Más que una novela, Nocilla Dream es el principio de muchas novelas hábilmente ensambladas con material documental y propio en una sólida e inesperada docuficción, que opta por la descripción directa de acontecimientos mínimos y le debe mucho a proye Continue
Más que una novela, Nocilla Dream es el principio de muchas novelas hábilmente ensambladas con material documental y propio en una sólida e inesperada docuficción, que opta por la descripción directa de acontecimientos mínimos y le debe mucho a proyectos vanguardistas como el de París de Walter Benjamín (donde seguramente, ya en los años treinta, se inventa el zapping literario). En Nocilla dream, una de las apuestas narrativas más arriesgadas de los útimos años, proliferan las referencias al cine independiente norteamericano, a la historia del collage, al arte conceptual, a la arquitectura pragmática, a la evolución de los PCs y a la decadencia de la novela.
Agustín Fernández Mallo se fija en los outsiders del siglo XXI y sobre todo en la misteriosa conexión entre algunas vidas alternativas y globalizadas que transitan por escenarios de Serie B: rubias de burdel que sueñan con que algún cliente las lleve hacia el Este, ácratas que habitan en extrañas micronaciones, ancianos chinos adictos al surf, un exboxeador de San Francisco que quiere invertir la ruta de Colón a pie, un argentino que vive en un apartahotel de Las Vegas y construye un singular monumento a Jorge Luis Borges… Todos ellos atrapados en la metáfora conductora de los desiertos: un árbol en el desierto de Nevada del que cuelgan centenares de zapatos, un gasolinero en el desierto de Albacete que compone canciones marginales entre los surtidores, y siempre la belleza del vacío, que es al fin y al cabo el árido y sugerente conocimiento científico presente en todas las páginas de este visionario sueño.
Nocilla Dream, que puede soportar sin pesadumbre la etiqueta indie, es la primera pieza de una aventura narrativa, Proyecto Nocilla, que no debería pasar desapercibida.