che si ha leggendo “In Patagonia”.
    Il Chatwin bambino sognava la Patagonia da dove proveniva quel frammento di pelle di “brontosauro”, che in realtà era il milodonte cileno: “Alla morte della nonna finì buttato via, e io giurai che un giorno sarei andato a cercarne un altro per rimpiazzarlo”.
    Il Chatwin adolescente, in tempo di guerra fredda, sognava la Patagonia come posto sicuro, come rifugio per sottrarsi all'autodistruzione umana: “Nessuno vorrebbe lasciar cadere una bomba atomica sulla Patagonia”.
    Il Chatwin adulto concretizza la Patagonia come viaggio per ricercare i propri legami con il passato… e cercare se stesso: “Il mio Dio è il Dio dei viandanti. Se si cammina con abbastanza energia, probabilmente non si ha bisogno di nessun altro Dio”.
    Meno on the road di quanto si possa pensare, il romanzo di Chatwin acquista spesso la veste di un saggio con caratteri storico-enciclopedici. Un grande lavoro di ricerca e di consultazione di fonti è alla base di lunghe digressioni sull’origine del nome “Patagonia”, piuttosto che sul ritrovamento dei resti del milodonte nel fiordo di Ultima speranza.
    Chatwin aveva da tempo in progetto di scrivere un trattato sul nomadismo, che analizzasse la pulsione umana verso gli spazi aperti e il movimento, l’avversione per la stanzialità. Un’opera mai realizzata, sebbene l’ideale di fondo che lo muoveva si possa riscontrare in molti suoi scritti, alcuni dei quali racconti postumi nel saggio “Anatomia dell’irrequietezza”.
    Il tema del viaggio è quasi un contorno di un generale spirito asetticamente psicologico che permea ogni frase, ogni avventura narrata.
    Tra le vicende riportate da Chatwin, quelle del Re di Araucania e Patagonia, la fuga di Butch Cassidy e Sundance Kid, le rivolte sociali del ‘900. Ma anche tante storie di gente del posto, che ci restituiscono la sensazione della Patagonia quale lontano, malinconico e multietnico micromondo.
    E poi, ovviamente, Chatwin ci racconta la storia di Charley Milward, il parente avventuriero che aveva mandato alla nonna quel frammento di pelle “spesso e coriaceo, con ciuffi di ispidi peli rossicci”, che tanto aveva solleticato la sua immaginazione da bambino.
    Il viaggio nella sua dimensione umana: storie locali più che mera descrizione di luoghi. Eppure il luogo (o il non luogo) è protagonista assoluto in quanto catalizzatore, ispiratore di tutte quelle esperienze e sensazioni.
    “Mentre l'autobus attraversava il deserto, guardavo assonnato i brandelli di nuvole d'argento che si spostavano in cielo, e il mare grigio-verde di sterpaglia spinosa sparsa sulle ondulazioni del terreno e la polvere bianca che il vento sollevava dalle saline e, all'orizzonte, la terra e il cielo che si fondevano, mescolando e annullando i loro colori”.
    “Vento implacabile, che ti porta via. A volte senti un camion, sei sicuro che sia un camion, ma è solo il vento”.
    Chatwin ispira un'idea diversa, molto concreta, di viaggio: quella di avere uno scopo, per quanto effimero e futile (ritrovare il frammento di pelle di milodonte). Uno scopo che è forse in realtà soltanto un pretesto. Ma di pretesti, del resto, ci nutriamo ogni giorno.
    Lo stile di Chatwin è asciutto, asettico, con una particolarità importante: la capacità di narrare restando sostanzialmente al di fuori, evitando i personalismi. Qualcosa di sicuramente atipico per un diario di viaggio.
    Un libro che cattura, senza che si possa dire bene per cosa, e forse questa è una delle sue forze.
    In Patagonia ha un fascino magnetico.

    said on 

  • 3

    Mi aspettavo proprio questo

    Eppure mi ha deluso. Forse il troppo distacco, che non è mancanza di emozione, ma una rinuncia a comprendere ciò che viene visto.
    La Patagonia è altra terra ora, invano se ne cercherebbero le radici in questo libro. E' come se fosse la storia non degli alberi, ma delle foglie che ne sono ca ...continue

    Eppure mi ha deluso. Forse il troppo distacco, che non è mancanza di emozione, ma una rinuncia a comprendere ciò che viene visto.
    La Patagonia è altra terra ora, invano se ne cercherebbero le radici in questo libro. E' come se fosse la storia non degli alberi, ma delle foglie che ne sono cadute.

    said on 

  • 3

    Opera frammentaria , si passa dall'antropologia alla letteratura, alla biografia di personaggi famosi a vita vissuta dall'autore. La piacevolezza della lettura risente molto di questi strappi come dello stile pomposo e barocco, sembra quasi Conrad non uno scrittore di quaranta anni fa.
    Da l ...continue

    Opera frammentaria , si passa dall'antropologia alla letteratura, alla biografia di personaggi famosi a vita vissuta dall'autore. La piacevolezza della lettura risente molto di questi strappi come dello stile pomposo e barocco, sembra quasi Conrad non uno scrittore di quaranta anni fa.
    Da leggere i rimandi a Bucth Cassidy , Shakespeare, Darwin, e i gallesi.... La storia del milodonte che in parte giustifica il tutto è poco sentita.

    said on 

  • 2

    Non mi ha esaltato. Personalmente ritengo che la fama di questo romanzo sia superiore al suo valore effettivo. “Il libro simbolo di ogni viaggio” recita la 4a di copertina... mah.
    “In Patagonia” è un reportage più sulle persone che sui luoghi. Personaggi prevalentemente europei, stabilitisi ...continue

    Non mi ha esaltato. Personalmente ritengo che la fama di questo romanzo sia superiore al suo valore effettivo. “Il libro simbolo di ogni viaggio” recita la 4a di copertina... mah.
    “In Patagonia” è un reportage più sulle persone che sui luoghi. Personaggi prevalentemente europei, stabilitisi in Patagonia per le più disparate ragioni.
    Chatwin però descrive questi incontri sempre con freddezza, distacco, con un certo snobismo e razzismo reazionario tipicamente british.
    Storie di banditi, indios, immigrati europei, studiosi di archeologia, missionari, marinai e rivoluzionari completamente slegate tra di loro, senza alcun filo conduttore se non il semplice fatto di svolgersi in Patagonia.
    Credo che in fin dei conti valga la pena leggerlo, non è una lettura da buttare. Ma non aspettatevi Garcia Marquez o Sepulveda.
    Io non credo che leggerò altro di Chatwin, comunque.

    said on 

  • 3

    Interessante romanzo on the road sul viaggio dell'Autore in Patagonia, alla riscoperta dei pionieri dell'ottocento e inizi novecento, delle storie passate e presenti dei suoi abitanti, con le loro tradizioni originali (del Galles, della Germania, dell'Inghliterra….), dei trascorsi della banda di ...continue

    Interessante romanzo on the road sul viaggio dell'Autore in Patagonia, alla riscoperta dei pionieri dell'ottocento e inizi novecento, delle storie passate e presenti dei suoi abitanti, con le loro tradizioni originali (del Galles, della Germania, dell'Inghliterra….), dei trascorsi della banda di Butch Cassidy e Sundance Kid, della scoperta di scheletri di animali preistorici…
    Consigliato.

    said on 

  • 3

    Viaggiare con Chatwin è come avanzare di storia in storia, di piccoli o grandi avvenimenti in piccoli o grandi avvenimenti. Il paradigma umano che l' “esploratore” inglese incontra nel suo cammino in Patagonia o che ci racconta è svariato, eterogeneo, complesso o estremamente semplice. Intere com ...continue

    Viaggiare con Chatwin è come avanzare di storia in storia, di piccoli o grandi avvenimenti in piccoli o grandi avvenimenti. Il paradigma umano che l' “esploratore” inglese incontra nel suo cammino in Patagonia o che ci racconta è svariato, eterogeneo, complesso o estremamente semplice. Intere comunità di gallesi che vivono lontani dalla patria quel tanto per cui quando in Galles è inverno da loro è estate, anarchici russi che hanno speso metà della loro esistenza in prigione, estimatori di Pinochet, peones, italiani che fanno gli italiani e tedeschi che credono che la civiltà si sia fermata ai tempi della Prussia. E poi, appunto, racconti di pirati, di gringos dalla pistola facile, di famosi navigatori, di Re e Imperatori. «Tierra del Fuego, Terra del Fuoco. I fuochi erano quelli di un campo di indios fuegini. Secondo un'altra versione Magellano vide solo fumo e la chiamò Tierra del Humo, Terra del Fumo, ma Carlo V disse che non poteva esserci fumo senza fuoco, e cambiò il nome.»(pag. 148)
    Forse cercavo qualcosa di diverso. Qualcosa tipo “...Patagonia / Patagonia / Che Tensione!”. O magari qualcosa tipo il capitolo n. 23 e non questo forte taglio antropologico al viaggio che, devo dire, dopo un po' mi ha stancato.

    said on 

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