En 1972 Fernando Arrabal publicó en París esta carta con el meritorio objetivo de que llegase a su destinatario: el dictador Francisco Franco. En la misiva, el dramaturgo se dolía del arresto y posterior desaparición de su padre, teniente de la República durante la guerra civil y huésped de los manicomios franquistas durante la inmediata posguerra. Huelga decir que la carta fue demonizada y perseguida por el régimen. No fue hasta 1978, tres años después de la muerte del caudillo, cuando se publicó en España.