-
crecimiento
-
-
-
- Mujeres que corren con los lobos (88)
-
By Clarissa Pinkola Estes -
Finished on Oct 6, 2010 




-
-
-
-
- Conversaciones Con Dios/Conversations With God (22)
- (Best Seller)
-
By Neale Donald Walsch -
Finished on Jul 28, 2010
-
-
- Somos diosas
-
- Somos diosas (1)
-
By Lucila Romero -
Finished on Jul 25, 2010 




-
-
-
- Los jardines secretos (2)
-
By Georges Escribano, Josep López -
Finished on Jul 14, 2010 




-
-
-
-
- Chantaje Emocional (5)
-
By Susan Forward -
Finished on May 14, 2010 




-
-
- LA HORA SIN DIOSAS
-
- LA HORA SIN DIOSAS (2)
-
By Beatriz Rivas -
Finished on May 17, 2010 




-
-
-
- Ya no seas codependiente (2)
-
By Melody Beattie -
Finished on May 3, 2010 




-
-
-
-
- EL CAMINO DE LA AUTODEPENDENCIA (83)
-
By Jorge Bucay -
Finished on Apr 8, 2010 




-
-
-
-
- La aventura de ser pareja (3)
-
By Fernando Coddou -
Finished on Feb 2, 2010 




-
EL CAMINO DE LA AUTODEPENDENCIA
***This comment contains spoilers! ***
La palabra imbécil la heredamos de los griegos (im: con, báculo: bastón), quienes la usaban para llamar a aquellos que vivían apoyándose sobre los demás, los que dependían de alguien para poder caminar.continue)
Pero aquellos adultos sanos que sigan eligiendo depender de otros se volverán, con el tiempo, imb ... (
La palabra imbécil la heredamos de los griegos (im: con, báculo: bastón), quienes la usaban para llamar a aquellos que vivían apoyándose sobre los demás, los que dependían de alguien para poder caminar.
Pero aquellos adultos sanos que sigan eligiendo depender de otros se volverán, con el tiempo, imbéciles sin retorno.
Los imbéciles afectivos son aquellos que dependen todo el tiempo de que alguien les diga que los quiere, que los ama, que son lindos, que son buenos.
Un imbécil afectivo está permanentemente a la búsqueda de otro que le repita que nunca, nunca, nunca lo va a dejar de querer. Todos sentimos el deseo normal de ser queridos por la persona que amamos, pero otra cosa es vivir para confirmarlo.
Un codependiente es un individuo que padece una enfermedad similar a cualquier adicción, diferenciada sólo por el hecho (en realidad menor) de que su “droga” es un determinado tipo de personas o una persona en particular.
Exactamente igual que cualquier otro síndrome adictivo, el codependiente es portador de una personalidad proclive a las adicciones y puede, llegado el caso, realizar actos casi (o francamente) irracionales para proveerse “la droga”. Y como sucede con la mayoría de las adicciones, si se viera bruscamente privado de ella podría caer en un cuadro, a veces gravísimo, de abstinencia.
La codependencia es el grado superlativo de la dependencia enfermiza. La adicción queda escondida detrás de la valoración amorosa y la conducta dependiente se incrusta en la personalidad como la idea: “No puedo vivir sin vos”.
La verdad es que siempre puedo vivir sin el otro, siempre, y hay dos personas que deberían saberlo: yo y el otro. Me parece horrible que alguien piense que yo no puedo vivir sin él y crea que si decide irse me muero... Me aterra la idea de convivir con alguien que crea que soy imprescindible en su vida.
Estos pensamientos son siempre de una manipulación y una exigencia siniestras.
El amor siempre es positivo y maravilloso, nunca es negativo, pero puede ser la excusa que yo utilizo para volverme adicto.
Por eso suelo decir que el codependiente no ama; él necesita, él reclama, él depende, pero no ama.
Claro, a todos nos gustaría evitar la odiosa frustración de no ser queridos. A veces, para lograrlo, nos volvemos neuróticamente manipuladores: Manejo la situación para poder engañarme y creer que me seguís queriendo, que seguís siendo mi punto de apoyo, mi bastón.
Y empiezo a descender. Me voy metiendo en un pozo cada vez más oscuro buscando la iluminación del encuentro.
El primer peldaño es intentar transformarme en una necesidad para vos.
Me vuelvo tu proveedor selectivo: te doy todo lo que quieras, trato de complacerte, me pongo a tu disposición para cualquier cosa que necesites, intento que dependas de mí. Trato de generar una relación adictiva, reemplazo mi deseo de ser querido por el de ser necesitado. Porque ser necesitado se parece tanto a veces a ser querido... Si me necesitás, me llamás, me pedís, me delegás tus cosas y hasta puedo creer que me estás queriendo.
Pero a veces, a pesar de todo lo que hago para que me necesites,
vos no parecés necesitarme. ¿Qué hago? Bajo un escalón más.
Intento que me tengas lástima...
Porque la lástima también se parece un poco a ser querido...
Así, si me hago la víctima (Yo que te quiero tanto... y vos que no me querés...), quizás...
Este camino se transita demasiado frecuentemente. De hecho,
de alguna manera todos hemos pasado por este jueguito. Quizá no tan insistentemente como para dar lástima, pero quién no dijo:
“¡Cómo me hacés esto a mí!”
“Yo no esperaba esto de vos, estoy tan defraudado... estoy tan dolorido...”
“No me importa si vos no me querés... yo sí te quiero”.
Pero la bajada continúa...
¿Y si no consigo que te apiades de mí? ¿Qué hago? ¿Soporto tu indiferencia?...
¡Jamás!
Si llegué hasta aquí, por lo menos voy a tratar de conseguir que me odies.
A veces uno se saltea alguna etapa... baja dos escalones al mismo tiempo y salta de la búsqueda de volverse necesario directamente al odio, sin solución de continuidad. Porque, en verdad, lo que no soporta es la indiferencia.
Y sucede que uno se topa con gente mala, tan mala que...¡ni
siquiera quiere odiarnos! Qué malas personas, ¿verdad?
Quiero que aunque sea me odies y no lo consigo.
Entonces... Estoy casi en el fondo del pozo. ¿Qué hago?
Dado que dependo de vos y de tu mirada, haría cualquier cosa para no tener que soportar tu indiferencia. Y muchas veces bajo el último peldaño para poder tenerte pendiente:
Trato de que me tengas miedo.
Miedo de lo que puedo llegar a hacer o hacerme (fantaseando dejarte culpable y pensándome...)
Cuando uno toma decisiones para hacer cosas con el otro, cosas importantes como hacer el amor, o no importantes como caminar por una plaza, o quizás tan importantes como caminar por una plaza o no tan importantes como hacer el amor, tiene que darse cuenta que son decisiones voluntarias, tomadas para hacer al lado del otro, pero no “por” el otro, sino “con” el otro.
Es importante empezar a darnos cuenta que nuestra relación con el mundo, con los demás, con el prójimo, en realidad es hacer cosas “con” los otros.
Y que este “con el otro” es autónomo, que depende de nuestra libre decisión de hacerlo.
Que no hago cosas por vos y que por eso no me debés nada.
Que no hacés cosas por mí y por eso no te debo nada.
Que, en todo caso, hacemos cosas juntos.
Y estamos alegres por eso.
Aprender a caminar juntos será un nuevo desafío, el del camino que sigue: El camino del Encuentro.
Entonces no me quedaré dependiendo de vos y no trataré de que dependas de mí.
Dejaré de transitar este espacio de intentar que me temas.
Detestaré la necesidad de que me odies.
Cancelaré la postura de víctima, para que nunca me tengas lástima.
Y no intentaré más que me necesites.
Me conformaré con que me quieras o no.
Y en todo caso, si vos no me querés, no te angusties por mí, siempre habrá alguien capaz de quererme.