El pájaro espino
by Colleen McCullough
(*)(*)(*)(*)(*)(1,588)

All Reviews

11 + 208 in other languages
MoonlightMoonlight wrote a review
00
(*)(*)(*)(*)(*)
Spoiler Alert
Australia a principios del s. XX. Una gran extensión, Drogueda, es el principal escenario de la historia. La dueña de esta tierra, Mary Carson, será el enlace entre los dos protagonistas que da sentido a la trama. El padre Ralph de Bricassart es un joven sacerdote de 28 años que desea, ante todo, alcanzar un alto puesto en la jerarquía vaticana, cargo que, además, cree merecer por derecho propio. Meggie es la hija pequeña del matrimonio Cleary, perteneciente a una familia donde el amor le fue negado excepto por su querido hermano Frank, es una niña endurecida y seria, con una gran capacidad para soportar toda clase de dolor. La diferencia de edad entre Ralph y Meggie es abrumadora, 18 años. Aún así, nada más verla, Ralph siente una afinidad hacia la muchacha, como un vínculo de cariño y ternura. Un vínculo que, con el paso del tiempo, irá profundizándose cada vez más hasta límites dolorosos.

Meggie vivía hasta los 10 años en Nueva Zelanda, su madre, Fee, es una mujer fría perteneciente a la alta burguesía hasta que una desgracia la llevó a la más pobre de las situaciones: se casó con un esquilador, Paddy. Sin embargo, hasta más tarde no se saben los detalles de su juventud. Su amor es concentrado en el hijo mayor, Frank. Frank es un joven de 15 años que se dedica a la herrería y desea, ante todo, huir de su familia para escapar de la situación en la que se encuentra, sueña con un futuro mejor.

El libro comienza desde que Meggie tiene 4 años, para poder percibir su infancia infeliz y desdichada. Una familia fría e indiferente y la dura educación recibida por las monjas, junto a su propio carácter introvertido y estoico, contribuyen a endurecer su forma de ser. Un día, por sorpresa, Paddy recibe una carta de su hermana mayor, Mary Carson, a la que no había visto desde hacía 50 años. Su hermana necesita un heredero para su gran finca ovejera en Australia, le ofrece trabajo y protección. Paddy no se lo piensa dos veces y se prepara para marchar a Drogueda.

En la estación del pueblo cercano, Gilly, la familia es recibida por el padre Ralph, el primer momento en que las miradas de Meggie y el sacerdote se cruzan y el comienzo de la trágica historia que envolverá a tres generaciones.

Hay varios momentos en los el padre Ralph, debido a la gran diferencia de edad y su condición de sacerdote, trata de borrar las esperanzas románticas de Meggie. Se puede decir que estas son las escenas "románticas" de la historia, pues son bien escasas. A pesar de insistir en lo imposible de su relación, él mismo cae en sus propias redes, se rinde a Meggie en una maravillosa escena, y la única. La separación es durísima y definitiva, no hay marcha atrás y no hay esperanza posible para ellos.

Pero esto ocurre más adelante, Meggie está cada vez más enamorada de Ralph, con él descubre su femineidad que era tema tabú en esa época, con él descubre sus sentimientos, pero con él también conoce el rechazo y la negación.

Mary Carson intuye este enlace desde el principio, es una vieja sola y amargada que se siente atraída por el atractivo sacerdote, siente celos de la pequeña y su acción será el principal detonante de la desgracia: antes de morir, deja en manos de Ralph el destino de Drogueda y sus habitantes. Gracias a ello, consigue despegar en su ascenso en la Iglesia. Sin embargo, el precio que pagará por ello será muy alto, aunque él no sabe hasta qué punto…

Desde la marcha de Ralph, Meggie está cada vez más sola, Frank, la única luz en su gris existencia, se había marchado para lograr un futuro mejor, y su otro punto de apoyo, Ralph, también la abandona. A la madre le afecta profundamente la huida de Frank, su hijo pródigo, aunque no lo deja traslucir. Empieza a encerrarse cada vez más en sí misma, y Stuart, uno de sus hijos, comienza a cuidar de su ella.

Pasan los años, pues el libro abarca desde finales de la Primera Guerra Mundial hasta más allá de la segunda. Acudimos a la depresión económica de los años 30 y la sequía que arrasa los prados de Australia. Presenciamos la Segunda Guerra Mundial a través de los gemelos, hijos de Paddy, en el norte de África y la selva asiática. Vemos madurar y sufrir a los protagonistas, a miles de kilómetros de distancia, aunque ni el tiempo ni el espacio logran que el uno olvide al otro.

Meggie conoce a Luke, un ganadero errante que se gana la vida con trabajos temporales. Por despecho y celos, se casa con él. Ya que no puede estar con su amor, al menos desea tener hijos. Pero Luke lo único que quiere es su dinero, y no duda en ponerla a trabajar y alejarse de ella para darse “la buena vida”.

Meggie tiene dos hijos: la mayor Justine, un ser frío e indiferente, sería actriz de teatro y el pequeño, Dane, compasivo y amable, tendría vocación de sacerdote. En torno a este último se inicia otra desgracia, cuyas consecuencias se extienden a todos los personajes. Ambos son muy importantes en la trama y, en definitiva, en el final. Sentí el dolor de Meggie por la condena de amar a un hombre casado con la Iglesia, y su dolor es aún mayor cuando descubre la vocación de su hijo. Sin embargo, Meggie tiene unas espaldas para aguantar de todo y deja el camino libre a su hijo para cumplir su sueño.

El libro se divide en varias partes con señas de los años que abarca cada una y con el nombre de uno de los personajes: Meggie, Ralph, Luke, Fee, Justine... mostrando de alguna manera el protagonista de esa etapa de la novela.

No es que haya muchas escenas románticas en este libro pero, sin embargo, el amor está presente en cada página, como intuyéndose entre líneas, detrás de cada frase de los protagonistas imaginas el verdadero significado de sus palabras. La autora explota el monólogo interior, vemos los pensamientos de cada personaje con una gran claridad, conocemos sus dudas, sus conflictos internos, sus angustias, su dolor… es la mejor forma de saber de ellos, pues hablan muy poco sobre sus sentimientos, sin embargo, son abrumadores cuando les oyes hablar sobre ellos.

En el caso de Ralph, vemos la agonía de descubrir el amor hacia Meggie que, en un principio lo confundió con ternura y compasión. Cuando su "niña" va madurando, él se aleja cada vez más, hasta llegar a un momento en el que él se quita la venda de los ojos y descubre la verdad. En ese momento te sorprendes de la importancia de la diferencia de edad entre los protagonistas, de alguna forma, él ha estado moldeándola a su manera y el descubrimiento le deja aturdido y culpable, sumiéndole en un profundo dolor.

Por parte de Meggie, vemos la negación y el verse rechazada por Ralph, lo que da paso a la amargura y el despecho, cada vez le odia un poco más hasta que finalmente explota y le dice unas cuantas verdades a la cara. Ese momento me encantó, por fin la hierética Meggie se libera y suelta todo lo que la carcomía. Vemos su condena como propia, sus sentimientos nos hieren y nos sorprendemos de su gran capacidad de sacrificio.

Su amor es la historia principal, pero de esta columnna se extienden otras ramas que son las subtramas de la familia. Se puede decir que es una saga familiar, ya que abarca desde la juventud de Fee en escenas retrospectivas hasta la madurez de los hijos de Meggie. Todos cobran importancia a su manera y cada uno aporta un poco a la historia. Poco a poco, Fee y Meggie se complementan y te das cuenta de que se parecen mucho más de lo que pensabas. Esto me sorprendió muchísimo. Cuando, finalmente Fee se abre y descubres todos sus secretos y sus parecidos con Meggie.

Mientras, Ralph consigue ascender cada vez un poco más, sin embargo, se convierte en un ser cada vez más atormentado, lo que no escapa a los ojos del cardenal amigo suyo. De alguna manera, te regocija saber que está sufriendo, pero por otra también le compadeces.

En muchos momentos he esperado que el padre Ralph rompiese con todas las barreras y volviese junto a Meggie para vivir su amor, pero en ningún momento eso ocurre. Este libro no es una historia feliz de un amor idílico, es una tragedia de amor que, a pesar de los deseos y las luchas, los sueños no se cumplen, es una batalla perdida de antemano, pero aún así, no pueden evitar enfrentarse a su destino, como la leyenda del pájaro espino. Por una parte Ralph es ambicioso, quiere subir y llegar a lo más alto en el Vaticano, por otra tiene verdadera devoción a Dios que, es lo único que no le perdono, supera el enorme amor hacia Meggie. Meggie lo único que desea es que Ralph le corresponda, aunque, al igual que él, sabe que es imposible.

El título me parece muy acertado, es una historia muy hermosa sobre los conflictos internos como el amor, la amargura, el odio, la culpa, el despecho, el tormento y, finalmente, la conformidad. Los protagonistas saben que con su situación, las cosas sólo pueden empeorar, pero no pueden resistirse a su destino, no son capaces de evitar la tragedia. Conocen el fin de toda la historia pero aún así, cometen los más garrafales errores, que pagan muy alto, cada uno a su manera.

De esta autora he leído ya El desafío, libro que me gustó tanto o más que éste. El pájaro espino es uno de los libros más intensos, profundos y completos que he tenido la suerte de leer. No he visto la serie de televisión que se hizo a raíz del gran éxito que tuvo el libro en su época, por lo que no puedo comparar. Es una historia que llega al corazón, sufres con los protagonistas, te enfadas con ellos, los odias en algunos momentos y en otros te dan ganas de aplaudirles y, la mayoría de las veces, les compadeces. Me encantan las historias intensas, que te influyan de manera determinante, donde, además de las palabras, los sentimientos inunden las páginas. Muchos no son sentimientos hermosos, pero al fin y al cabo es una historia de amor. Es un libro que no olvidaré nunca, aunque sólo sea por el aire trágico de la historia. No todos los sueños, las fantasías se cumplen, y este es un claro ejemplo de ello. Aquí hay sobre todo sufrimiento, negación y dolor, y también mucho amor, pero lo que no se puede, no se puede, y además es imposible.
ooooiivviiooooooooiivviioooo wrote a review
00
(*)(*)(*)( )( )