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contemporáne…
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- La saga del sagú de Slattery (4)
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By Flann O'Brien -
Finished on Mar 29, 2013 




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- Time's Arrow or the Nature of the Offence (89)
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By Martin Amis -
Finished on Apr 22, 2013 




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- The Teleportation Accident (14)
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By Ned Beauman -
Finished on Mar 29, 2013 




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- Asesinato en la oscuridad (29)
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By Margaret Atwood -
Finished in Mar 2013 




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Publicado en http://lecturaylocura.com/asesinato-en-la-oscuridad/
Una de las muchas asignaturas pendientes en literatura la voy a cubrir con mi reto a tres años y tiene que ver con la profundización en la carrera literaria de la canadiense Margaret Atwood; nacida en Ottawa en 1939, esta prolífica ... (
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Una de las muchas asignaturas pendientes en literatura la voy a cubrir con mi reto a tres años y tiene que ver con la profundización en la carrera literaria de la canadiense Margaret Atwood; nacida en Ottawa en 1939, esta prolífica escritora y crítica, pasa por ser la más importante de Canadá junto con la más que conocida Alice Munro, que también entrará en el reto lector. En España se hizo más famosa por ganar el Príncipe de Asturias de las letras en el año 2008.
Aún así, sus obras, a estas alturas están prácticamente inencontrables, lo que tuve que buscar y rebuscar para conseguir encontrar ejemplares de “El cuento de la criada” o “El asesino ciego” (de próxima aparición en este blog). Afortunadamente, Mondadori en su sello Lumen va a lanzar ahora a finales de marzo la Biblioteca Atwood, con lo que espero que estas obras vuelvan a la palestra; es buena noticia ver algo de todo lo que tiene publicado, a pesar de que es difícil ver todo, debido a su extensión, como ocurre con la sin par Joyce Carol Oates.
Hasta este momento solo había leído algún cuento corto, así que me decidí a empezar con esta recopilación de relatos breves, poemas en prosa, miniaturas, microrrelatos, o como queramos llamarlo; antes de ponerme con sus obras de mayor enjundia. “Asesinato en la Oscuridad” engaña mucho desde su título, mucha gente podría esperar una recopilación de novelitas de misterio, pero no, la cosa no va por ahí, en las cuatro partes de las que consta encontramos relatos de todo tipo y con diversa extensión y sin apenas unión aparente; pero funciona y funciona realmente bien porque Atwood sabe perfectamente lo que tiene que hacer para que un relato funcione, cosa nada fácil, ya que es el género literario que más se acerca a la poesía y los medios que se utilicen en él no tienen nada que ver con las novelas convencionales.
En “El espectáculo de variedades del Victory”, uno de los relatos incluidos en esta pequeña antología empiezas a sentir esa hipnosis que genera su prosa:
“Una mujer empezó de espaldas al público, iluminada por el foco. Lucía unos guantes largos de color blanco y un vestido de noche con mangas negras de gasa que cuando extendía los brazos parecían unas alas membranosas. Utilizaba mucho los brazos y la espalda; pero, cuando finalmente se volvió, resultó que era una vieja. Tenía el rostro empolvado de blanco y los labios pintados de un rojo intenso, pero era una vieja. Me sentí profundamente avergonzada, la cosa ya no tenía gracia, no quería que aquella mujer se quitase la ropa, no quería mirar. Era como si fuese yo y no la mujer del escenario, quien se exhibía y humillaba. Seguro que se burlarían de ella y le gritarían barbaridades, seguro que pensarían que los habían estafado.
La mujer se bajó la cremallera del vestido negro, lo dejó caer al suelo y empezó a mover las caderas. Sonreía y entre los labios pintados de rojo brillaban unos dientes que semejaban unos guijarros de un blanco mate, ella sabía que se trata de una burla, aunque no lo pretendiese, era una broma de otra clase, pero ignorábamos quién la gastaba. La broma consistía en el hecho de que no se trataba de ninguna broma: el cuerpo de allí arriba era auténtico, estaba envejeciendo, no flotaba bajo el foco en algún lugar separado de nosotros; como nosotros, estaba atrapado en el tiempo.
El espectáculo de variedades del Victory se quedó mudo. Nadie emitió ningún sonido.”
Esa última frase refleja exactamente lo que sentí al terminarlo, el silencio reverencial ante un hecho extraño, ante algo que te saca de lo que puedes esperar y que, desde luego, te impacta, como tiene que hacer un cuento.
En el resto de historias tenemos un poco de todo, como ya he comentado, un eclecticismo patente, heredero de sus heterogéneas lecturas que abarcaron todo tipo de géneros, un afán lector que no distinguía entre “bajas” ni “altas” literaturas, sino por historias.
Me encanta cómo en “Novelas de mujeres” define cómo debería ser una novela de mujeres: “Algunas personas creen que una novela de mujeres es cualquier cosa donde no se hable de política. Algunos creen que es cualquier cosa que hable de relaciones. Algunos creen que es cualquier cosa con muchas operaciones, quirúrgicas quiero decir. Algunos piensan que es cualquier cosa que no te ofrezca una amplia visión panorámica de nuestra emocionante época. Yo…, bueno, sencillamente quiero algo que puedas dejar sobre la mesita del café sin preocuparte demasiado de que los niños lo lean. ¿Crees que no es una consideración auténtica? Te equivocas.” O cuál sería la frase que le volvería loca ver escrita en una novela: “Tenía los ojos asustados de un pájaro salvaje” Esta es la clase de frase que me vuelve loca. Me encantaría escribir semejantes frases sin avergonzarme. Me gustaría leerlas sin avergonzarme. Si pudiera hacer estas dos sencillas cosas, creo que pasaría el tiempo que se me ha asignado en esta tierra como una perla envuelta en terciopelo.”
Capaz de lirismo cuando es necesario, me vuelve especialmente loco, su forma de reflexionar en un pequeño cuento sobre la literatura, así en “Finales felices” propone un ejercicio metaficcional de plantear diferentes finales a una historia partiendo de los mismos datos; llega al final con la siguiente conclusión: “Ya basta de finales. Los principios son mucho más divertidos. Es bien sabido, sin embargo, que a los verdaderos expertos suele gustarles la parte central porque es aquella con la que resulta más difícil hacer algo.
Eso es todo lo que puede decirse acerca de los argumentos, que en cualquier caso son una cosa detrás de otra, un qué y un qué y un qué.
Ahora prueben con el cómo y el por qué.”
Cada persona que lea esta recopilación se motivará especialmente con cada uno de ellos y cualquier relectura permitirá diferentes variaciones sobre lo que pienses, esta es la riqueza de los libros; Atwood lo sabe muy bien y lo sabe transmitir como las más grandes.
No quiero alargarme más en esta reseña, es mejor que vayáis a por él y lo disfrutéis; aunque me gustaría acabar con esta frase del relato “Una parábola”: “Pregúntame más bien quién eres: cuando entras en esta habitación por la puerta que no existe, no es a mí a quien veo, sino a ti.” Al fin y al cabo, nos vemos reflejados en esa habitación que constituyen los libros de esta genial escritora canadiense. -
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Apr 4, 2013 |
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- En la Corte del Lobo (23)
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By Hilary Mantel -
Finished on Mar 18, 2013 




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Aunque no suelen gustarme las novelas de ambientación histórica, sí que es cierto que hay períodos que, aunque no sea mi campo de interés, me atraen más de lo habitual y tolero libros relacionados con ellos. Este es el caso de la fascinan ... (
continue ) Publicado en http://lecturaylocura.com/en-la-corte-del-lobo/
Aunque no suelen gustarme las novelas de ambientación histórica, sí que es cierto que hay períodos que, aunque no sea mi campo de interés, me atraen más de lo habitual y tolero libros relacionados con ellos. Este es el caso de la fascinante etapa de los Tudor, ambientada durante el reinado de Enrique VIII, de ahí que me atrajera inicialmente el título del que vengo a hablar hoy: “En la corte del lobo” de la multipremiada Hilary Mantel que, además, ganó por esta novela el Man Booker (y ya puestos por la posterior, que leeré en un futuro próximo).
Esta etapa, ciertamente, ha sido contado de mil maneras posibles; tanto a través de otras interpretaciones literarias como por adaptaciones a la pequeña y la gran pantalla como la famosa serie de televisión “Los Tudor” con Jonathan Rhys-Meyer como Enrique VIII, de no hace mucho tiempo. Por lo tanto, ¿qué añade este libro publicado en 2009 a todo lo que ya se ha hecho sobre la misma etapa?
Lo que llama más la atención es la perspectiva escogida por la escritora británica, el punto de vista de toda la narración es el hijo de un herrero, Thomas Cromwell, de origen humilde, y que se irá convirtiendo en la mano derecha del rey y que moverá el reino a su antojo; en las primeras páginas tenemos una descripción que nos sirve para hacernos a la idea de lo que es nuestro protagonista:
“Thomas Cromwell ya tiene más de cuarenta años. Es un hombre de constitución fuerte, aunque no alto. Su rostro dispone de varias expresiones, y una es legible: una expresión de alegría contenida. Tiene el pelo oscuro, tupido y ondulado, y unos ojos pequeños, de mirada muy penetrante, que se iluminan en la conversación: eso nos contará muy pronto el embajador español. Se dice de él que sabe de memoria el Nuevo Testamento en latín, y que gracias a ello tiene siempre a su disposición como sirviente del cardenal una cita oportuna cuando los abades titubean. Habla con gravedad y rapidez, sus modales indican seguridad; se siente en casa en la sala de un tribunal y en un muelle, en el palacio del obispo y en el patio de una posada. Sabe redactar un contrato, adiestrar un halcón, trazar un mapa, detener una pelea callejera, amueblar una casa y encandilar a un jurado. Sabe emplear citas alusivas de los autores de la Antigüedad, desde Platón a Plauto y viceversa. Trabaja todas las horas del día, desde que se levanta hasta que se acuesta. Gana dinero y lo gasta. Acepta toda clase de apuestas.”
La escritora británica escogerá un narrador omnisciente pero dando todo el protagonismo a este carácter al que se refiere siempre, curiosamente, en tercera persona (“él” o “he”en inglés) que causa en la mayoría de los lectores confusión a pesar de reforzarlo en ciertas ocasiones con un Cromwell a continuación. No creo que exista tal confusión, ya que, desde el principio, lo hace de esta manera; sí que entiendo que la mayoría de los lectores esperan que sea el rey al que se refiera en tercera persona y por eso el lío.
El resto de figuras tienen tratamientos más acordes con lo que ya conocemos de otras interpretaciones; tenemos el caso del manipulador, conspirador y maestro de nuestro protagonista, el arzobispo y después cardenal Wolsey, en el siguiente párrafo vemos a pequeña escala lo que luego será el secretario:
“Y todos los desenlaces son posibles, todos pueden manejarse, e incluso manipularse hasta que resulten deseables: oración y presión, presión y oración, lo que ha de pasar, pasará por designio divino, un designio reenfocado y rediseñado mediante útiles enmiendas por el cardenal. Al principio solía decir: “Haremos esto y aquello”. Ahora dice: “Esto es lo que haré”.
Tampoco vacila en la forma de dibujar a Ana Bolena, la siguiente descripción es sintomática de la fuerza del carácter de la futura reina que no duda en masacrar a Catalina de Aragón y su hija María:
“Yo soy Jezabel. Vos Thomas Cromwell, sois los sacerdotes de Baal –dice Ana con ojos centelleantes-. Como soy mujer, soy el medio por el que entra el pecado en este mundo. Soy la fuerza del demonio, la vía de acceso del maldito. Soy el medio por el que Satanás ataca al hombre, al que no era lo suficientemente audaz para atacar directamente, solo a través de mí. En fin, esa es la idea del asunto. La mía es que hay demasiados sacerdotes con escasa cultura y trabajo todavía más escaso. Ojalá el papa y el emperador y todos los españoles estuviesen en el mar y ahogados. Y si hay que arrojar a alguien por la ventana de un palacio…, alors, Thomas, sé muy bien a quién me gustaría arrojar. Salvo que en la niña María los perros no encontrarían ni pizca de carne que mascar. Y, en cuanto a Catalina, está tan gorda que rebotaría.”
Estas son las bases sobre las que la inglesa construye una trama con un cuidado del detalle histórico exhaustivo y que sabe contar lo que ya se ha contado en otras ocasiones como si fuera prácticamente nuevo y, desde luego, ameno,; a pesar de la densidad de personajes y subtramas que se originan y que pueden echar para atrás a más de un lector no avezado en lides de estas características. Quizá lo más polémico es el retrato del ultraconservador-ortodoxo Thomas Moro y me imagino que causó impresión en su momento; me parece una visión distinta pero, por supuesto, vivificadora, que complementa aún más una etapa histórica tremendamente folletinesca y conspiranoica.
Quería terminar mi recomendación de esta maravilla citando uno de los párrafos finales donde nos da la clave de lo que es el poder, eso a lo que no llegaremos ninguno y que, al fin y al cabo, da la impresión que mueve el mundo:
“El destino de los pueblos se hace de este modo, dos hombres en habitaciones pequeñas. Olvida las coronaciones, los cónclaves de cardenales, la pompa y los desfiles. Así es como cambia el mundo: la carta que se empuja sobre una mesa, un trazo de pluma que altera la fuerza de una frase, el suspiro de una mujer cuando pasa dejando en el aire un rastro de azahar o de agua de rosas; su mano cerrando la cortina del lecho, la discreta visión de piel sobre piel.”
La intimidad de lo minimalista que, paradójicamente, controla el mundo, el destino de los pueblos y los hombres. Excelente. -
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Apr 5, 2013 |
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Publicado en http://lecturaylocura.com/americana-de-don-delillo/
Cuando hablé de su novela “Los nombres” , ya comenté la necesidad de establecer diferentes ritmos de lectura según los autores que se lean. En el caso de Delillo, las prisas van reñidas con la calidad de su prosa; cuanto más la palade ... (
continue ) Publicado en http://lecturaylocura.com/americana-de-don-delillo/
Cuando hablé de su novela “Los nombres” , ya comenté la necesidad de establecer diferentes ritmos de lectura según los autores que se lean. En el caso de Delillo, las prisas van reñidas con la calidad de su prosa; cuanto más la paladeas, mas te dejas mecer por su verborrea inconfundible. La sorpresa es encontrarse la primera novela que perpetró el magnífico escritor en la reedición de Seix Barral, añadirla al proyecto de lecturas , empezar la lectura cronológica de lo que te queda de él y, para tu estupefacción, encontrarte con una obra de una madurez inusitada y que bebe de las fuentes de los orígenes de la literatura norteamericana.
En “Americana”, David Bell, personifica el epítome del “self-made” man, ese hombre hecho a sí mismo que es el sueño americano en una sociedad fragmentada, llena de rutinas que reflejan lo contemporáneo:
“Tenía la costumbre de contar a los presentes. La cuestión de cuánta gente había en un sitio determinado me parecía importante, quizá porque los informes periódicos sobre catástrofes aéreas y escaramuzas militares siempre subrayaban el número de muertos y desaparecidos; esa precisión es como una chispa de electricidad para las mentes abotargadas. Después de eso, lo más importante es averiguar el grado de hostilidad, algo relativamente sencillo. Todo cuanto hay que hacer es devolver la mirada a las personas que te miran al entrar. Una larga ojeada suele bastar para obtener una lectura más o menos precisa. Había treinta y una personas en la estancia, de las que aproximadamente tres o cuatro eran hostiles.”
“Estábamos en una fiesta, y no nos apetecía charlar el uno con el otro. De lo que se trataba precisamente era de separarse durante la velada y de encontrar gente con la que resultara excitante hablar. Luego, al final, volveríamos a reunirnos y nos contaríamos qué terrible había sido todo y cuánto nos alegrábamos de estar de nuevo juntos. He ahí la esencia de la civilización occidental.”
Ahogado por esa sociedad opresora Bell decidirá emprender un viaje para filmar pequeñas escenas, llenas de anónimos, que se supone que reflejarán la esencia americana; es impagable el momento en que se encuentra un indio sioux: “Y entonces le pregunté si habían cambiado mucho las cosas desde su niñez. Me respondió que aquélla era la pregunta más inteligente que alguien le había hecho nunca. Las cosas apenas habían cambiado, tan sólo lo habían hecho los materiales, las tecnologías. Vivíamos en la misma nación de ascéticos, de expertos en competitividad, de enemigos del desperdicio.”
Momento que sirve para mostrarnos uno de los temas que profundizará en su obra posterior, el avance de la tecnología como elemento peligroso y deshumanizador y su aparente repulsión a ella.
En una curiosa segunda parte viviremos el pasado de Bell (“Era el invierno de mi duodécimo año de vida”) y que servirá para corroborar la importancia del tiempo en lo que hacemos, la única constante (en realidad variable?):
“Lo único que existe es el tiempo. El tiempo es lo único que sucede por sí mismo.”
En la tercera parte se producirá la filmación propiamente dicha, fragmentada, postmodernista; cobra importancia el cine y la propia televisión; elementos comunes, como ya indiqué anteriormente, que se irán repitiendo sucesivamente:
“La ilusión de movimiento apenas resultaba relevante. Quizá lo que estaba creando no era tanto una película como un rollo manuscrito. Un delicado fragmento de papiro temeroso de ser descubierto. Los veteranos de la industria cinematográfica jurarían que todo aquello se remontaba a épocas anteriores al cinetoscopio de Edison. Para ellos mi respuesta es muy simple. Se tardan siglos en inventar lo primitivo.”
Su opinión de la televisión, en boca del curioso protagonista es más que profética, habida cuenta de lo que estamos presenciando:
“-¿Cuál es el papel de la televisión comercial en el siglo XX y más alla?
-En mis peores estados de humor, siento que nos anuncia el caos a todos.”
En la caótica última parte las palabras finales de Ton Thumb Goodloe, el evangelista de la medianoche, de veintiséis años de edad y ya camino de la gloria, reúnen todo lo que significa Delillo, para lo bueno y para lo malo,; prosa desbordante, magnífica, gloriosa, pero, al mismo tiempo, enervante para un público bastante amplio: “Necios, hipócritas, fariseos y bellacos. Con vosotros, Bestial y la hora final de La muerte está a la vuelta de la esquina. Un poco de charla filosófica. Un paseo que otro por lobotomilandia. Alguna que otra bolsa de aire rancio. Acaba de ocurrírseme, como a los patriotas y los demagogos, que no va a haceros falta mi particular concepto de la verdad a partir de ahora. Se ha decidido que las drogas habrán de suplantar a los medios de comunicación. El ardiente temor de vuestras noches y madrugadas ha de verse sustituido por un estado de dicha apagada y mortecina. Confiad en que pronto experimentaréis una liberación drogoinducida de la ansiedad, la amargura y la felicidad. Endoparásitos que sois, podréis aferraros a las paredes intestinales del propio tiempo. Pero me echaréis de menos. Las pastillas y los chicles no pueden sustituir el amor transistorizado que nos conecta en la noche salvaje. […]
Esta reseña, formada por retazos, ejemplifica a la perfección las sensaciones que me produce la lectura del libro de Delillo; me cuesta recomendarlo, veo todo lo bueno, pero, al igual que ocurre con Pynchon, si no entras, no entras; no se puede obligar a la mayoría de los lectores habituales, no hablemos ya de los poco habituales; aún así, este titán inició su carrera con una obra excepcional, increíblemente buena y que, atención, parece que funciona como un círculo con su última novela escrita, “Punto omega”; donde el desierto, el tour de Force del protagonista, filmaciones en él,… suponen demasiados puntos en común para pensar en ello como una casualidad en una obra tan consistente en lo narrativo como la de DeLillo. En efecto, en “Punto Omega”, la obsesión tenía que ver con la vejez y la búsqueda de la muerte; en esta primera obra, buscaba su identidad, por extensión, la identidad de un pueblo americano en decadencia. El reflejo del “zeitgeist” de una nación:
“Conduje durante toda la noche en dirección nordeste, y una vez más sentí que todos aquellos días los había pasado enfrentándome a la literatura, a los arquetipos de un misterio lúgubre, a los hijos e hijas de esos arquetipos, a imágenes que no podían alcanza la certeza de cuál de dos confusiones distintas albergaba más terror, si la suya o lo que la suya podría llegar a ser si alguna vez se enfrentara a la verdad.” -
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Apr 3, 2013 |
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- La escoba del sistema (9)
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By David Foster Wallace -
Finished in Apr 2013 




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La publicación de “La escoba del sistema” de David Foster Wallace (en adelante DFW) llama especialmente la atención, en mi opinión, por dos particularidades fundamentales que rodean la edición:
-Uno, el nacimiento y consolidación (despué ... (continue ) Publicado en http://lecturaylocura.com/la-escoba-del-sistema/
La publicación de “La escoba del sistema” de David Foster Wallace (en adelante DFW) llama especialmente la atención, en mi opinión, por dos particularidades fundamentales que rodean la edición:
-Uno, el nacimiento y consolidación (después de “Conversaciones con David Foster Wallace”) de una oferta literaria de calidad a través de la editorial “Pálido fuego” y de su traductor José Luís Amores. En su web podéis pasar a echar un vistazo y comprobar si os gusta lo que ofrecen.
-Dos, la publicación de la primera obra de un autor al que ya se le han publicado la mayoría de sus libros en otra editorial española (Random House Mondadori).
La mayoría de los grandes conocedores de DFW ven esta publicación “a posteriori”, una vez leído todo lo posterior. En mi caso, empiezo prácticamente con ella su lectura cronológica incluida en mi proyecto, con lo cual mi visión será muy distinta del resto, o no. Solo conocía su magnífico e intenso libro de ensayos “Algo supuestamente divertido y que no volvería a hacer” donde abrumaba con su sana combinación de erudición y buen humor.
“-Una historia, por favor.
-¿Una historia, aquí?
-Tengo muchas ganas de una historia. Tal vez una historia haga que te olvides de tus oídos.”
“-Bueno, me gustan las historias. Y a Rick también le gustan. Creo que esa es una de las razones por las que parece que nos llevamos tan bien. Pero lo que en realidad le gusta a Rick es contarlas. A veces, cuando estamos juntos, él simplemente me cuenta historias, todo el tiempo. De las que le envían…. “
“-Rick, ¿cómo se supone que sé si algo es mordaz o tonto? No sé nada de literatura.
-A, la enorme mayoría del material que circula por aquí ni siquiera se acerca a la literatura, y b, ¡genial!
-¿Qué es genial?
-Que no sepas nada de literatura, o como mínimo que creas que no sabes. Significa que eres perfecta: fresca, intuitiva, separando la paja estética de tu pelo….”
“No sabes la clase de cosas que recibo de gente que está meramente… interesada. Y tristes, historias tristes. ¿Qué ha pasado con las historias felices, Lenore? ¿O con al menos moralidad? Me lanzaría con voracidad sobre uno de los textos didácticos salingerianos tipo “el consuelo se encuentra en el lugar más improbable” de los que recibía a docenas en Hunt and Peck. Me preocupan los chicos de hoy día. Esos chicos deberían estar fuera bebiendo cerveza y viendo películas y asaltando medias y perdiendo la virginidad y contorsionándose con música provocativa, no inventando historias largas, tristes y enrevesadas. Y por norma general son unos mecanógrafos simplemente atroces. Deberían estar fuera divirtiéndose y aprendiendo a mecanografiar. Estoy bastante preocupado. En serio.”
En los fragmentos anteriores se resaltan los aspectos de los que quería hablar en este pequeño comentario, sobre todo teniendo en cuenta que se ha escrito mucho y muy bien sobre la primera novela del ya fallecido literato norteamericano en blogs y diferentes medios.
En esta primera novela asistimos a una narración postmodernista con retazos, saltos en el tiempo, cambios de perspectiva,… conformando por momentos una “campus novel” desde el comienzo del libro (la infancia de Lenore) hasta el crepúsculo de alguno de sus personajes que vuelve posteriormente a la universidad.
Sorprende la capacidad de fabulación de DFW, de tejer y entretejer historias dentro de la historia principal; este carácter metaficcional, de narración autoconsciente, de recordarnos en todo momento que no es realidad sino ficción; se ve resaltado por el tipo de narración que escogió y le sirve para traer a colación aspectos relacionados con la literatura como la epistemología asociada a ella o la capacidad de crear historias de sus contemporáneos universitarios.
Es curioso que escoja, sin embargo, como personaje principal a una mujer, Lenore Beadsman, que se embarcará en la búsqueda de su abuela que desaparece junto con otros residentes y empleados en Shaker Heights y que se encuentra relacionada con Rick Vigorous de la editorial “Frequent and Vigorous” en la que ella trabaja. Esta viva descripción por parte de Rick nos trae a colación su fuerza vital:
“[…] encima de la cumbre de esa montaña de lo inimaginable estaría el hecho de que yo estuviera enamorado, escandalosa y patética y violenta y completamente enamorado de una persona dieciocho años más joven que yo, una mujer perteneciente a una de las familias más prominentes de Cleveland, que vive en una ciudad propiedad de su padre pero que trabaja respondiendo al teléfono por cuatro dólares a la hora, una mujer cuya indumentaria consistente en un vestido blando de algodón y unas zapatillas altas negras Converse es una constante perturbadora e indescifrable, que, sospecho, se ducha entre cinco y ocho veces al día, que trata la neurosis como un ballenero sus tallas de marfil, que vive con una chica esquizofrénicamente narcisista y una zorra casi seguramente ninfómana como compañera de habitación, y que encuentra en mí, quién sabe por qué, al amante total…. “
Digo que es curioso porque no suele ser fácil escribir a una mujer si no eres mujer, es otro tipo de sensibilidad del que eres consciente cuando lees a escritoras. Sin embargo, me atrevo a asegurar que sale airoso de su dibujo del carácter de la gran protagonista. La galería de secundarios y resto de personajes es ciertamente reseñable desde el Doctor Curtis, con sus tronchantes sesiones en el diván con Lenore y Rick hasta el locuaz loro Vlad el Empalador, rebautizado como Ugolino posteriormente y su obsesión con el sexo.
A lo largo del libro, se van sucediendo las historias que había mencionado anteriormente para conformar un relato que se caracteriza por los cambios de estilo y de tipo de narración además de lo ya comentado: el final, abierto, desértico, con un predicador desatado, me recuerda a otra obra que ya comenté por aquí, el “Americana” de Don Delillo.
Es significativo que, en el diálogo de Lenore con uno de sus hermanos, este le comente: “Todo el mundo aquí tiene un problema. Tú tienes un problema. El mío es ser el Anticristo, ser más o menos un residuo y mantener a mi pierna. Un intelecto mágicamente desperdiciado. Por así decirlo.”
La temprana muerte de DFW nos ha privado del que podría haber sido uno de los mejores narradores vivos, “un intelecto mágicamente desperdiciado”, ya se convirtió, quizá, en el mejor ensayista. -
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Apr 16, 2013 |
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- El cuento de la criada (56)
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By Margaret Atwood -
Finished in Mar 2013 




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Ya empecé a hablar de Margaret Atwood con esta recopilación de cuentos. Ahora toca meterse en sus garras con una de sus obras más conocidas, “El cuento de la criada”, multipremiada y considerada como una de sus obras de más calidad; cur ... (
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Ya empecé a hablar de Margaret Atwood con esta recopilación de cuentos. Ahora toca meterse en sus garras con una de sus obras más conocidas, “El cuento de la criada”, multipremiada y considerada como una de sus obras de más calidad; curiosamente se trata de una novela de género, ciencia ficción pura y dura, un reflejo de una sociedad distópica futura al estilo de Huxley u Orwell, donde las Criadas, las Esposas y las Tías dominan aparentemente el matriarcado.
Antes de pasar al comentario sobre la misma, tengo que intercalar un hecho muy importante para mí y mi familia en lo personal y que han convertido esta obra en algo aún más especial, por lo emocional que conlleva (afortunadamente se corresponde en este caso con una gran calidad). El mismo día en que estaba leyéndola sucedieron unos hechos sin precedentes: la había empezado hace un par de días pero, sin embargo, ese día no estaba atento, la disfrutaba pero estaba un poco distraído por unos hechos que se solucionaron ese día en el trabajo. Por la tarde, mi mujer rompió aguas y, raudo y veloz cogí el tren de vuelta para recogerla. ¡Cuál no sería mi sorpresa cuando fui consciente de que el capítulo que había dejado para empezar se titulaba “El día del nacimiento” y me encontré precisamente con un párrafo como este donde se relata el nacimiento de una de las Criadas:
“Pero nosotras no prestamos atención a la Esposa, tenemos la mirada fija en Janine. Bajo la luz tenue, ataviada con su traje blanco, brilla como una luna que asomara entre las nubes.
Janine gruñe a causa del esfuerzo.
-Empuja, empuja, empuja –susurramos-. Relájate. Jadea. Empuja, empuja, empuja. –La acompañamos, somos una con ella, estamos ebrias. Tía Elizabeth se arrodilla; en las manos tiene una toalla extendida para sostener el bebé. He aquí la coronación de todo, la gloria, la cabeza de color púrpura y manchada de yogur, otro empujón y se deslizará hacia fuera, untada de flujo y sangre, colmando nuestra espera. Oh, alabado sea.”
Eso fue justo lo que sucedió esa noche, qué casualidad más maravillosa y qué bien reflejada toda la situación, comprenderéis entonces lo especial que se ha vuelto comentarla.
Atwood nos plantea una sociedad futura, Gilead, en la que las mujeres tienen un “aparente” papel primordial, un matriarcado que parece que ha superado la sociedad patriarcal anterior; las Tías se dedican al adiestramiento de las futuras mujeres; las Esposas, vestidas de azul son las cabezas visibles del poder junto con los Comandantes; y las Criadas, reconocibles por ir vestidas de rojo son las que sirven para tener hijos y su papel es ese; sin embargo, podemos comprobar en boca de “Defred”, la protagonista principal, que no todo es lo que parece:
“En este momento me siento desgarrada, exhausta. Me duelen los pechos, incluso me gotean; no es verdadera leche, a algunas nos ocurre. Nos sentamos en nuestros bancos, frente a frente, mientras nos transportan; nos hemos quedado sin emoción, casi sin sensaciones, debemos de ser como fardos de tela roja. Nos duele todo. En nuestros regazos llevamos un espectro, un bebé fantasma. Ahora que el nerviosismo ha pasado, debemos hacer frente al fracaso. Mamá, pienso. Estés donde estés, ¿puedes oírme? Querías una cultura de mujeres. Bien, aquí la tienes. No es lo que pretendías pero existe. Tienes algo que agradecer.”
Este engaño de matriarcado es, en realidad, un patriarcado encubierto, en el que los hombres utilizan a las propias mujeres para dominarse entre sí, qué mejor que ellas para hacerlo:
“Ahora son las madres, y no los padres, quienes entregan a las hijas y facilitan los arreglos de las bodas. Los matrimonios, por supuesto, están concertados. Hace años que a estas chicas no se les permite estar a solas con un hombre; de alguna manera durante mucho tiempo a todas nos ha ocurrido lo mismo.
¿Tienen edad suficiente para recordar algo de los tiempos pasados, como jugar al béisbol, vestirse con tejanos y zapatillas, montar en bicicleta? ¿Y leer libros, ellas solas? Aunque algunas no tienen más de catorce años, igualmente recordarán. Y las que vengan después de ellas, durante tres o cuatro o cinco años, también recordarán; pero después no. Habrán vestido siempre de blanco y formado grupos de chicas; siempre habrán guardado silencio.”
Aún así encontrará una pequeña forma de salida, de tiempos antiguos, el enamoramiento con el chófer Nick; que la retrotraerá a tiempos distintos, mejores, tiempos que prometen una esperanza a pesar de la triste situación que está viviendo en Gilead; el amor, entonces, se convierte en elemento posible de salvación:
“Estamos citando frases de películas viejas, de otros tiempos, que ya entonces eran películas antiguas […], resulta asombrosa la facilidad con que acuden a la mente estas bromas trilladas y falsamente alegres de tipo sexual. Ahora comprendo qué sentido tienen, qué sentido han tenido siempre: mantener la esencia de cada uno fuera de peligro, encerrada, protegida.
Estoy triste, la manera de hablar de ambos es infinitamente triste: una música que se desvanece, flores de papel que se marchitan, raso desgastado, el eco de un eco. Todo ha terminado, ya nada es posible. De pronto me echo a llorar.”
Atwood nos ofrecerá casi al final un capítulo llamado “El salvamento” que se convierte en una paradoja, ya que resulta la condena de una mujer, con un estallido de violencia brutal, narrado con especial viveza, que desencadena el maltrato físico de las mujeres que se unen aún más, reforzando el colectivo que está siendo dominado. El relato acaba con un atisbo de esperanza del que no tenemos noticia definitiva hasta el epílogo final.
Este sorprendente epílogo de notas históricas tiene lugar años después de haber sucedido en los eventos narrados, a modo de flashback en toda la primera parte, es una conferencia en una universidad y el ponente se refiere a esos hechos como algo improbable ya; cómo habrá podido ocurrir, las bromas del conferenciante y los asistentes se suceden y por ello resulta aún más macabro y terrorífico todo; creo que Atwood es totalmente consciente de la posibilidad de que existan sociedades de este estilo, deshumanizadoras, vejatorias y salvajes; “el hombre es un lobo para el hombre”, y este epílogo sirve para reforzar este terrible hecho; no en vano hay dos momentos a lo largo del flashback, que creíamos el presente, en lo que se comentan las dos siguientes afirmaciones:
“Pero ¿quién puede recordar el dolor una vez que este ha desaparecido? Todo lo que queda de él es una sombra, ni siquiera en la mente o en la carne. El dolor deja una marca demasiado profunda para que se vea, una marca que queda fuera del alcance de la vista y de la mente.”
“La humanidad es muy adaptable decía mi madre. Es sorprendente la cantidad de cosas a las que llega a acostumbrarse la gente si existe alguna clase de compensación.”
En efecto, es increíble a lo que puede llegar a acostumbrarse la gente si al final saca algo con ello. La lección es clara, lo que no tengo tan claro es si la seguiremos en el futuro viendo lo que se está produciendo en el momento actual. -
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Apr 11, 2013 |
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- Ágape se paga (4)
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By William Gaddis -
Finished in Feb 2013 




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Ya hablé largo y tendido sobre William Gaddis en este post y su obra en particular a propósito de “Gótico Carpintero”. Ahora me extenderé sobre la otra obra disponible, más o menos fácilmente: “Ágape se paga”, novela publicada póstumamente cuat ... (
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Ya hablé largo y tendido sobre William Gaddis en este post y su obra en particular a propósito de “Gótico Carpintero”. Ahora me extenderé sobre la otra obra disponible, más o menos fácilmente: “Ágape se paga”, novela publicada póstumamente cuatro años después de la muerte del escritor y que tenemos también en la edición de Sexto Piso.
Para resumir de lo que trata esta peculiar obra, Rodrigo Fresán, en el prólogo de la edición comenta lo siguiente muy acertadamente:
“Jack Gibbs, figura de reparto en JR y narrador en Ágape se paga, se dirige a nosotros desde su lecho de muerte y no es un narrador feliz. Su cuerpo le ha traicionado y el mundo es una mierda y está dominado por tecnócratas. Y su novela –en la que lleva trabajando años- se deshace en pedazos sueltos e inconexos.[…] Queda poco tiempo para volver a afirmar lo mismo de siempre: la tecnología jamás podrá suplantar la creatividad de los hombres. Así que adiós a la puntuación convencional y hola al libre fluir de conciencia y a la libre asociación de ideas que le permiten al narrador invocar tanto a Glenn Gould como a John Kennedy Toole, Miguel Ángel o Tolstói, para destilar una pócima mágica, un tónico para intentar conseguir el ágape: la amorosa sensación de ser uno con el mundo celebrado por los primeros y nada burocráticos escritores cristianos.”
Contrariamente a la anterior obra, en esta delicatessen tenemos un monólogo interior donde hay un flujo de pensamientos continuos, las ideas se entremezclan unas cosas, los signos de puntuación desaparecen irremediablemente, el fracaso del protagonista refleja el triunfo de Gaddis al acercarse cada vez más a la entropía, el tema pynchoniano por excelencia.
El escritor Rick Moody en el prólogo define a Gaddis “no como una celebridad literaria sino como un enemigo de la celebridad literaria, un escritor que muy raramente daba entrevistas, nunca leía en público, no escribía frases para las portadas de los libros de otros ni asistía a las fiestas del ambiente”. Y nos da una pista para afrontar la terrorífica prosa del escritor norteamericano: “que la mejor manera de comprender y apreciar a Gaddis es leerlo rápido y sin detenerse a pensar demasiado en lo que no dice.” Yo añadiría una segunda fase, la de releerlo para pillar todo lo que nos quiere contar:
“No, pero.. vamos a ver; todo esto tengo que explicarlo, porque no sé, no sabemos cuánto tiempo queda, y tengo que ponerme a trabajar en el, terminar esta dichosa obra mientras por qué me habré traído todo este montonazo de libros notas papeles apuntes recortes y a saber cuántas cosas más, a ver si lo pongo en orden y me organizo cuando divida estas propiedades y proceda al reparto y me quite de encima todo el follón y me libre de las preocupaciones concomitantes y sincomitantes mientras aquí me tienen retenido para abrirme en canal y rebañarme los dentros y coserme o graparme o lo que sea, maldita sea, mira qué pierna tengo, que ni es pierna ni es nada, recosida y grapada como esa antigua armadura japonesa que hay en el comedor, que es como si me hubieran desmantelado desguazado despiezado, casas, edificios adyacentes, establos, invernaderos y esto con todas las dichosas decisiones y distracciones que he tenido con los títulos de propiedad recalificaciones catastros y demás vainas, todo esto tiene que estar en este montonazo en alguna parte a ver si lo pongo en orden y zanjo toda esta historia antes que todo se derrumbe y lo engullan todo los abogados y el fisco como todo lo demás, que a fin de cuentas de eso se trata, de eso se trata mi obra, del derrumbe de todo absolutamente, del sentido, del lenguaje, de los valores, del arte, del desorden y de la dislocación que se ve por todas partes por donde mires y aunque no quieras mirar, la entropía que todo lo anega todo a la vista lo cubre, diversión y tecnología y cada crío de cuatro años con su ordenador, cada cual es el artista de sí mismo y de dónde ha salido todo esto, el sistema binario y el ordenador o computadora que se decía, de dónde ha salido la tecnología, eso lo primero ¿o es que no te das cuenta? […]
El anterior párrafo es tan paradigmático del estilo que asombra a pesar de lo que te esperes. Según los párrafos avanzan, Gaddis usa la música, en la figura de la pianola y su evolución, como hilo conductor de ese pensamiento, se suceden las reflexiones musicales y los compositores aparecen y desaparecen por las páginas (desde Wagner y Debussy a Grieg):
“Lo más emocionante de la música es tocarla cada cual por sus propios medios. Es la propia participación lo que más emociones suscita.”
El autor estaba, al final de su vida, obsesionado con lo artístico, con esa creatividad de la que hablaba Fresán y que nunca podrá sustituir a la tecnología, hay aquí un punto muy en común con otro compatriota suyo, Delillo. Él desprecia, a través de Gibbs, la falta de autenticidad:
“Ustedes denles a elegir, señor Benjamin, y la masa siempre escogerá la falsificación. ¡Escoger la falsificación, señor Huizinga! La autenticidad se borra de un plumazo, se borra del todo, señor Benjamin.”
“[…] estos ventrílocuos y yoes extraíbles extraídos que se crían y se clonan para su reproducción porque ese es el meollo de la cuestión, es ahí donde se pierde lo individual, donde desaparece lo único, donde la autenticidad se pierde no solo la autenticidad sino todo el concepto de autenticidad, ese amor por la belleza de la creación antes de ser creada que eso, ¿no era Chesterton? Esa fusión natural de la vida creada en esta creación en amor que la trasciende, una celebración del amor creado que llamaban ágape, la fiesta del amor en los primeros tiempos de la iglesia, eso es. Eso se ha perdido, eso hay que pagarlo, lo que no se encuentra en estos productos de las artes imitativas que están hechos para su reproducción a gran escala […]
Cree que las artes imitativas, sin autenticidad, han ocasionado la pérdida de ese estado primigenio maravilloso, “el ágape de los primeros cristianos”, que es casi imposible conseguir encontrarlo en el mainstream, sin embargo, sí cree que la música, tan presente en su obra, por encima de la literatura que el considera que ha perdido esa comunión inicial, puede conseguir que lleguemos a ese estado:
[…] “La música te transporta a otro estado del ser que no es el que te corresponde, sentir cosas que en realidad no sientes, entender cosas que en realidad no entiendes, ser capaz de hacer cosas que en realidad no eres capaz de hacer, sí, eso lo transforma eso te transfigura a ti en ti mismo en el yo que puede hacer más. Esa era Juventud con su intrépida exuberancia cuando todo lo que se dice todo era posible perseguida por Vejez donde estás ahora, mirando atrás a lo que destruimos, a lo que arrancamos del yo que podía hacer más, y su obra que se ha tornado mi enemigo porque de eso es de lo que puedo hablarte, de esa Juventud capaz de todo.”
Esa música capaz de llevarte de la decadencia de la Vejez a la frescura de la Juventud, capaz de todo en la vida. En fin, Gaddis, muy grande. Esperando con muchas ganas pintar su figura completa con la publicación de sus próximas obras. -
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Mar 23, 2013 |
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- The Sense of an Ending (346)
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By Julian Barnes -
Finished in Feb 2013 




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Publicado en http://lecturaylocura.com/the-sense-of-an-ending/
Me adelanté a la asignatura de literatura inglesa, sí, no lo pude evitar; se supone que tenía que leer una obra de Julian Barnes para el trimestre final, pero la aparición de su última obra en España me motivo para leerla en inglés; y a ... (
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Me adelanté a la asignatura de literatura inglesa, sí, no lo pude evitar; se supone que tenía que leer una obra de Julian Barnes para el trimestre final, pero la aparición de su última obra en España me motivo para leerla en inglés; y además, no era demasiado larga. Así que aprovecharé para utilizarla en mis reseñas sobre obras en inglés inaugurada con la increíble “Boxer, Beetle” de Beauman.
“The sense of an ending” ganó en el año 2011 el Man Booker Prize y se ha publicado, para no anglo parlantes, en España con el sugestivo título de “El sentido de un final” gracias a la editorial Anagrama. Los comentarios serán sobre la obra inglesa, sin tener en cuenta la labor del traductor, evidentemente.
La obra se divide en dos partes muy diferenciadas, la primera, más corta, contiene un flashbacks donde conocemos en primera instancia a los protagonistas, el narrador Tony Webster y sus amigos; entre ello se encuentra el curioso Adrian Finn; la explicación de este flashback nos la da el propio Tony:
“I need to return briefly to a few incidents that have grown into anecdotes, to some approximate memories which time has deformed into certainty. If I can’t be sure of the actual events any more. I can at least be true to the impressions those facts left.”
Hechos de la niñez que se convierten en anécdotas, recuerdos aproximados que el tiempo deforma sin que seamos conscientes de ellos, se convierten en impresiones de los hechos reales, es muy importante tener en cuenta lo que comenta, ya que se convertirá en una de las claves.
No en vano, en boca de su amigo Finn se concreta el verdadero valor de la historia: “History is that certainty produced at the point where the imperfections of memory meet the inadequacies of documentation.” Esa certeza en medio de las imperfecciones de los recuerdos y lo inadecuado de la documentación oficial.
El narrador corrobora esta sensación: “Again, I must stress that this is my reading now of what happened then. Or rather, my memory now of my reading of what was happening at the time.” Es muy interesante la segunda parte de la frase ya que, en realidad, constata que un recuerdo ahora es la lectura que tenemos de lo que nos estaba pasando entonces, por lo tanto, el recuerdo, de por sí, es inexacto y no refleja lo que ocurrió realmente.
Esta parte finalizará con el suicidio de su amigo tras haberle comunicado que iba a salir con su antigua novia Verónica. En la parte 2 ya volvemos al tiempo actual; un hecho, dos documentos que la madre de Verónica le deja, harán que vuelva a recordar todo lo que ocurrió en ese momento. Y nos llevará en volandas hacia el sorprendente final, con la amargura del recuerdo real, que le traerá otra persona, de lo que ocurrió y de lo que no era consciente en el momento pasado.
Durante ese camino Barnes jugará especialmente con conceptos extendidos de lo que comenta en la primera parte, así diferenciará entre la juventud y la vejez:
“It strikes me that this may me one of the differences between youth and age: when we are young, we invent different futures for ourselves; when we are old, we invent different pasts for others” (cuando somos jóvenes inventamos futuros, cuando somos viejos inventamos pasados diferentes para los otros).
Me gusta especialmente el tratamiento poco habitual que da a lo nostalgia, ese enemigo del raciocinio:
“[…]Nor do I want to deceive myself sentimentally about something that wasn’t even true at the time –love of the old school, and so on. But if nostalgia means the powerful recollection of strong emotions – and a regret that such feelings are no longer present in our lives – then I plead guilty.”
La mayoría de las veces la nostalgia es el recuerdo de algo sentimental que ni siquiera nos gustaba en ese momento; sin embargo, tiene más sentido definirlo como ese montón de emociones fuertes que ya no están presentes en nuestra vida. Lo mismo sucede con el tiempo y nuestra concepción del mismo:
“But time… how time first grounds us and then confounds us. We thought we were being mature when we were only being safe. We imagined we were being responsible but were only being cowardly. What we called realism turned out to be a way of avoiding things rather than facing them. Time… Give us enough time and our best-supported decisions will seem wobbly, our certainties whimsical.”
Con el tiempo todo lo que creamos que ha sido seguro parecerá voluble e inestable, el tiempo desarma nuestras certezas y nos lleva, inevitablemente al remordimiento:
“And no, it wasn’t shame I now felt, or guilt, but something rarer in my life and stronger than both: remorse. A feeling which is more complicated, curdled, and primeval. Whose chief characteristic is that nothing can be done about it: too much time has passed, too much damage has been done, for amends to be made.” (Un sentimiento primario, mucho más complicado que la culpa o la vergüenza y ante el que nada se puede hacer, ya que, normalmente, el daño se hizo antes de poder solucionarlo.)
Ante la sorpresa final, consecuencia de varias acciones pasadas, entre ellas las del propio Tony, poco se puede hacer; lo mismo suele suceder en nuestras vidas a menos que estemos atentos a lo que realmente estamos haciendo. El tiempo, los recuerdos, el remordimiento…. Sobre ellos, y con mucho humor, hace que reflexionemos Barnes en está gran novela.
“There is accumulation. There is responsibility. And beyond these, there is unrest. There is great unrest.” (Hay acumulación. Hay responsabilidad, y más alla de estos, hay intranquilidad, desasosiego, una gran intranquilidad). -
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Apr 5, 2013 |
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- El americano perfecto (3)
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By Peter Stephan Jungk -
Finished in Jan 2013 




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Con motivo del estreno mundial el próximo día 22 de enero de la ópera sobre la vida de Walt Disney, “The perfect American” de Philip Glass, se ha publicado anteriormente el libro en el que se basa el libreto de la ... (
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Con motivo del estreno mundial el próximo día 22 de enero de la ópera sobre la vida de Walt Disney, “The perfect American” de Philip Glass, se ha publicado anteriormente el libro en el que se basa el libreto de la ópera: “El americano perfecto. Tras la pista de Walt Disney” (“Der König von America”) del norteamericano, aunque con lengua materna alemana, Peter Stephan Jungk.
El libro no es una biografía al uso, está a medio camino de la biografía y el relato de ficción y se basa en la vida de Wilhelm Dantine que es el que se encarga de construir la narración al completo desde su punto de vista. Dantine fue el creador de los bocetos para “La bella durmiente” y fue expulsado por el propio Disney en 1959, lo cual desencadenó su obsesión por el creador estadounidense:
“Echo la vista atrás y contemplo la historia de su vida, como si me fuera más próxima y familiar que la mía propia. Incluso ahora, treinta años después de nuestro último encuentro, le sigo dedicando mi primer pensamiento cuando me levanto al amanecer y el último cuando me voy a la cama por la noche. Hace algunas semanas, cuando me propuse dar forma a lo vivido, no sabía si saldría una elegía, un libelo difamatorio o una epopeya”
Esta mezcla de veneración y odio que deviene en obsesión nos hace ver, casi desde el principio, lo falible, lo poco fiable que es este narrador y; desde luego, todo lo que vaya sacando de Disney irá entre lo elegíaco y lo despreciativo. Construirá su vida desde los momentos en que se relacionó con él, pero también a través de los testimonios de aquellos lo trataron. Y todo con continuos cambios en el tiempo, según le interese, lo que convierte la narración en algo poco predecible y por supuesto tremendamente entretenida, además de estar bien escrita.
Casi al principio de todo nos damos cuenta de que era un “megalomaníaco” sin lugar a dudas:
“Soy un líder, soy un pionero, soy uno de los grandes hombres de mi época; en su interior, a Walt estas palabras le resuenan como un eco. Esta oración de alabanza de sí mismo se la repite todas las mañanas, mientras está tendido despierto, antes de que salga el sol, desde Blancanieves, desde 1937. Mi nombre está en boca de más personas que el de Jesucristo. Millones de personas conocen, por lo menos, una de mis películas. Soy un mito. Mi ratón gusta más que el Niño Jesús y Papá Noel juntos. Es algo que no existía antes de mí: un género artístico, una idea, un concepto, que llega a toda la humanidad, que gusta y deleita a todos. He creado un universo. Mi fama durará siglos.”
A pesar de que el discurso, ciertamente, acusa de delirio de grandeza, el tiempo nos ha mostrado que no estaba muy lejos de la realidad. Otras pinceladas de su personalidad, igualmente menos agradables, tenían que ver con su falta de reconocimiento de los demás en público:
“Walt casi nunca daba su aprobación, y cuando esto ocurría lo hacía de una manera indirecta, con rodeos: hacía saber que otro había hecho un trabajo sorprendentemente bueno. con lo cual quedaba implícito que, aquel al que se dirigía debía comprobar en sí mismo si había dado muestras satisfactorias de su capacidad para entusiasmar al jefe.”
O simplemente con sus sentimientos racistas o machistas:
“Siente usted una llamativa simpatía por los negros, así sí que no estamos de acuerdo. [...] No permito, bajo ningún concepto (y en todo caso no se ha dado nunca hasta ahora) que trabajen para mí, ni aquí, en Anaheim, ni en los estudios de Burbank. Dejo que haya uno o dos como jardineros, y la mayoría de las mujeres de la limpieza del estudio son negras, por supuesto. Pero yo prefiero apartarme de su camino.”
“Que nunca ha permitido ni a una mujer tomar parte de un proceso creativo. Las mujeres estaban autorizadas a copiar, pintar y colorear con tintas las ideas, los patrones y los bocetos de los hombres, pero no a producir ni el más mínimo trabajo creativo.”
A pesar de estos delirios, se nos revela como hombre, con sus miedos, quizá el miedo mayor sea a que desaparezca en el tiempo su persona:
“En los últimos tiempos no me abandona la sensación de que mi nombre ya no me pertenece. Es como si yo fuera el portador de este nombre, cuyo propietario es, en realidad una empresa. Una compañía que ofrece mi nombre como si fuera el suyo ¿Yo soy yo o soy una empresa? Dentro de cincuenta años, mi estudio aún existirá, pero nadie sabrá ya que tras él había un hombre de carne y un hueso, un tal Walter Elías Disney”
Miedos visibles por la forma en que se refiere a los animales: “Prefiero los animales a las personas, con mucho. Y creo que a la mayoría de la gente le sucede lo mismo. El éxito, en todo caso, me da la razón.” Walt Disney resulta, cómo no en este tipo de grandes figuras, un personaje muy paradójico según lo que nos cuenta Dantine: por un lado tenemos al visionario e influyente empresario capaz de influir en las elecciones democráticas de EEUU, recibir al presidente ruso o hablar con Neil Armstrong para conseguir que sea el primero en salir a la luna con un muñeco de Mickey Mouse (si no lo consiguió es porque murió antes); por otro tenemos a una persona insegura, anclado en la nostalgia de su niñez (visitó muchas veces su ciudad de origen, Marceline), profundamente asexual (tuvo una amante con la que prácticamente ni se acostaba) y temeroso de las relaciones con las personas.
Sin embargo este hombre de contradicciones supo rodearse de personas de mucho talento, (tal es el caso de Ub Iwerks, creador de Mickey y “capaz de crear 700 dibujos en un día”. Ward Kimball, creador de Dumbo, o el propio Dantine, etc.), y exprimirlos para crear lo mejor que se podía hacer con un punto de partida muy claro y que nunca perdió en su horizonte:
“Nosotros no producimos filosofía, Bill, sino entretenimiento. [...] Puede que una metáfora tan rebuscada satisfaga tu cerebro retorcido, pero no a los millones de personas que forman mi público.”
Esta biografía ficcionalizada nos ofrece esto y más (las pequeñas anécdotas y muchos más datos es mejor descubrirlos leyéndolo), pinta a Walt desde una óptica postmodernista que podemos creernos o no pero que no está muy lejos de la realidad, y que pone en perspectiva a una de las más importantes figuras del siglo XX, un visionario que ya es inmortal (como su empresa), en boca de su colaborador Ward Kimball:
-De Leonardo todavía nos acordamos hoy, cuatro siglos y medio después de su muerte. Y lo mismo ocurre con Miguel Ángel, Rubens y Velázquez. De igual manera se recordará a Walt Dinsney, en un futuro lejano , muy lejano. Y así debe ser. Puede que las películas de Walt sean simplificaciones., pero son clásicos. Deberían ser preservadas; no, no deberían, se preservarán de hecho como la Biblia de Gutenberg.”
Guste o no, la influencia de Walt Disney y el imperio que creó es inmensa y, sobre todo, decisiva en la forma de entender la cultura popular :”Resulta difícil imaginar un mundo sin Walt”.
No me gustaría acabar sin una carta-anécdota que se nombra en las últimas páginas, tras su muerte, y es la que Disney dirigió a Charles Chaplin pidiéndole perdón por haberle acusado en la caza de brujas contra los izquierdistas; en esa carta Disney comenta: “Tan solo quería hacerle saber lo mucho que usted ha significado para mí. Sin su ejemplo, nunca habría existido el ratón Mickey. Sin su inspiración, no habrían existido Blancanieves ni Pinocho, ni casi ninguna de mis películas. Usted fue mi maestro y mi modelo. Sin usted, nunca habría existido Walt Disney.”
Gracias Chaplin, gracias Walt, por haber hecho tantísimo por la cultura. -
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Jan 17, 2013 |
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- Aquí y ahora (7)
- Cartas 2008-2011
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By Paul Auster, J. M. Coetzee -
Finished in Dec 2012 




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Publicado en http://lecturaylocura.com/aqui-y-ahora-2/
Sabiendo que venimos de aquí(http://lecturaylocura.com/aqui-y-ahora-1/); en este segundo post voy a poner alguno de esos momentos que considero reseñables por algún hecho en particular y que paso a relatar sin más dilación:
Me encanta la crónic ... (continue ) Publicado en http://lecturaylocura.com/aqui-y-ahora-2/
Sabiendo que venimos de aquí(http://lecturaylocura.com/aqui-y-ahora-1/); en este segundo post voy a poner alguno de esos momentos que considero reseñables por algún hecho en particular y que paso a relatar sin más dilación:
Me encanta la crónica espontánea que realiza Coetzee para referirse a las organizaciones de eventos culturales en Italia, reflejo de una mentalidad, la mediterránea, que, a pesar de lo caótico que pueda ser superficialmente, consigue obtener buenos resultados:
“A estas alturas ya he estado en bastantes eventos culturales en Italia como para no perder los nervios ante el caos que parece rodearlos. Nadie está del todo seguro de dónde ha de celebrarse el evento, al técnico de sonido no lo encuentra nadie, la intérprete está furiosa porque nadie la ha informado del orden de las intervenciones, etc, etc. Sin embargo, cuando llega la hora, todo sale bien: el público averigua milagrosamente adónde ha de ir, el equipo de sonido funciona y la intérprete lo hace de maravilla. Resulta que todo el caos era espurio.”
Uno de los momentos más sonrojantes tiene que ver con la figura de Philip Roth, el sudafricano acaba de leer “Sale el espectro” y realiza un análisis crítico del mismo, detallado, conciso, intentando ahondar, como crítico, en lo que está detrás del libro del autor norteamericano, olvidando el reduccionismo biográfico de la cultura americana sobre la que, además, le pregunta a Auster centrándose en Nueva York, ya que puede perderse algo que sea necesario para su análisis:
“Doy por sentado que has leído “Sale el espectro” y que sabrás que es un poco un batiburrillo. Incluye una diatriba completamente inmotivada sobre las tendencias del llamado periodismo cultural, puesta en los labios del personaje de Roth, Lonoff. Sin duda en esa diatriba hay mucho que yo, que no soy de Nueva York, me pierdo. Pero está claro que Lonoff (¿y también Roth?) no siente nada más que desprecio hacia esa mezcla de moralina y reduccionismo biográfico que pasa por crítica literaria en vuestros órganos culturales (y también en los nuestros). (Cuando hablo de reduccionismo biográfico me refiero a tratar la narrativa como una forma de camuflaje del yo que practican los escritores: la tarea del crítico es deshacer ese camuflaje y revelar la “verdad” que hay detrás)”.
Y, ¿cuál es la respuesta de Auster?, me guardo el comentario para luego, porque tiene chicha:
“¿Nado yo en las mismas aguas que Roth? No estoy seguro. Nuestros caminos se han cruzado unas cuantas veces, en dos ocasiones hemos cenado en un grupo de tres con Don Delillo (íntimo amigo mío desde hace muchos años), y hemos intercambiado un puñado de cartas. En otras palabras, es un conocido, no un camarada. Lo que a él más le interesa de mí, creo yo, es que ambos hemos nacido en Newark. En cuanto a Nueva York, sin embargo, no soy algo menos visible que él, sino muchísimo, quizá infinitamente menos visible. Roth es un dios cuya obra ha sido universalmente elegida desde su primer libro, mientras que yo solo soy un simple y esforzado mortal cuya obra ha recibo más coces de las que quisiera recordar. Y además, tiendo a evitar muchedumbres, fiestas y declaraciones públicas, prefiriendo cuidar de mi pequeño jardín en Brooklyn. Por otro lado, Roth ha tenido una enorme presencia literaria durante más de cincuenta años: una trayectoria excepcionalmente prolongada para todo escritor, sin duda la carrera más larga de cualquier autor norteamericano en la historia. Una prueba de su fama: es el único novelista vivo cuya obra se ha publicado en la Library of America”.Nuevamente utiliza la comparación (en este caso con Delillo) para establecer que Roth no es, ni mucho menos íntimo (“es un conocido”); solo hay que ver el comienzo (“¿Nado yo en las mismas aguas de Roth?”), esta frase tiene tanto resentimiento explícito que puede no ser peor, pero sí lo es, vaya que sí; comenta que a Roth no le interesa nada de él más allá del hecho de ser de la misma ciudad, se reconoce prácticamente invisible ante Roth en Nueva York, ignorado por los círculos críticos y culturales en comparación, y con esta frase (“Roth es un dios cuya obra ha sido universalmente elegida desde su primer libro, mientras que yo solo soy un simple y esforzado mortal cuya obra ha recibo más coces de las que quisiera recordar”) hace gala de una acritud sin límites, ese dios en minúscula, encumbrado (según él) por la crítica desde el primer momento, mientras que él, con todo lo que se esfuerza, no consigue lo mismo y le machacan. Hay mucho rencor detrás de toda la afirmación, un sentimiento de inferioridad manifiesto ante la efigie del gran Roth (en mi opinión, muy superior a él, como Coetzee), un complejo que no puede evitar sacar (me atrevo a decir que hay odio) y que le hace olvidarse totalmente de lo que le ha preguntado, muy profesionalmente, Coetzee. Anecdóticamente, antes de este párrafo, lo primero que reconoce es no haberse leído la obra comentada, aunque se haya leído muchas de Roth, ¿casualidad?, más bien no, es evidente que los dos escritores no se llevan muy bien y que, además, en EE.UU. hay mayor consideración por el segundo.
Me he extendido mucho con lo anterior pero creo que valía la pena, me gustaría poner también el comentario que hace Coetzee sobre el signo de los tiempos, ese cambio a lo electrónico que, desde luego, no tolera demasiado bien:
“Hace poco me llegó una revista [...]. Incluía un artículo que celebraba la inauguración de una nueva biblioteca universitaria, con terminales informáticas, cubículos para estudiar, salas para seminarios e incontables espacios de trabajo. Leí el artículo y lo volví a leer para asegurarme. Pero no me equivocaba la primera vez. La palabra “libro” no aparecía ni una sola vez. [...]
¿Qué tiene esa gente contra los libros? ¿Por qué no comparten mi idea de la biblioteca como hectáreas y hectáreas de estanterías sumidas en penumbra que sostienen hileras interminables de libros apelotonados extendiéndose hasta el infinito en todas direcciones?
El argumento en contra de la biblioteca borgiana es casi demasiado tedioso como para repetirlo: demasiado tedioso y demasiado concluyente, en una época en que la economía ha sido proclamada reina de las ciencias. Y es que los libros ocupan demasiado espacio.”
Sí quería terminar con algo que entronca claramente con la realidad vivida este año, un hecho que los dos escritores complementan: su preocupación por el momento en que deberían dejar de escribir. Coetzee se ve incapaz de detectar ese momento:
“Lo que me interesa en la situación presente es la cuestión de cómo y cuándo se anunciará el agotamiento de las energías. No se puede seguir escribiendo eternamente; y tampoco quiere uno despedirse con un producto vergonzosamente malo de la chochez. ¿Cómo detecta uno que simplemente ha perdido la capacidad para hacerle justicia a un tema?”
Auster es más positivo al respecto, estupendo el hilado que hace con la novela de Willeford (autor de novela negra, por cierto):
“Una frase me ha estado rondando por la cabeza durante estas últimas semanas: New hope for the dead (Nueva esperanza para los muertos- Novela de Charles Willeford) [...] y la tengo muy presente después de enterarme de que Doctorow acaba de publicar un nuevo libro de relatos a los ochenta años, de hablar con Coover (79) acerca de la conferencia sobre Beckett que dará en Irlanda este otoño, de cenar con Roth (78) y Delillo (74), y al encontrar a todos esos presuntos ancianos en un increíble estado físico, llenos de proyectos, contando chistes, comiendo con saludable apetito, me sentí animado por lo que vi y oí. Nueva esperanza para los muertos. Lo que significa: “Nueva esperanza para nosotros”.
Sin embargo, ya sabemos que escritores como Roth y Kertész se han retirado de su carrera literaria, quizá no estemos tan lejos de la retirada de estos grandes escritores, lo cuál siempre me embarga con un poco de pena; prefiero quedarme con el mensaje que nos envía, para acabar la correspondencia Coetzee: “El mundo sigue enviándonos sorpresas. Y nosotros seguimos aprendiendo.” -
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Jan 16, 2013 |
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- La abadesa de Crewe (6)
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By Muriel Spark -
Finished in Dec 2012 




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Me permitiréis recurrir al cliché, pero es cierto que se han escrito “ríos de tinta” sobre Richard Nixon y su mandato en Estados Unidos. La literatura no fue menos, y tuvo distintas manifestaciones.
Por ejemplo, tenemos el ... (continue ) Publicado en http://lecturaylocura.com/la-abadesa-de-crewe-de-muriel…
Me permitiréis recurrir al cliché, pero es cierto que se han escrito “ríos de tinta” sobre Richard Nixon y su mandato en Estados Unidos. La literatura no fue menos, y tuvo distintas manifestaciones.
Por ejemplo, tenemos el caso de Philip Roth que en su libro “Nuestra pandilla”(1972) modeló como una sátira despiadada del gobierno de Richard Nixon y de toda su “pandilla” o políticos y otras figuras que estaban al lado de él en esa época. Roth escogió la sátira explícita y no escondía las verdaderas identidades de la época: el periodismo ( hay periodistas con nombres tan gráficos como lameculos, osado, cójame-en-contradicción, cacho-bruto), el FBI (“Es lo que decimos los del FBI: no me hagas preguntas y no te contaré mentiras”), el propio pueblo americano (“nunca he perdido mi fe en la maravillosa indiferencia del pueblo norteamericano“), McCarthy, que lo llama McCatastrophy y, cómo no, a Nixon (Tricky Dixon en el libro) con perlas como “Nadie en este país supera mi deseo de PARECER religioso”. Una forma que, sobre el mismo fondo, nos sugiere momentos de felicidad total en un libro más que recomendable a pesar de que se refiere muy explícitamente a una época de la historia norteamericana.
Muriel Spark escribió “La abadesa de Crewe” en 1974, habían pasado ya dos años después del escándalo que supuso el famoso “Watergate” en el que Richard Nixon no salió indemne y tuvo que dimitir; el único presidente norteamericano que lo ha hecho hasta ahora, debido a las escuchas ilegales que hacía en los pasillos de la Casa Blanca.
Spark decide, sobre esta base, reflejar estos hechos, y para ello elige la ironía, sin ser explícita en cuanto a los personajes, pero con reminiscencias evidentes que nos hacen recordar el caso en cuestión: “Me atrevo a decir que en esta hora triste ha llegado para Inglaterra la decadencia. ¡Toda esa polvareda pública, que no ha hecho más que aumentar de mes en mes, por un dedal de plata! Jamás habría estallado en Estados Unidos un escándalo semejante. Allí hay sentido de la medida y se comprende la naturaleza humana; es el secreto de su éxito. Una raza realista, aunque no tenga ni idea de cómo se comen los espárragos”.
Todo el libro es una parodia del caso Watergate, no en vano pone escuchas a lo largo del convento que son oídas y grabadas: “Arriba, lejos de ellos, las grabadoras de la sala de control, activadas por sus voces, continúan dando vueltas. Hay tantos oídos en las paredes de la Casa que ni Mildred ni Walburga, al contrario que en el momento de su instalación, cuentan con ello. Es como saber, porque siempre te lo han dicho, que te contempla el ojo de Dios, lo cual, por significarlo todo, no significa nada.”
Tenemos nuevamente a la escritora inglesa en estado de gracia, ya hablé de dos de sus grandes momentos por aquí, destilando humor negro e ironía raudales y no dejando títere sin cabeza, como el propio Roth hacía en su obra, al hablar del periodismo y la función que lleva a cabo: “-Lo tergiversarán –dice la abadesa-. Eso es lo que necesitamos ahora, hermanas una tergiversación. Estamos abandonando el ámbito de la historia para entrar en el ámbito de la mitología. La mitología no es otra cosa que la historia tergiversada, igual que la historia es una tergiversación de la mitología; a eso se reduce la historia de la humanidad. ¿Quiénes somos nosotras para alterar la naturaleza de las cosas? En lo referente a nuestro caso, mis queridas hermanas, buscar la verdad sería como buscar los miembros, los dedos y las uñas perdidas de un cadáver desmembrado en un accidente aéreo.”
Qué brillante novela de una Spark divertidísima y negra como la vida misma, siempre innovando, siempre intentando dar con lo que mueve y martiriza la sociedad. Dos maneras de utilizarlo, la de ella y la de Roth, mismo material, diferentes formas estilísticas, con el mismo resultado paródico. -
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Jan 4, 2013 |
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The Teleportation Accident
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The Teleportation AccidentNo hace mucho estaba hablando de la ópera prima de Ned Beauman “Boxer, Beetle” ; en su reseña me despachaba a gusto con todas sus virtudes; de ahí que me decidiera a ponerme con su segunda obra, “The telepo ... (continue)
Publicado en http://lecturaylocura.com/the-teleportation-accident/
The Teleportation AccidentNo hace mucho estaba hablando de la ópera prima de Ned Beauman “Boxer, Beetle” ; en su reseña me despachaba a gusto con todas sus virtudes; de ahí que me decidiera a ponerme con su segunda obra, “The teleportation accident” que, además, ganaba el Golden Sark para el imprescindible lector Jónatan Sark en sus premios del año pasado. La descripción de la solapa, y la propia portada, me cautivaron:
“From de author of the acclaimed Boxer, Beetle comes a historical novel that doesn’t know what year it is; a noir novel that turns all the lights on; a romance novel that arrives drunk to dinner; a science fiction novel that can’t remember what isotope means; a stunningly inventive, exceptionally funny, dangerously unsteady and (largely) coherent novel about sex, violence, space, time, and how the best way to deal with history is to ignore it.”
En esta obra, Beauman parte de una base histórica (Berlin, 1931) y utiliza a uno de esos personajes inolvidables por lo enervantes que resultan, Egon Loeser (no puede ser casualidad que su nombre se derive de “Ego” y “Loser”). Es un perdedor obsesionado por dos temas: el científico Lavicini, al cual intenta replicar en su experimento de teleportación con efecto, más bien adversos en alguno de sus compañeros:
“Whatever the truth, that was Lavicini’s Teleportation Accident. As for Loeser’s Teleportation Accident, that wasn’t nearly so bad. Nobody died. The Allien Theatre was not rended apart. Klugweil just dislocated a couple or arms.”
Y, ¡cómo no!, por el sexo, o más bien su falta de él:
“The fact that you are so neurotic about your past lovers makes it both fortunate and predictable that you have so few of them. It’s one of those elegant self-regulating systems that one so often finds in nature.” “I can’t lose this break-up. We’ve all seen what happens to the defeated.” “You didn’t even like her.” “I know. But at least she had sex with me. And it was really good. When am I ever going to have sex with anyone again?” I mean, without paying. Honestly- when? Sometimes I wish I was queer like you. I’ve never seen you worry about all this. Upon how many lucky pilgrims have you bestowed your blessing this year?”
Lo que empieza como una comedia adolescente en el tiempo se va transformando en relatos de distintos géneros, que van desde el simple relato histórico hasta lo noir, pasando por la ciencia ficción; mezcla de géneros que es marca de la casa, y que, como ya he comentado en alguna otra ocasión, deviene en una narración caracterizada por su ingenio, multirreferencialidad y capacidad de innovación; reforzando su carácter metaficcional. Sólo tenemos que comprobar, en palabras del protagonista, su opinión por la historia:
“History is a sort of fantasy, and Fantasy softens the blow.”
En esta ficción, no puedo negar que me ganó definitivamente en el momento en que encuentra una carta de Lavicini a Nicolas Sauvage para entrar en los terrenos del terror y la ciencia ficción: “Nicolas, my dear friend, mark this: if you persist in your intention to conquer those… dark lower depths, then you will soon find yourself entombed in them. I know it is your proud belief that man should be free to make these –I haven’t been able to work out quite what this next phrase means- unprecedented travels? (ese aviso en la intención de conquistar aquellas bajas y oscuros abismos en los que te puedes sentir como enclaustrado en una tumba, esos viajes sin precedentes, no creo que sea el único que pensó en Lovecraft y sus terrores primigenios y primordiales).
Sensación que se vio corroborada en la segunda parte “Ten pins in a map” ambientada en Los Ángeles gracias al librero Blimk: “Blimk held up a magazine. It was called Astounding Stories, and on the cover was a lurid painting of a big green blob with lots of eyes and tentacles chasing two explorers through an icy cave, above a banner advertising a serial called “At the mountains of Madness” by H. P. Lovecraft.”
“Who’s H.P.Lovecraft?” “Fella from Rhode Island. Writes stories about monsters from other dimensions. Cults. Human sacrifice. Alien Gods. They’re pretty good.”
De ahí hasta el final todo es posible, viajes en el tiempo y en el espacio, asesinos en serie, amor y… como colofón, una cuarta parte llamada “Zeitgeisterbahnhöfe (four endings)” donde se suceden cuatro conclusiones:
En uno de los finales, el de Washington de 1947 Loeser acabará diciendo sobre la historia…
“THE CHIEF INVESTIGATOR: So what you’re contending, Mr Loeser, is that history is a nightmare from which you are trying to awake?
MR LOESER: No. History is an alarm clock I want to throw through the window”
Por si aún no nos había quedado claro que la historia es un simple pretexto para construir su ficción.
Los otros finales, bastante sorprendentes, sobre todo el último, los dejo para quien se atreva a leer esta pequeña maravilla de novela contemporánea que aún no está disponible en castellano, sólo es posible leerla en su lengua original; yo creo que, si hay que hacer el esfuerzo, mejor hacerlo con esta. No exagero al considerar que, con lo buena que era su ópera prima, posiblemente esta sea aún mejor. Habrá que esperar la siguiente, el listón se ha puesto muy alto, esperemos que se supere aún más.