Ma il mare dice no

Di

Editore: L'Ippocampo

4.1
(17)

Lingua: Italiano | Numero di pagine: 196 | Formato: Altri

Isbn-10: 8867220322 | Isbn-13: 9788867220328 | Data di pubblicazione:  | Edizione 1

Genere: Narrativa & Letteratura

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    A tutti quelli che amano dire no.

    "Pensavo a tutte le cose grandi, pure, magnifiche, che ci dicono di no. E perché mai dovrebbero dirci di sì e tollerare le nostre insulse carezze? Quelle che ci dicono di sì le calpestiamo, le distrug ...continua

    "Pensavo a tutte le cose grandi, pure, magnifiche, che ci dicono di no. E perché mai dovrebbero dirci di sì e tollerare le nostre insulse carezze? Quelle che ci dicono di sì le calpestiamo, le distruggiamo, le lasciamo e, dopo averle lasciate, scopriamo che ci hanno fatto star male. La terra dice di sì ai nostri progetti e alle nostre opere, ma il mare dice no.
    E noi, il mare, l'amiamo. Sempre."

    Karen Blixen

    Ma in opere come questa di de La Héronnière il lettore cosa cerca?
    Difficile spiegarlo. Forse semplicemente il piacere di leggere.
    O forse di imbattersi in un'analisi del personaggio di Montag di Fahrenheit 451: l'autrice ricorda l'episodio centrale del libro, quando Montag viene inviato ad incendiare la casa di un'anziana signora che ha il solaio pieno di libri. Lei si rifiuta di uscire. Non volendo sopravvivere alla loro scomparsa la donna si immola tra i volumi:

    "Ci dev'essere qualcosa di speciale nei libri, delle cose che non possiamo immaginare, per convincere una donna a restare in una casa che brucia."

    E' proprio vero che la vita si perpetua solo attraverso le domande.

    Oda al mar

    Aquí en la isla
    el mar
    y cuánto mar
    se sale de sí mismo
    a cada rato,
    dice que sí, que no,
    que no, que no, que no,
    dice que si, en azul,
    en espuma, en galope,
    dice que no, que no.
    No puede estarse quieto,
    me llamo mar, repite
    pegando en una piedra
    sin lograr convencerla,
    entonces
    con siete lenguas verdes
    de siete perros verdes,
    de siete tigres verdes,
    de siete mares verdes,
    la recorre, la besa,
    la humedece
    y se golpea el pecho
    repitiendo su nombre.
    Oh mar, así te llamas,
    oh camarada océano,
    no pierdas tiempo y agua,
    no te sacudas tanto,
    ayúdanos,
    somos los pequeñitos
    pescadores,
    los hombres de la orilla,
    tenemos frío y hambre
    eres nuestro enemigo,
    no golpees tan fuerte,
    no grites de ese modo,
    abre tu caja verde
    y déjanos a todos
    en las manos
    tu regalo de plata:
    el pez de cada día.

    Aquí en cada casa
    lo queremos
    y aunque sea de plata,
    de cristal o de luna,
    nació para las pobres
    cocinas de la tierra.
    No lo guardes,
    avaro,
    corriendo frío como
    relámpago mojado
    debajo de tus olas.
    Ven, ahora,
    ábrete
    y déjalo
    cerca de nuestras manos,
    ayúdanos, océano,
    padre verde y profundo,
    a terminar un día
    la pobreza terrestre.
    Déjanos
    cosechar la infinita
    plantación de tus vidas,
    tus trigos y tus uvas,
    tus bueyes, tus metales,
    el esplendor mojado
    y el fruto sumergido.

    Padre mar, ya sabemos
    cómo te llamas, todas
    las gaviotas reparten
    tu nombre en las arenas:
    ahora, pórtate bien,
    no sacudas tus crines,
    no amenaces a nadie,
    no rompas contra el cielo
    tu bella dentadura,
    déjate por un rato
    de gloriosas historias,
    danos a cada hombre,
    a cada
    mujer y a cada niño,
    un pez grande o pequeño
    cada día.
    Sal por todas las calles
    del mundo
    a repartir pescado
    y entonces
    grita,
    grita
    para que te oigan todos
    los pobres que trabajan
    y digan,
    asomando a la boca
    de la mina:
    "Ahí viene el viejo mar
    repartiendo pescado".
    Y volverán abajo,
    a las tinieblas,
    sonriendo, y por las calles
    y los bosques
    sonreirán los hombres
    y la tierra
    con sonrisa marina.
    Pero
    si no lo quieres,
    si no te da la gana,
    espérate,
    espéranos,
    lo vamos a pensar,
    vamos en primer término
    a arreglar los asuntos
    humanos,
    los más grandes primero,
    todos los otros después,
    y entonces
    entraremos en ti,
    cortaremos las olas
    con cuchillo de fuego,
    en un caballo eléctrico
    saltaremos la espuma,
    cantando
    nos hundiremos
    hasta tocar el fondo
    de tus entrañas,
    un hilo atómico
    guardará tu cintura,
    plantaremos
    en tu jardín profundo
    plantas
    de cemento y acero,
    te amarraremos
    pies y manos,
    los hombres por tu piel
    pasearán escupiendo,
    sacándote racimos,
    construyéndote arneses,
    montándote y domándote
    dominándote el alma.
    Pero eso será cuando
    los hombres
    hayamos arreglado
    nuestro problema,
    el grande,
    el gran problema.
    Todo lo arreglaremos
    poco a poco:
    te obligaremos, mar,
    te obligaremos, tierra,
    a hacer milagros,
    porque en nosotros mismos,
    en la lucha,
    está el pez, está el pan,
    está el milagro.

    Pablo Neruda

    ha scritto il