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Reseña de El jugador, de Fiodor Dostoievski. -
“El jugador” (Bruguera, 1980) es una novela de Fiódor Dostoievski escrita en 1866 y publicada en 1867 sobre un joven tutor empleado por un antiguo general ruso. La novela refleja la propia adicción del autor al juego de la ruleta, que en más de un aspecto fue inspiración para el libro: Dostoievski c ... (
continue ) -
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Apr 6, 2010 |
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Hablando del asunto
***This comment contains spoilers! ***
Movido por varias recomendaciones y por una curiosidad reforzada por el hecho de compartir nombre de pila, llevaba un buen tiempo queriendo leer algo de este relativamente reciente escritor inglés. Finalmente decidí ignorar las obras concretas que me habían recomendado (El loro de Flaubert y Una his ... (continue)
Movido por varias recomendaciones y por una curiosidad reforzada por el hecho de compartir nombre de pila, llevaba un buen tiempo queriendo leer algo de este relativamente reciente escritor inglés. Finalmente decidí ignorar las obras concretas que me habían recomendado (El loro de Flaubert y Una historia del mundo en diez capítulos y medio) y atreverme con una cuyo título y contraportada me atrajeron: Hablando del asunto.
De buen principio nos encontramos ante una historia rematadamente arquetípica: un triángulo amoroso en que participan un hombre, su mujer y el mejor amigo de él, que acaba sintiendo algo por ella. Nada precisamente innovador, ¿no? Sin embargo, siempre defiendo el hecho de que la extravagancia gratuita resulta pobre. No hace falta buscar discursos absurdos que no vengan al caso o que encuentren su raíz en el mero afán de decir algo nuevo, aunque sea una tontería. El verdadero mérito es ceñirse a una historia universal y dotarla de una forma nueva y efectiva, que es lo que aquí ocurre.
Hablando del asunto es un relato polifónico que, aunque haya excepciones, es relatado por las tres voces partícipes del triángulo: Stuart, Gillian y Oliver. Barnes dota a cada personaje de una voz propia y bien construida de la que acabaremos por querer escuchar su opinión.
Los sucesos ocurren tal y como uno podría esperar de este tipo de historias. Pero aquí no estamos buscando ningún tipo de meta, sino que Barnes ha construido tan bien el camino que realmente lo que nos interesa es degustar cada intervención, disfrutar del paseo.
Ya de por sí todo comienza de una manera espléndida: se contrastan los caracteres de los tres personajes mediante el recuerdo de un choque de puntos de vista respecto a una cuestión meramente lingüística. A partir de un detalle trivial, vamos conociendo rápidamente a los tres personajes implicados tanto por cómo defienden su enfoque como por cómo relatan el suceso. Me parece brillante la manera tan sutil pero tan efectiva en que Barnes clava tan rápida y contundentemente a los tres personajes en la mente del lector mediante un recurso tan trivial.
Y ésa es otra de las cualidades de Hablando del asunto. En estos tiempos que corren, todo ha sido dicho de mil maneras distintas. Los métodos de la grandilocuencia se han ido convirtiendo en mero kitsch, en lugares tan comunes que llevan con demasiada facilidad al hastío y que se convierten rápidamente en recursos baratos, demasiado obvios. Esta novela brilla por su capacidad para demostrar que una de las soluciones para esta sobredosis de usos de los mismos temas reside en buscar nuevas significaciones para viejos significados. En lo trivial se haya la solución, en tanto que por una parte es algo original y por otra algo mucho más próximo al lector. La caracterización de los personajes mediante una discusión sobre el uso de las palabras, por ejemplo. Pero no se queda ahí. Quizá una de las imágenes más potentes de la novela es la de un peine roto del que se habla brevemente sobre la mitad del libro. A ojos de Oliver, el peine se convierte en un símbolo de la belleza de Gillian y de aquello que le enamora de ella. A ojos de Gillian, el peine sirve de apertura para contrastar a los dos hombres y darse cuenta de lo injustos que pueden ser los sentimientos que uno tiene y la incapacidad de controlarlos. Temas, por lo demás, que rozan el cliché, pero que Barnes sabe abordar a través de esta poderosa, trivial e inesperada imagen, la del peine roto. Más adelante, Stuart evidencia la rabia que le carcome y el amor que todavía siente por Gillian a través de una fórmula contundente y eficaz: preguntarse a sí mismo quién, ahora que él no está, corta el pomelo. Esto cobra sentido gracias a una pequeña anécdota que relata en una sola página y que, sin embargo, está cargada de una emoción que se cifra dentro de las acciones más intrascendentales, más superficiales. Pero ahí radica gran parte de la genialidad, considero, de Hablando del asunto.
Concluyendo, he de decirlo, esta novela me pareció soberbia. Sin poder hablar de un clásico, he de admitir que pienso que se trata de un mecanismo depurado, hermoso y muy bien construido. La misma historia de siempre tratada, eso sí, con una precisión envidiable que hace que uno no tenga problema en volver a visitar un lugar tan común si es de la mano del estilo de Julian Barnes, que nos otorga una bella y nueva manera de apreciarlo e interpretarlo.
Julián Q.