Las fábulas invernales son las historias que merece la pena recordar, los relatos que dan calor en los meses del frío y refrescan en verano; tan necesarios como el fuego, más reveladores que la propia realidad. Para Jonás Angélico, desterrado en la isla de Bellamar, constituorán la salvación: fabulará para los nativos algunas de sus aventuras como Observador de Artes y Menesteres de la ciudad de Focaris: la intrigas de Maracaldo, donde todo es teatro; las vicisitudes de la Virginátrix, condenada a una casta inmortalidad; el retrato del Lacardo, el mostruoso director de la Escuela de Canto, y el de Data la Mariposa y el Circo de la Luces... Como si de cajas chinas se tratara, cada historia encaja dentro de otra para componer una visión completa de un mundo fantástico, de asombroso orgien, poblado por seres humanos y una civilización vampírica, grifos, sirenas, mantícoras...