Le piccole virtù

Di

Editore: La Stampa (Collezione d'autore )

4.1
(664)

Lingua: Italiano | Numero di pagine: 116 | Formato: Tascabile economico | In altre lingue: (altre lingue) Inglese , Spagnolo

Data di pubblicazione: 

Disponibile anche come: Altri , Paperback , Copertina morbida e spillati , CD audio , Copertina rigida

Genere: Non-narrativa

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Descrizione del libro
Suppl. al quotidiano La Stampa
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  • 4

    http://caminosquenollevananingunsitio.blogspot.com.es/2017/02/las-pequenas-virtudes-natalia-ginzburg.html

    Hay algo excepcional en los primeros textos de Las pequeñas virtudes, ejercicios de memoria de ...continua

    http://caminosquenollevananingunsitio.blogspot.com.es/2017/02/las-pequenas-virtudes-natalia-ginzburg.html

    Hay algo excepcional en los primeros textos de Las pequeñas virtudes, ejercicios de memoria de una Italia en la segunda guerra mundial. Ginzburg recuerda sus días exiliados forzosos en los Abruzos, antes del regreso a la ciudad, antes de la tortura y muerte de su marido, del final de la guerra y el dolor. Extraños en una tierra que no es la suya, Ginzburg habla de un paisaje que acaba por reconocer, de la nostalgia y las huellas de su vida anterior, de los personajes curiosos que la saludan cada día, el carpintero que construía ataúdes, la muchacha de la limpieza, una pocas páginas donde la escritura es límpida y sencilla, evocadora y triste, y te colocan en el ánimo de un tiempo concreto. El final de Invierno en los Abruzos, el texto con el que se abre Las pequeñas virtudes, es asombroso

    El final del invierno despertaba en nosotros una especie de inquietud. Quizá alguien vendría a visitarnos: quizá por fin ocurriría algo. Nuestro exilio tenía que acabar alguna vez. Los caminos que nos separaban del mundo parecían más cortos; el correo llegaba con más frecuencia. Todos nuestros sabañones se curaban lentamente.
    Existe una cierta uniformidad monótona en los destinos de los hombres. Nuestras existencias se desarrollan según leyes antiguas e inmutables, según una cadencia propia, uniforme y antigua. Los sueños no se hacen nunca realidad, y en cuanto los vemos rotos, comprendemos de repente que las mayores alegrías de nuestra vida están fuera de la realidad. En cuanto vemos rotos nuestros sueños, nos consume la nostalgia por el tempo en que bullían dentro de nosotros. Nuestra suerte transcurre en ese alternarse de esperanzas y nostalgias.
    Mi marido murió en Roma en la cárcel de Regina Coeli, pocos meses después de que dejáramos el pueblo. Ante el horror de la muerte solitaria, ante las angustiosas alternativas que precedieron a su muerte, yo me pregunto si esto nos ocurrió a nosotros, a nosotros que comprábamos las naranjas en la tienda de Giró y nos paseábamos por la nieve. Entonces yo tenía fe en un porvenir fácil y alegre, lleno de deseos satisfechos, de experiencias y de empresas comunes. Pero aquella fue la mejor época de mi vida y solo ahora que ha pasado para siempre, solo ahora, lo sé.

    Los siguientes textos son igualmente hermosos y tristes, Los zapatos rotos, que simbolizan un cambio con el pasado, una forma de ver aquel presente de una época de totalitarismos y guerra y cómo afectaba a la población anónima. O Retrato de un amigo, sobre Pavese (y Turín), un admirable texto donde escritor y lugar se confunden, dos entidades donde prevalecen la niebla, una belleza extraña y la sombra de la muerte, la sencillez y emoción de Ginzburg al hablar de su amigo y asociarlo a la ciudad, su regreso a Turín y saber que ya quedan pocas cosas vivas a las que asirse. La escritura de Ginzburg es contención y fluidez, hablar con emoción pero sin sensiblería.

    La ciudad que amaba nuestro amigo sigue siendo la misma. Ha habido algún cambio, pero se trata de cambios menores: han puesto trolebuses, han hecho algún paso subterráneo. No hay cines nuevos. Siguen estando los antiguos, con los nombres de entonces: nombres que al repetirlos vuelven a despertar en nosotros la juventud y la infancia. Nosotros ahora vivimos en otra parte, en otra ciudad muy distinta, y más grande. Si nos encontramos y hablamos de nuestra ciudad, lo hacemos sin pena por haberla dejado, y decimos que ahora ya no podríamos vivir allí. Pero cuando regresamos, nos basta con cruzar el vestíbulo de la estación y caminar por la niebla de las avenidas para sentirnos como en nuestra casa y sentir, al mismo tiempo, que nosotros ya no tenemos motivos para estar en nuestra casa, porque aquí en nuestra casa, en nuestra ciudad, en la ciudad donde pasamos la juventud ya quedan pocas cosas vivas, y nos recibe una multitud de recuerdos y de sombras.

    La primera parte de Las pequeñas virtudes termina con un par de textos sobre Inglaterra, el hollín de las ciudades y el campo impoluto, los restaurantes con nombres extranjeros y la comida sosa, la melancolía de una tierra que parece buscar la perfección y que se queda en algo intermedio. El último texto, Él y yo, sobre su segundo marido, es a la vez divertido y amargo, la contraposición de marido y mujer y el paso del amor. Termino la primera parte de Las pequeñas virtudes y me asombra la sencillez y la palabra justa de Ginzburg, su apego a lo cotidiano, su manera de acercarse al exilio, la muerte, la memoria, sin excesos ni palabrería.

    El hijo del hombre abre la segunda parte y lo hace con un texto corto y contundente, la forma en la que la guerra ha cambiado a una generación, cómo es imposible mentir a los hijos con mundos oníricos cuando los mismo hijos han sido despertados a medianoche para huir. (Y ahora somos gentes sin lágrimas. Lo que conmovía a nuestros padres ya no nos conmueve en absoluto. Nuestros padres y la gente mayor que nosotros nos reprochan la forma que tenemos de criar a los niños. Querrían que mintiésemos a nuestros hijos como ellos nos mentían a nosotros. Querrían que nuestros niños se divirtieran con muñecos de felpa en graciosos cuartos pintados de rosa, con arbolitos y conejos pintados en las paredes. Querrían que cubriéramos de velos y mentiras su infancia, que mantuviésemos para ellos cuidadosamente oculta la realidad en su verdadera sustancia. Pero nosotros no lo podemos hacer. No podemos hacerlo con niños a los que hemos despertado en plena noche y hemos vestido nerviosamente en la oscuridad, para escapar y escondernos o porque la sirena de la alarma desgarraba el aire. No lo podemos hacer con niños que han visto el espanto y el horror en nuestra cara. No podemos ponernos a contarles a estos niños que los hemos encontrado en una col que quien ha muerto ha emprendido un largo viaje). En Mi oficio, Ginzburg recuerda su acercamiento a la escritura y su manera de entenderla, donde no hay que estafar con palabras ajenas a nosotros. Los últimos textos son realmente asombrosos. En Las relaciones humanas Ginzburg habla de ese viaje de la infancia a la maternidad, el mundo de los niños que se alejan de los padres, que buscan su propia identidad, que descubren los primeros dolores y los primeros amores y se separan de ellos para llegar a otros nuevos y acaban por ver en sus hijos aquella mirada dura que ellos dirigían a sus padres. Y Las pequeñas virtudes, donde se habla de la relación entre padres e hijos, de la educación y la verdadera importancia del dinero, del peligro de convertir a los hijos en copias y marionetas nuestras.

    Por lo que respecta a la educación de los hijos, creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia hacia el dinero; no la prudencia, sino el coraje y el desprecio por el peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor por la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo de éxito, sino el deseo de ser y de saber.
    Sin embargo, casi siempre hacemos lo contrario. Nos apresuramos a enseñarles el respeto a las pequeñas virtudes, fundando en ellas todo nuestro sistema educativo. De esta manera elegimos el camino más cómodo, porque las pequeñas virtudes no encierran ningún peligro material, es más, nos protegen de los golpes de la suerte. Olvidamos enseñar las grandes virtudes y, sin embargo, las amamos, y quisiéramos que nuestros hijos las tuviesen, pero abrigamos la esperanza de que broten espontáneamente en su ánimo, un día futuro, pues las consideramos de naturaleza instintiva, mientras que las otras, las pequeñas, nos parecen el fruto de una reflexión, de un cálculo, y por eso pensamos que es absolutamente necesario enseñarlas.

    Las pequeñas virtudes y la escritura de Ginzburg son excepcionales, la primera gran sorpresa lectora de este año. La edición de Círculo de lectores viene acompañada por las ilustraciones de Eva Vázquez, hermosas y evocadoras.
    Natalia Ginzburg. Las pequeñas virtudes. Traducción de Celia Filipetto. Ilustrado por Eva Vázquez. Círculo de lectores.

    ha scritto il 

  • 5

    Classici dimenticati (da me)

    Ho letto Il tempo migliore della nostra vita, di Antonio Scurati, che dovrebbe essere la biografia di Leone Ginzburg. In tempi di grande parlare della costituzione, avrei voluto conoscere meglio la vi ...continua

    Ho letto Il tempo migliore della nostra vita, di Antonio Scurati, che dovrebbe essere la biografia di Leone Ginzburg. In tempi di grande parlare della costituzione, avrei voluto conoscere meglio la vita di Leone Ginzburg. Il libro di Scurati è stato per me molto deludente, ma mi ha fatto venire voglia di leggere Natalia G., questa raccolta di saggi stupenda per scrittura e pudore. E il primo racconto, Inverno in Abruzzo, dice molto di più di Leone e di quelle straordinarie persone che tutto il libro di Scurati.

    ha scritto il 

  • 5

    Ho ascoltato questo audiolibro durante un lungo viaggio in macchina ed è entrato a far parte di quelle letture emozionanti che fanno la differenza dopo averle lette, perché in qualche modo cambiano il ...continua

    Ho ascoltato questo audiolibro durante un lungo viaggio in macchina ed è entrato a far parte di quelle letture emozionanti che fanno la differenza dopo averle lette, perché in qualche modo cambiano il modo di pensare e di vedere il mondo. I miei preferiti: Le scarpe rotte, Elogio e compianto dell'Inghilterra, Lui e io, Le piccole virtù. E' un libro da leggere, rileggere e regalare agli amici più cari e ai parenti. L'ultimo saggio, Le piccole virtù, dovrebbero impararlo a memoria tutti i genitori.

    ha scritto il 

  • 4

    Un libro "serio" ma ricco di riflessioni

    “Ognuno si sforza sempre di indovinare cosa fanno gli altri e si tormenta sempre a immaginare la verità e si muove come un cieco nel suo mondo oscuro tastando a caso le pareti e gli oggetti.”

    Può semb ...continua

    “Ognuno si sforza sempre di indovinare cosa fanno gli altri e si tormenta sempre a immaginare la verità e si muove come un cieco nel suo mondo oscuro tastando a caso le pareti e gli oggetti.”

    Può sembrare un libro "rassegnato" – la descrizione della vita dopo la guerra, le consuetudini della quotidianità e dei rapporti sociali - eppure è un libro "ricco".
    Amo copiare in un quadernetto le frasi che più mi toccano di un libro. In questo caso, essendo l'audiolibro letto dalla Mezzogiorno, ho dovuto prendere appunti in fretta, ma spesso.
    Ci sono molti punti in cui le sue considerazioni sono molto attuali, in particolare sull'educazione: "È falso che essi abbiano il dovere, di fronte a noi, d'esser bravi a scuola e di dare allo studio il meglio del loro ingegno. Il loro dovere di fronte a noi è puramente quello, visto che li abbiamo avviati agli studi, di andare avanti. Se il meglio del loro ingegno vogliono spenderlo non nella scuola, ma in altra cosa che li appassioni"

    ha scritto il 

  • 5

    Piccolo capolavoro, che intendo rileggere al più presto:
    "...Per quanto riguarda l'educazione dei figli, penso che si debbano insegnar loro non le piccole virtù, ma le grandi. Non il risparmio, ma la ...continua

    Piccolo capolavoro, che intendo rileggere al più presto:
    "...Per quanto riguarda l'educazione dei figli, penso che si debbano insegnar loro non le piccole virtù, ma le grandi. Non il risparmio, ma la generosità e l'indifferenza al denaro;
    non la prudenza, ma il coraggio e lo sprezzo del pericolo; non l'astuzia, ma la schiettezza e l'amore alla verità; non la diplomazia, ma l'amore al prossimo e l'abnegazione, non il desiderio del successo, ma il desiderio di essere e di sapere..."
    [...]
    "...Quello che deve starci a cuore, nell'educazione, è che nei nostri figli non venga mai meno l'amore alla vita. Esso può prendere diverse forme, e a volte un ragazzo svogliato, solitario e schivo non è senza amore per la vita, né oppresso dalla paura di vivere, ma semplicemente in stato di attesa, intento a preparare se stesso alla propria vocazione. E che cos'è la vocazione d'un essere umano, se non la più alta espressione del suo amore per la vita?..."

    ha scritto il 

  • 5

    E poi scopri lei. Una donna che ti parla come se ti sedesse accanto. Che ti racconta il mondo, la vita, i rapporti con semplicità e profondità insieme. E non credevi di poterti innamorare ancora così ...continua

    E poi scopri lei. Una donna che ti parla come se ti sedesse accanto. Che ti racconta il mondo, la vita, i rapporti con semplicità e profondità insieme. E non credevi di poterti innamorare ancora così di un libro. E invece niente. Sei innamorata.

    ha scritto il 

  • 5

    La naturalezza, la grazia e l'intelligenza di NG sono un unicum irripetibile. La bellezza della scrittura veicola senza manierismi il giudizio sull'universo mondo. Una raccolta di articoli che non ha ...continua

    La naturalezza, la grazia e l'intelligenza di NG sono un unicum irripetibile. La bellezza della scrittura veicola senza manierismi il giudizio sull'universo mondo. Una raccolta di articoli che non ha perso nulla della sua forza originaria. In ogni caso basta il ricordo di Cesare Pavese per rendere questa lettura fondamentale.

    ha scritto il 

  • 4

    "Lui e io" è tanto semplice e innocente quanto originale.
    Il ritratto di Pavese con poche semplici naturali frasi colpisce in pieno il bersaglio. Pavese, a cui era rimasto da conquistare la realtà quo ...continua

    "Lui e io" è tanto semplice e innocente quanto originale.
    Il ritratto di Pavese con poche semplici naturali frasi colpisce in pieno il bersaglio. Pavese, a cui era rimasto da conquistare la realtà quotidiana…
    "Il mio mestiere" è una delicata perla, dichiarazione d’amore e fedele passione di un umile artigiano.
    Coraggioso e profondo l’antagonismo tra piccole e grandi virtù ne "Le piccole virtù". Un piccole grande trattato educativo.

    ha scritto il 

  • 4

    Queste undici pillole di saggezza furono pubblicate sul Corriere della Sera e su altri quotidiani e riviste a partire dal 1944, successivamente raccolte in un volume arricchendole dall'inedito "lui ed ...continua

    Queste undici pillole di saggezza furono pubblicate sul Corriere della Sera e su altri quotidiani e riviste a partire dal 1944, successivamente raccolte in un volume arricchendole dall'inedito "lui ed io". Sono episodi della sua giovinezza, indimenticabili in cui emergono i diversi temi della nostra vita: amicizia, vergogna della guerra, amore nelle sue più profonde sfaccettature e conflitti, ed infine il sentimento intenso e violento di attrazione che turbò l’equilibrio psichico e la capacità di discernimento e di controllo dell'A. per il proprio lavoro. E' un saggio breve tra biografia e reportage in cui in una parte racchiude l'omaggio che l'autrice tributa a Cassola. Una nota: è di questi giorni la barbarie accaduta a Roma di due ragazzi che dopo aver speso ingenti somme di denaro in droga e alcool hanno voluto provare cosa volesse dire uccidere. Mi è subito tornato in mente il piccolo testo della Ginzburg, "Le piccole virtù", piccolo gioiello della nostra letteratura, uno di quei libri che ogni educatore, genitore e non, dovrebbe leggere ed assimilare. E' stata una riscoperta rileggerlo dopo così tanto tempo perché l'ho apprezzato moltissimo soprattutto per chi ha a cuore i ragazzi, i propri figli, ma anche il futuro di questo nostro mondo che i nostri ragazzi saranno i protagonisti a breve. Le parole e i pensieri della Ginzburg sono più che mai attuali: "Per quanto riguarda l'educazione dei figli, penso si debbano insegnare loro non le piccole virtù, ma le grandi. Non il risparmio, ma la generosità e l'indifferenza al denaro; non la prudenza, ma il coraggio e lo sprezzo del pericolo; non l'astuzia, ma la schiettezza e l'amore alla verità; non la diplomazia, ma l'amore al prossimo l'abnegazione; non il desiderio al successo, ma il desiderio di essere e sapere". Ecco, di solito noi genitori ci affrettiamo ad insegnare il rispetto per le piccole virtù scegliendo, in questo modo, la via più comoda ...

    ha scritto il 

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