La caverna
by José Saramago
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Una pequeña alfarería, un centro comercial gigantesco. Un mundo en rápido proceso de extinción, otro que crece y se multiplica como un juego de espejos donde no parece haber límites para la ilusión engañosa. Todos los días se extinguen especies animales y vegetales, todos los días hay profesiones qu... More

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MariféMarifé wrote a review
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Javier LaraJavier Lara wrote a review
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Cualquier parecido con el mito platónico es mera coincidencia
En el año 2000, poco tiempo después de haber recibido el Premio Nobel de Literatura, José Saramago sacó a la luz la novela donde dejaría plasmada su visión de la sociedad actual, utilizando como premisa principal el mito platónico al que la obra debe su título: La caverna.

Saramago nos presenta la historia de una familia de artesanos que fabrica objetos de barro. Un día se dan cuenta de que su trabajo ha dejado de ser necesario para el mundo. El pequeño negocio de la familia corre peligro debido a la creación de un gran centro comercial. El protagonista, un viejo alfarero de nombre Cipriano Algor no se explica cómo las industrias de cerámica con sus maquinas pueden sustituir a sus barros amasados, por lo que debe adaptarse a la nueva realidad en la que se encuentra inmerso, en donde reina la desesperación por no saber la forma en que puede volver a ser útil para una sociedad que no le da valor a lo que hace.

Aparentemente la novela es una crítica a la sociedad consumista que el autor hace valiéndose de una historia simple y de unos pocos personajes con los que el lector logrará una gran empatía gracias a la estructura que Saramago logra darles con su experiencia y singular enfoque realista.

Sin embargo lo anterior es una interpretación simplista de la obra que tiene bastante para el análisis, en el que destaca la reflexión que el autor hace sobre el sistema y de la realidad misma.

Vivimos en un mundo deshumanizado y dominado por un sistema que ha hecho perder la identidad al ser humano y lo ha convertido en algo desechable, en un objeto. Para el sistema, eres o no eres necesario y siempre fácilmente sustituible; Saramago así nos lo hace saber en esta novela.

Hablando de lo cual, leer La caverna puede tornarse complejo y confuso debido al particular estilo que utiliza el autor, como la ausencia de guiones, signos de interrogación y exclamación; obteniendo a cambio, diálogos separados con comas y oraciones largas que dan forma a párrafos extensos que pueden frustrar al lector en un principio, aunque al paso de las páginas resulte sencillo adaptarse al estilo y prosa únicos de Saramago.

De igual forma debemos contextualizar a La caverna para no caer en el error de exigirle lo que nunca pretende darnos, es decir, en ningún momento Saramago intenta ir más allá de lo que plantea en un principio, no crea falsas expectativas en el lector amenazando con giros en la trama, ni creando situaciones que traten de darle un sentido atrapante al relato.

Lo cual me lleva a señalar en dónde se encuentra el verdadero valor de esta obra. Si bien estamos ante una historia simple y predecible, la narrativa y las constantes pausas en la trama que hace el autor para sus meditaciones y reflexiones sobre diversos temas como la vejez, los momentos, el amor y el tiempo, dejan una satisfacción y una idea de que lo que se ha leído ha valido la pena. Y es que Saramago lo hace en repetidas veces, utiliza circunstancias entre los personajes y las toma como punto de partida para analizar situaciones de la cotidianidad con las que es muy difícil no sentirse identificado.

No obstante, Saramago comete el error de extenderse demasiado en detalles que si pueden ser indiferentes al lector, como el proceso de elaboración de los objetos de barro. Quizá sea un mal necesario de la narración, pero llega un momento en el que es complicado no desilusionarse por sentir que la historia se queda estancada en esos largos párrafos en los que el autor nos explica con lujo de detalle cómo el alfarero hacía sus figurillas de barro.

A pesar de eso, el trabajo de Saramago termina siendo lucido y coherente. Logra una novela convincente que nos muestra una realidad a la que permanecemos indolentes, lo hace sin sobresaltos ni cayendo en exageraciones, va navegando tranquila y al final encuentra tierra firme y un muy digno desenlace.

Así, con un viejo alfarero como hilo conductor, José Saramago expone a una sociedad que vive viendo sombras, que aprende a vivir en lo banal, en los centros comerciales y que se niega a conocer otra realidad que la que está ante sus ojos. Cualquier parecido con el mito platónico, es mera coincidencia.
TurpentineTurpentine wrote a review
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Alegoría de la caverna.
Saramago, es un platónico.
Banquete a la tropaBanquete a la tropa wrote a review
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El hombre que conduce la camioneta se llama Cipriano...
Para quien haya leído anteriores libros de Saramago, 'La caverna' no supondrá ninguna sorpresa. Saramago no ha rebajado calidad literaria por la concesión del Nobel, sigue teniendo una gran fuerza metafórica (yo diría más bien que construye parábolas que bien podían entroncar con aquellas con las que Cristo explicaba a sus discípulos sus teorías, aparte de soler utilizar ejemplos y fábulas de aparente sencillez), su escritura tiene una gran
fluidez y expresividad, y a mí al menos me encantan sus digresiones, en este caso casi protocomunistas (¿vale decir este palabro?), pero sin avergonzarse de ello. 'La caverna', al contrario de otros títulos de Saramago, tiene más fuerza al final (de hecho, su frase final es casi memorable y justifica de
por sí la lectura del libro) que al principio. Otras novelas de Saramago, 'La balsa de piedra', o el 'Ensayo sobre la ceguera', apabullan con la fuerza de su fábula desde el principio, pero luego han de mantener una gran tensión y eso es muy dificil (aunque en 'la ceguera' se consigue, lo que la convierte en una de las mejores novelas de los últimos años en mi opinión).
La historia en este caso es la de un padre viudo, que vive con su hija y un yerno (que esperan un niño), al que un buen día el centro comercial con el que tiene contrato en exclusiva, le informa de que van a dejar de comprar los productos que fabrica en su alfarería, por lo que se deciden a fabricar muñequitos de loza para venderlos como adorno antes de ir a vivir en el
centro comercial, que tiene viviendas y apartamentos y poco a poco consigue hacerse más grande que la ciudad.